17 sept 2016

El conde de Campomanes duerme en el olvido popular

Publicado en La Nueva España el 16 de septiembre de 2016

Todos los días paso al lado de la estatua de Campomanes situada en el llamado parque de Cabanín (Tineo), que de parque no tiene nada. La escultura, realizada por Santarúa, el escultor candasín, es de grandes dimensiones y representa al conde de Campomanes escribiendo sentado. La pluma “desapareció” hace tiempo por obra y gracia de algún desaprensivo. Otra similar,  de Amado González Hevia "Favila", está ubicada en El Campillín (Oviedo).


La inmensa mayoría de las personas saben que Jovellanos era de Gijón pero ¿qué el conde de Campomanes nació en Sorriba, pueblo del concejo de Tineo? Me parece que no tantos.

Pedro Rodríguez Campomanes nació un 1 de julio de 1723 y es, sin duda, un gran personaje de la Historia, no de Tineo, sino de España. Pues con todas y con esa, es un gran desconocido para propios y extraños.

Con esto no quiero decir que en el ámbito académico no se le haya prestado atención, yo me refiero al conocimiento de su figura por parte de la población, a imagen y semejanza del citado Jovellanos.

Su pueblo natal, Sorriba, contaba según datos de Pascual Madoz a mediados del siglo XIX con 50 vecinos, 203 almas; en la actualidad tiene 34 vecinos, diecinueve mujeres y quince hombres.

La vinculación de Campomanes con su pueblo fue muy escasa. A los siete años dejó Sorriba para dirigirse a Santillana del Mar, dónde su tío era canónigo en la Colegiata y allí realizó estudios. Tal vez, esta circunstancia unida a que no quedan restos de su casa natal provocó ese desapego hacia su figura y obra.

En el concejo de Tineo la Casa de Cultura de la villa lleva su nombre, una asociación también, en su pueblo natal una pequeña exposición permanente y una placa nos lo recuerda. De vez en cuando un concurso infantil o similar lo rememora y ahí se acaba todo.
Campomanes no es profeta en su tierra.

Los cargos públicos que desempeñó, la cantidad de libros e informes que escribió apabullan. Fue un hombre prolífico, un erudito y un reformador. Un breve acercamiento a su biografía demuestra su relevancia a nivel nacional e incluso la influencia que ejerció fuera de España.

No voy a pormenorizar su vida y obra, pero sí quiero destacar que fue el motor de cambios importantes. Afrontó transformaciones en la administración de la justicia; en correos, regulando el flujo con las Indias; decretó el libre comercio de cereales y comercio libre con América; inició el proceso de la ley agraria; reorganizó los planes de estudio de las universidades; participó en la fundación del Banco Nacional de San Carlos (antecedente del Banco de España); redactó el fuero de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía y fue el máximo impulsor de las Sociedades de Amigos del País.

Campomanes fue un reformador, no un revolucionario. Nunca entró dentro de sus planes alterar la sociedad estamental en la que vivía. Sus pretensiones estuvieron encaminadas a fortalecer el poder real y con tal fin quiso mejorar España.

Fue su regalismo el que le llevó a enfrentarse con la Iglesia. Así intentó limitar los bienes de la Iglesia y en 1767 expulsó a los jesuitas de España, ya que se les consideró responsables del denominado motín de Esquilache.

Estos hechos seguro que no le granjearon mucha simpatía en la Iglesia y quién sabe, tal vez se la guardaron. No creo que tuvieran mucho interés en que su figura pasase a la Historia como el gran reformador que fue. Es más, hay quien afirmó que Campomanes pretendió seguir la carrera eclesiástica, incluso que lo intentó con los jesuitas y que fue rechazado, de ahí la persecución hacia estos.

Por su parte la liberalización del comercio tampoco le sirvió para hacer amigos, todo lo contrario. Asimismo, propugnó la abolición de los privilegios de la Mesta pues los consideraba un anacronismo y un obstáculo al desarrollo agrario.

Quién sabe si tanto enemigo le pasó factura.

Jovellanos, por tantos y buenos motivos recordado, estaba en una línea política muy parecida a la de Campomanes, ambos eran ilustrados.

Hay quienes han visto algunas divergencias entre estos ilustres asturianos. Así Martínez Roda, historiador y jurista, manifiesta que el gijonés era más moderado que el de Sorriba en lo que afectaba a la Ley Agraria. Así recoge un párrafo de Jovellanos en el Informe sobre el expediente de la Ley Agraria (1795): “Sea lo que fuere de las antiguas instituciones, el clero goza ciertamente de su propiedad con títulos justos y legítimos, y no puede mirar sin aflicción los designios dirigidos a violar sus derechos”.

Prieto Bances, al hablar de la posición de nuestros ilustrados manifiesta sus divergencias, la de Campomanes y Jovellanos, en cuanto a la cuestión de los arrendamientos. Así, para Prieto Bances “el liberalismo de Jovellanos pone a las dos partes contratantes propietario y arrendatario, en un plan de igualdad, no advierte que una parte es más débil que la otra, y que la caridad manda proteger al débil”. “Campomanes, por un sentimiento cristiano o por filantropía, considera justo dar la razón al arrendatario”.

Siguiendo, nuevamente, a Prieto Bances este afirma que “Campomanes llevó a Jovellanos en 1778 a Madrid. Allí le abrió las puertas de su casa, frecuentada por las principales personalidades de la Corte, y le abrió también las puertas de las Academias y de los numerosos centros propulsores de la reforma. Al mes escaso de su estancia en Madrid, Jovellanos ingresaba en la Sociedad Patriótica, y en 1779 entraba en la Academia de la Historia”.

A pesar de sus diferencias, motivadas por la caída del conde de Cabarrús, su relación se mantuvo hasta el punto de que Campomanes nombra albacea a Jovellanos. Por su parte Jovellanos, en 1792, declaró en la Academia de la Historia que le debía a Campomanes “cuanto era y cuanto tenía hasta en la opinión”.

Estudios históricos sobre ambos hay muchos y muy buenos, están al alcance de todos en las bibliotecas públicas asturianas.

Dos grandes personajes de la Historia de España pero a los que el tiempo no ha tratado igual. Campomanes pertenecía a una familia hidalga, más bien pobre,  rural, alejada de los círculos de poder. Al contrario que Jovellanos, perteneciente a una familia noble de Gijón, urbana, relacionada con otros nobles y con el clero.

A pesar de todo, Campomanes fue uno de los personajes clave de la Historia de España y de su tiempo. Nació en un pequeño pueblo de Tineo: Sorriba.

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