23 nov. 2016

Más importante que las bibliotecas

Publicado en La Nueva España el 18 de noviembre de 2016.

Viendo cómo está el mundo hay cosas más importantes que las bibliotecas públicas. No me cabe ninguna duda.

Guerras, desplazados, hambre, muertos y ahora Trump. ¿Qué necesidad hay de bibliotecas públicas? Estoy seguro que la mayoría de las personas dirán que ninguna. Con las que tenemos, y para lo que se utilizan, vamos servidos.

No se crean que exageré demasiado.

Las encuestas del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) dejan bien clara la poca querencia de los españoles por la lectura. Y tampoco es ninguna desmesura. El 36,1 por ciento de la población española no lee libros nunca  o casi nunca – este casi tradúzcanlo por nunca -.

Editar se edita en España la intemerata, leer se lee poco y en ocasiones… ¿Les recuerdo que un libro firmado por Belén Esteban fue número uno en ventas? ¿O que ese porno blando de las cincuentas sombras fue el más vendido en 2012 y 2013?

Seamos sinceros, la lectura no se encuentra entre las necesidades de los españoles. Se compran pocos libros, en relación a los títulos editados, se leen menos y además las bibliotecas públicas no se utilizan con la misma intensidad que en otras democracias de nuestro entorno.

Hay muchas necesidades sociales en España que urgen cuidado y dotación económica. Sin duda. Son tan claras esas exigencias que en lo primero que se invirtió, y se endeudó aún más el país, fue en rescatar a los bancos.

Por referirme solo a las cosas de la cultura todos sabemos que, al ser superfluas, es de donde primero se recorta. Podemos, si quieren, hablar de la educación en todos sus niveles. Bueno, lo dejamos.

Sigamos con las bibliotecas públicas.

Se puede vivir sin ellas. Pueden creerme, se puede vivir sin ellas. Es más, durante muchos años España sobrevivió sin ellas. Las bibliotecas en la dictadura franquista eran un espacio casi hermético y utilizado por una ínfima parte de la población. Eso sin hablar de aquellos fondos monolíticos destinados al adoctrinamiento de los escasos lectores.

Llegó la democracia y algunos fueron conscientes de que uno de los pilares de las democracias se encontraba en el acceso a la información, de forma libre, directa y sin condicionamientos políticos. Pues bien, todo eso lo ofrecían, y lo siguen haciendo, las bibliotecas públicas.

Con el transcurso de los años se atemperaron aquellas ideas de excitación del pensamiento y la capacidad crítica. Se abrió el camino del adoctrinamiento mediático. No podía ser de otra forma y el acceso al libro se puso cuesta arriba. Ya no interesan ciudadanos leídos, todo lo contrario, ahora inquietan.

Para controlar las veleidades de instrucción ciudadana nada mejor que incrementar los costes de acceso a la cultura, encarecer y desacreditar la enseñanza pública y dejar languidecer las bibliotecas públicas.

A más horas de televisión, más de internet y menos de lectura tendremos más Trump, más Le Pen y de España no hablo que con la Ley Mordaza me puede caer un paquete.

Se estarán preguntando – o no - ¿a qué viene todo esto? Muy fácil de explicar. El pasado sábado, 12 de noviembre, el BOE publicaba la estructura orgánica básica de los departamentos ministeriales.

De esa estructura orgánica desapareció la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas. No es que hasta ahora sirviera de mucho pero estaba ahí. Estas cosas ya ni las ponen en los papeles.

Lo dicho ¿con la que está cayendo a quién le importa?

Es curioso que desde muchos ámbitos políticos, sobre todo desde la derecha, se apele a la cultura patria, pero claro, eso se hace desde la más pura demagogia. A la hora de la verdad ni quieren, ni les interesa, ni saben lo que supone la cultura para los ciudadanos, para el país y para la democracia.

Sé de buena tinta que hay cargos públicos que no se acercan a una biblioteca pública ni por error. Y aún son más los que no leen y ya ni les cuento los que son capaces de escribir sus maravillosos discursos.

Así nos va.

P.D. Dada la devoción hacia el santoral de muchos ministros les recuerdo que “Por sus frutos, pues, los podréis conocer” (Mateo 7:20).

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