El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo,
estuvo inspirado, según algunos autores, en la figura de Fernando el Católico.
Es de sobra conocido que ese libro trata del poder y como conservarlo por el
medio que sea necesario, anteponiéndose a cualquier ideal. Parece que Pedro
Sánchez es el prototipo de príncipe actual y que Maquiavelo se regocijaría ante
alumno tan aventajado.
Sánchez es un superviviente político, nadie
lo puede negar. La resilencia que ha demostrado parece no tener límite. Se
enfrentó a los líderes de su partido y salió victorioso. Triunfó su moción de
censura contra M. Rajoy. No ganó en votos y diputados en las elecciones
generales de 2023, pero fue capaz de construir una mayoría parlamentaria que le
dio la presidencia del Gobierno.
Pedro Sánchez tuvo que hacer frente a una
terrible pandemia, el volcán de La Palma, incendios devastadores, una dana en
Valencia, en la parte que toca a un gobierno central de un país tan
descentralizado. A nivel internacional la guerra de ocupación rusa en Ucrania,
el genocidio en Gaza, la llegada de
Trump al poder y sus locuras, una de las últimas hacerse con Groenlandia.
No ha sido una presidencia fácil. No tengo
dudas, Sánchez sería el elegido por Maquiavelo para desarrollar un nuevo
tratado sobre el «arte» de gobernar.
La oposición del PP con Feijóo a la cabeza
fue, desde el primer momento de acoso y derribo, no lo han conseguido hasta
ahora. La extrema derecha en su línea, inflamando la convivencia. El PP se
acercó a las posturas extremistas de Vox y ahora no se diferencian. Feijóo es
un líder más blandurrio que los relojes de Dalí, hace lo que le deja hacer
Isabel Natividad Díaz Ayuso y la FAES, que es quien manda realmente, o lo que
es lo mismo, Aznar.
La decisión de pactar con Bildu y los
nacionalistas catalanes, el PNV no está tan mal visto en las filas del PP,
levantó muchas ampollas y les sirvió de argumento para soltar barbaridades
incendiarias nada democráticas. La Ley de Amnistía, de 2024, con la que se dijo
que se quería normalizar la vida política y social en Cataluña acabó de
chamuscar la convivencia. No cabe duda de que esa ley fue una imposición de
Junts, especialmente, también de ERC, con el fin de sacar de la cárcel a los
políticos encarcelados y, sobre todo, lograr que el cobarde de Puigdemont - ¿se
me nota que no me cae bien este tipo?- pueda regresar a Cataluña.
Los nacionalistas siempre han sabido
aprovechar los momentos de debilidad de los gobiernos centrales para ampliar
sus demandas e incrementar su autogobierno. Esta legislatura es una perita en
dulce para ellos. Si esto fuera suficiente para encrespar a las extremas
derechas, incluyo al PP, no es menos exasperante, y ahí estamos muchos
ciudadanos, la chulería, las formas tan chuscas que utilizan los de Junts,
especialmente la portavoz en el Congreso de Junts per Catalunya, Miriam
Nogueras – otra que me cae como una patada-. Esta mujer es desagradable. Anda
con un careto puesto que echa para atrás y cuando habla ofende. El desprecio
hacia el Gobierno y los ciudadanos no catalanes resulta ofensivo.
Los socialistas, con Pedro Sánchez a la
cabeza, podrán argumentar lo que quieran, pero para mantenerse en el poder
están dejando de lado parte de sus principios y llegan a rebajarse ante los
siete diputados de Junts. Puigdemont dirige la estrategia desde Bruselas y
todos sus planteamientos van dirigidos a lograr su regreso a España. Sus
posturas se han radicalizado aún más por la irrupción de Aliança Catalana,
grupo independentistas de extrema derecha, que está poniendo en peligro los
apoyos de Junts.
La situación es endemoniada. La macroeconomía
va bien, pero la economía familiar se resiente ante la subida constante de
precios y unos salarios que resultan insuficientes para muchos ciudadanos. Hay
trabajadores en activo que llegan a final de mes con apuros; el desempleo en
los jóvenes es muy elevado; las clases medias han perdido poder adquisitivo
mientras los más ricos siguen ampliando la brecha económica.
La vivienda tiene unos precios desorbitados,
en relación a los salarios, y los alquileres están por las nubes. Uno de los
motivos, si no el principal, del incremento de los precios del alquiler son los
pisos turísticos que además han desalojado a los antiguos inquilinos del centro
de las ciudades y los han llevado a la periferia con precios mucho más
elevados. Podemos recordar el expolio que realizó Ana Botella siendo alcaldesa
de Madrid que vendió a fondos buitres 1 800 viviendas públicas.
Estos problemas, precio viviendas, salarios
bajos, paro juvenil, son los grandes problemas de este país, que unido a las
incesantes mentiras, bulos y manipulaciones de las extremas derechas han
convertido en irrespirable la vida en España.
Y como éramos pocos… se hacen públicos los
«asuntillos» de Ábalos, Cerdán y Koldo, los dos primeros fueron secretarios de
organización del PSOE, es decir, los números dos de su partido. Hay cosas por
aclarar, pero tiene mala pinta. No parece que haya financiación ilegal del
PSOE, pero esos casos son muy graves. Para rematar conocemos los casos de acoso
sexual a mujeres de militantes socialistas con puestos relevantes. Es tan grave
que muchas socialistas han puesto el grito en el cielo, con razón. Luego están
los casos de Begoña Gómez, mujer del Presidente, y de David Sánchez, hermano de
Pedro Sánchez. Aquí, sobre todo en el caso de su mujer, hay un caso de acoso
judicial clarísimo. Igualmente se trata de acoso político-judicial el juicio y
la sentencia contra el ex Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz.
La corrupción es endémica en España, no hay
matices, lo cual no quiere decir que en otros países, incluidos los de la UE,
no la haya. El primer paso para acabar con ella es abolir los aforamientos de
todos los ciudadanos, incluido el Rey. Otra medida que me parece relevante es
la investigación económica y laboral de los excargos políticos en los años
siguientes a dejar su cargo, en los siguientes diez años, seguro que se puede
hacer legalmente. Así se comprobarían sus incrementos patrimoniales «atípicos» sí
los hubiese. No me parece absurdo. Todos conocemos los casos de algún concejal
que en poco tiempo aumentó sus propiedades y patrimonio, ya sabemos que a
niveles más altos es exagerado. La existencia de comisiones, o cómo quieran
llamarse, de investigación externas para controlar los gastos e ingresos de los
partidos debiera ser obligatoria, así como en base a sus informes se lleven a
los juzgados a los cargos políticos de esos partidos políticos sí incumplen las
leyes, sin aforamiento, desde luego. Por cierto, se dan cuenta de que todos los
políticos, bueno, la mayoría quieren mantener el aforamiento, da que pensar que
existe una connivencia entre las altas instancias judiciales y los altos cargos
políticos. Ya, ya sé que dicen que es para que no tengan denuncias por parte de
cualquier ciudadano y no puedan desarrollar sus funciones. No trago. Vemos continuamente como organizaciones de extrema
derecha, Hazte Oír, Abogados Cristianos... presentan denuncias basadas en
noticias falsas que son aceptadas por determinados jueces y no son capaces a
frenarlos legalmente, pero eso sí, que cualquier ciudadano puede denunciar a un
político eso no. Manda narices.
Esta legislatura está resultando endiablada.
Las extremas derechas están rabiosas y cuentan con la ola conservadora mundial
que les viene muy bien. Perdón, me expresé mal. No es una ola conservadora, es
fascista, cualquier otro adjetivo es un lavado de cara. Muchos jóvenes se suman
a esa corriente fascistoide sin tener absolutamente ninguna idea de lo que eso
supone. Es una plaga peligrosísima y para muestra el botón Trump.
Pedro Sánchez, los socialistas, han cometido
muchos errores, en demasiados casos hasta por no saber transmitir, o hacerlo
fatal, los mensajes. Han dejado el relato en manos de las extremas derechas.
Creo que Pedro Sánchez cometió un error
monumental al no convocar nuevas elecciones en vez de pactar con Junts, cosa
muy diferente a hacerlo con ERC, incluso con Bildu.
Somos una democracia mejorable, pero como
todas. La democracia se perfeciona, o debe perfecionarse, continuamente. Decir
que en España no hay democracia es absurdo, lo dicen quienes son gilipollas o
unos mentirosos y lo jodido es que hay muchos que se lo creen.
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