12 mar. 2010

Siete notas y la Banda de Música de Tineo


Según se ascienden las escaleras del Antiguo Palacio de la Audiencia, sonidos varios acogen al visitante. Por encima de todos un trombón, que en determinados momentos compite con un acordeón diatónico, y más de fondo, casi como un susurro, nos llegan los acordes de una guitarra.
El trombón nos conduce a una sala en la que se encuentra Toño impartiendo una de sus clases. Estamos en la Escuela Municipal de Música de Tineo. Nos encontramos en el reducto de Terpsícore.

Los acordes se repiten una y otra vez, machaconamente. Silencio. Tras una breve pausa se reinicia la escala. Una y otra vez. Cada vez suena un poco mejor. Nueva corrección. Toño rectifica al alumno, le demuestra cómo debe sonar. Repite con él el ejercicio. Al final sale todo de un tirón. Maestro y alumno están satisfechos.
Aquí no hay triunfitos. Los profesores son profesionales, los alumnos quieren llegar a la música por el trabajo y el esfuerzo, nada de fantasmadas televisivas.

Toño, Antonio Gómez, además de profesor es el director de la Banda Municipal de Música. Su trayectoria profesional es amplia y forma parte de varios grupos y big band. Hoy es lunes y, tras su jornada con los alumnos de la escuela, espera a que se vayan incorporando los miembros de la banda. Toca ensayo. Toño y Patricia preparan el aula. Colocan las sillas y los atriles. El ordenador está también listo. Tienen música enlatada que les facilita el ensayo.
El primer día de la semana es el menos concurrido. Los músicos tienen sus trabajos y no siempre pueden acudir. Son las nueve de la noche y algunos empiezan a llegar. Una es técnica de prevención, otra carpintera, una electricista, un músico profesional, una dependienta, por haber hay hasta un profesor de filosofía que compagina, entre otras cosas, su entusiasmo por la trompeta a la par que por Gustavo Bueno.

Esta banda es atípica. Está integrada dentro de la Escuela Municipal de Música la cual le aporta todo lo necesario para su funcionamiento, tanto desde el punto de vista musical como humano. Un maridaje perfecto. Tiene otra peculiaridad: su repertorio. En determinados momentos se convierte en una Big-Band, la influencia de Toño se nota y los músicos lo agradecen. Ya no es solo el pasodoble, el pasacalles de turno o la marcha, su repertorio se nutre también de la música americana de los años 40, 50 y 60 del pasado siglo y es en esta faceta en la que parece que todos, director y músicos, se encuentran más a gusto.

Mientras esperan a que se sumen algunos otros integrantes, los presentes inician el afinado de los instrumentos. Luego comienzan con Bossa Bonito de Jon Phelps y aunque hoy no son muchos la seriedad prima sobre el número. “Un poco más de acento en la corchea” corrige Toño. “No esperes mucho, entra primero”. El plateado de la trompeta de Demetrio, el profesor de filosofía, contrasta con el saxo dorado de Patricia, la técnica de prevención, pero ese contrapunto cromático solo es eso pues Toño se encarga de que nada desentone. Cuando una nota chirría los para, corrige y vuelta a comenzar. En ocasiones, antes de que el director diga nada, ya saben que se han equivocado. Piden perdón, escuchan la corrección, releen la partitura y vuelven a interpretarlo con más ganas. No cunde el desánimo, faltaría más. No se enfadan, no se molestan, están ensayando y ya son cerca de las diez de la noche. Ha sido un día largo, pero ahí siguen.

Luego pasan a Swingin´ Thing de Lennie Niehaus, si es que hasta los profanos reconocemos los acordes. “Ahí metí la pata” se lamenta Demetrio, “más corta la última”. “Aquí es lo contrario, la caída larga. Las negras botando, no tan blandas” rectifica Toño. Sus explicaciones van acompañadas por los ejemplos. No necesita instrumento alguno, su garganta se encarga de emitir el sonido adecuado. Sus manos refuerzan el comentario y la interpretación. Son gestos armónicos, nada estridentes, casi se visualiza lo que quiere decir. Por si fuera poco, sus pies marcan también el ritmo. En ocasiones se desplaza grácilmente, acompasa el sonido que emiten sus zapatos, cual si fuera un bailarín de claqué, al sonido gutural. El hombre orquesta. Su cuerpo es, en esos momentos, música.

Cuando oyes hablar de acentos es cuando percibes que la música tiene su lenguaje, que entre ellos se entienden, y que, desgraciadamente, algunos somos analfabetos en estos menesteres.
Ya ha pasado más de una hora y siguen a lo suyo. Uno, que no es de piedra, tiene hambre y decide dar por terminada la jornada, ellos aún continuarán un buen rato. No están cansados. Bajo las escaleras y la música me acompaña. Ya en el exterior sigo oyéndoles. Ahora no hay interrupciones, la pieza va de corrido y suena bien, vaya que si suena bien.

Todos ellos solo tienen un deseo: que más personas se incorporen a la banda, a la Escuela de Música de Tineo y disfruten con ellos.
La música no se si amansará a las fieras, pero lo que está claro es que a estos aficionados les hace disfrutar y están dispuestos a dedicarle una parte de su tiempo. Que cunda el ejemplo.

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Siete notas y la Banda de Música de Tineo by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.

4 comentarios:

  1. buen comentario santi,pero en tineo todo lo que vale....se va a la mierda,a si nos va.

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  2. Aún recuerdo cuando teníamos clase en la bolera con Aurelio,venga solfeo,así nos tuvo tres años.Pero el mejor recuerdo lo tengo cuando por primera vez,en el cine Marvi,que era donde ensayábamos,nos dieron los instrumentos, estábamos como locos.Pobre Luis (Senen),cuanto peleó conmigo y la flauta,eso si,hasta que lo logró, por fin salían las notas y después de la primera,todo eran partituras y nuestros logros,como lo celebrábamos !!Eramos unos críos.
    Ahora quiero dar las gracias a todas esas personas que nos enseñaron a querer la música y que sigamos aprendiendo,por todo lo que luchamos primero para salir adelante.
    Mabel

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  3. Todavía recuerdo,cuando teníamos clase en la bolera,en las campas,tres años nos tuvo Aurelio con el solfeo,y el primer día que nos dieron los instrumentos,fué en el cine Marvi,y los nervios eran mayúsculos. A mi,me tocó la flauta,que gracias a Luis (Senen),logré llegar a tocar.Primero fue una nota y a partir de ahí,un montón de partituras.
    Que buenos tiempos eran aquellos.........los padres sufrían igual que nosotros,todos se implicaban,y así salimos adelante.Espero que sigamos queriendo y luchando por la música,y lo que hace muchos años empezó con la ilusión de unos críos,siga.
    Mabel

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