21 abr. 2010

Los neocons y la crisis: recetas para que paguemos los de siempre


La crisis económica continúa y las medidas que intentan ponerle coto también. El déficit público se puede convertir en un serio problema y tras las ingentes ayudas económicas estatales a las entidades financieras, ahora toca el control del gasto público.
No deja de ser una paradoja que aquellos, tan liberales ellos, que han recibido miles de millones de euros de todos los ciudadanos no pusieran ninguna objeción, es más, era una obligación para que el sistema económico no se fuese al traste. Así se nos dijo y así se hizo. Pero no hay que olvidar que fue el sistema financiero mundial, con sus ingenierías, con su afán incontrolable por unos beneficios desmesurados, o dicho de una forma más coloquial: su avaricia, los que nos condujeron a esta situación.

Ahora toca que los ciudadanos nos apretemos el cinturón. Es necesario subir el IVA como medida menos traumática, o al menos eso dicen algunos economistas, aunque, faltaría más, los hay que dicen todo lo contrario. ¿Quién está en posesión de la verdad? Los precios de determinados productos de uso cotidiano están encareciéndose. Se nos justifica su carestía y que la contención de los precios es insostenible para muchas empresas. Por ejemplo, ya se nos olvidó el precio al que pagamos la gasolina hace unos meses y cómo, poco a poco, su coste se ha ido elevando, casi sin darnos cuenta. Pero claro, los precios del petróleo están sometidos a tantos vaivenes mundiales que es necesario ese incremento. Así se nos explica y así lo pagamos. Cosas de la globalización.

Los analistas económicos, y los dirigentes políticos mundiales, aseveran que la subida de los impuestos directos es una medida que lo único que logra es asustar a los grandes capitales. Sus propuestas van encaminadas a repartir los incrementos recaudatorios que los Estados necesitan entre todos los ciudadanos. Unas pequeñas subidas en algunos artículos de consumo apenas se notan en economía familiar, pero sí en las arcas estatales. Esta medida, según los criterios de estos mismos economistas, sirve para controlar el gasto desmedido y que empecemos a ser conscientes que la etapa de una economía mundial expansiva finalizó. Tenemos que acostumbrarnos a llevar otro tipo de vida. Pero ¿cual será ese nuevo modelo?

Tras los meses transcurridos ha quedado patente la necesidad de un Estado fuerte y de unos servicios públicos que atemperen los excesos del mercado y del voraz sistema bancario, que ha engendrado a esos especuladores globales que son capaces de hacer tambalear la economía de un país.
Esa globalización, no nos equivoquemos, nos afecta a todos. Ningún país, región o pequeña comunidad está libre de las medidas que toman los enormes conglomerados empresariales y bancarios. Nuestra economía, y por ello en cierta medida nuestras vidas, está condicionada por las decisiones que se toman muy lejos de nuestras casas.

No lo podemos evitar, el mundo está estructurado así, eso dicen interesadamente. No debemos caer en el desánimo y pensar que no podemos cambiar nada. Se ha demostrado que los Estados son necesario, o mejor aún, imprescindibles, ahora toca hacer lo mismo con los servicios públicos.
Pero que nadie se equivoque, los neocons siguen en sus trece. Bueno, que neocons ni que leches, la derecha pura y dura, la más cavernícola, quiere acabar con los Estados y con todos los servicios públicos. Anda que no hay tajada ni nada. ¡A privatizar! ¡Abajo lo público! ¡Viva lo privado! Ahí es donde ellos tienen la última tostada que comer, las otras ya son suyas desde hace mucho tiempo.

A lo mejor no tan fieros, pero también muy peligrosos, son los que andan por estas tierras astures siguiendo sus pasos. Ya no se cortan un pelo y claman al cielo por la abundancia de funcionarios. Pero claro, no se atreven a decir quienes son los que sobran: ¿médicos? ¿enfermeras? ¿maestros? ¿bomberos? ¿administrativos? ¿bibliotecarios? Dejémonos de tonterías, sobran todos. Se pasa toda la gestión a empresas privadas, que desde luego van a renunciar a sus beneficios empresariales en favor de la colectividad, y todo funcionará mejor. Ahora es cuando me río.

Tranquilos que lo hacen por nuestro bien. Ellos saben de economía. Para muestra el botón del presidente de los empresarios españoles. En caso de duda, no tengan pena: saldrá raudo y veloz Rajoy. Sin prisas pero sin pausas. Él tranquilo, a su aire y con recetas mágicas. En caso de demora para eso tienen a Esperanza. Nos aconseja una rebelión cívica y se acabaron los problemas.
Son de juzgado de guardia. Están más guapos callados y que no nos den la murga. Lecciones de estos elementos, ninguna.

Por cierto, que nadie nos engañe. Ni las pensiones, ni las prestaciones sanitarias se pueden acabar. ¿O es qué me están diciendo que el Estado se va a ir al garete? Sólo en esa situación sería posible su desaparición. Según algunos lumbreras es más seguro, para nuestro futuro individual, hacernos un plan de pensiones privado. Si puede ser en Lehman Brothers o similar. Sobran los comentarios.

De todas formas la cosa no va a quedar así. No habíamos llegado a alcanzar la sociedad del bienestar y ya nos la están desmantelando. De pena y dolor.
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Los neocons y la crisis: recetas para que paguemos los de siempre by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.

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