6 ago. 2009

La autovía de Oviedo a La Espina sí es apremiante



El pasado domingo, 5 de octubre, La Nueva España decía en su Editorial: “Menos entendible resulta este frenazo cuando otras vías no tan apremiantes en las actuales circunstancias, como la autovía a La Espina, van a recibir en teoría mucho más dinero”.
Sorprendente, pero ahí está. Como comprenderán, los vecinos del Suroccidente de Asturias no compartimos esa opinión. Para nosotros la autovía entre Oviedo y La Espina sí que es apremiante.

Desde la perspectiva de quienes viven en el centro de Asturias es comprensible esa opinión. En esa Ciudad Astur se concentra la mayoría de la población y de los servicios, y ya se sabe: cuanto más tienes, más quieres. No hay nada que objetar, sino fuera porque los recursos son los que son y nosotros, moradores de estas tierras occidentales, también pagamos nuestros impuestos y disfrutamos de muchísimos menos servicios.

Hay que vivir en un pueblo del concejo de Íbias, Degaña, Pola de Allande, Cangas del Narcea o Tineo –por hablar solo de los del Suroccidente- y comprobar que en algunos casos se tardan tres horas en llegar a Oviedo (no es ninguna exageración) para empezar a comprender la dimensión de lo que es vivir en estas comarcas. Cuando los habitantes de estas zonas oímos quejarse de distancias y tiempos en el centro, nos reímos.

Miren, nosotros también vamos a grandes superficies comerciales, queremos ver algún concierto o simplemente disfrutar la variada oferta, de todo tipo, que ofrecen ciudades como Avilés, Gijón u Oviedo. Y también enfermamos. Un vecino de San Antolín o Cerredo que tenga que ser sometido a radioterapia echa todo el día para recibir el tratamiento. Una mujer que en el parto quiera que se le aplique la anestesia epidural, todavía hoy, tiene que desplazarse al centro de Asturias. Y así con todo. ¡Vaya que si esa autovía es apremiante! Por cierto, los pueblos también están sin esa otra autopista que es internet. Pero si todavía hay muchos pequeños núcleos de población a los que solo les llegan algunas de las cadenas de televisión, no todas.

Muchas veces hemos leído y escuchado que hay que fijar población en las zonas rurales; que las personas son lo importante y además preservan el espacio natural y otras hermosas palabras de este tipo. Buenos deseos e intenciones, pero después la autovía a La Espina no es “apremiante”. ¿Qué es cara? Si, pero también imprescindible para tener un futuro.

El siglo XXI es el tiempo de la investigación, de los avances tecnológicos vertiginosos; el siglo XX fue el de las mejoras en las comunicaciones terrestres, para casi todos menos para nosotros. Ahora parece que el occidente asturiano cuenta, pero hemos sido los últimos con los que han contado. Probablemente seamos los que más inversión recibimos por habitante, pero eso no es suficiente. Si hablamos de necesidades, de servicios, de calidad de vida, entonces nuestro saldo sale muy negativo. Si este fuera el Edén ¿entonces porque se marcha la gente? Claro, no llegamos a los 40.000 habitantes y eso significa que estamos siempre al final de la cola. Somos pocos y si no se apuesta claramente por esta comarca, aún seremos menos.

Repito, la autovía de La Espina no es que apremie, es que la necesitamos para poder arrancar definitivamente. Los empresarios han demostrado su empuje y ganas de crear riqueza, como muestra ahí tenemos el Polígono Industrial de La Curiscada. Los ganaderos son los mayores productores de leche. También producimos energía eléctrica, vía térmica o parques eólicos ¿y qué recibimos a cambio?
En el caso de Cangas del Narcea, Degaña o Tineo los fondos mineros han sido como el maná, pero eso se va a terminar. ¿Y después qué?

Somos asturianos como los de Ciudad Astur, no nos desprecien con las migajas. Todos y cada uno de nosotros paga sus impuestos pero no recibimos los mismos servicios. Sabemos que no puede ser así, lo asumimos, pero no nos condenen al abandono y desamparo.

Si analizamos la situación del hábitat rural asturiano y queremos que no desaparezca por abandono de las administraciones o por deserción de sus habitantes, además de unos servicios públicos mínimos y pactados entre todos, deberíamos tener alguna compensación por vivir aquí y no poder disfrutar de los mismos servicios que en las ciudades. ¿Qué les parece reducirnos el IRPF (Impuesto sobre la Renta de la Personas Físicas)?. Que de verdad veamos y notemos en nuestros bolsillos que importamos y que los demás ciudadanos están dispuestos a realizar ese esfuerzo. Nosotros mantendremos este espacio natural para todos, pero colaboren a ese objetivo. No nos lo pidan todo a cambio de nada, ni nos digan lo que es apremiante o no para nosotros.


Esta carta fue publicada por La Nueva España en octubre de 2008

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