6 ago. 2009

Todo un carácter







A los playeros de verdad, además del baño y el sol, nos encanta contemplar la variedad de personas, casi en estado puro, que pululan por las playas. Oigan, que eso de la pureza va por la espontaneidad y no por los despelotes más o menos integrales. Vamos, a lo que iba. Observando desde la toalla o dando un paseo por la orilla se pueden ver situaciones de lo más dispares y a uno no le queda otro remedio que reconocer la diversidad y sobre todo que siempre hay un roto para un descosido. Ayer, sin ir más lejos tuve una grata sorpresa.

Allí estaba ella. Pequeña, menuda. Las piernas entreabiertas, un poco flexionadas. Los brazos extendidos delante de su cuerpo y sus diminutas manos, totalmente abiertas, no dejaban lugar a dudas, conminaban a detenerse. Su posición corporal era de firme determinación, su cara aún lo era más. La mirada fija, con toda la determinación del mundo. La boca firme, más bien tensa, sería suficiente para parar un tren.

Mirándola llegué a creer que lo conseguiría. Una niña, que no tendría tres años, se plantó en la orilla de la playa y estaba dispuesta a detener las olas y que de ninguna manera llegasen a tocarla. En esta ocasión lo consiguió. Ni una sola gota de agua llegó a rozar sus pies.

Estoy seguro que dentro de unos años oiré hablar de una excelente mujer andaluza que ha destacado en no sé que faceta profesional y me acordaré de aquella niña, que sin saberlo ella, ya presagiaba una gran vida. Anuncia con su actitud lo que ya está empezando a suceder: las mujeres están ocupando su sitio en nuestra sociedad.

No tengo dudas de que no se le va a poner nada por delante. No habrá dioses ni hombres que condicionen su desarrollo vital. Ella labrará su futuro. Cometerá errores, pero aprenderá tanto de ellos, que cada vez que se caiga se levantará aún más fuerte. Será lo que ella y solo ella quiera ser. Yo, que no tengo nada de adivino, hoy le he visto ese futuro.

Pocas veces tiene uno la posibilidad percibir tanta seguridad en una persona, yo vi a esa niña y me alegró el día. Hoy me convencí de que tenemos un futuro mejor.
Ella se creyó tan fuerte, tan capaz de parar las aguas, que no lo dudó y se enfrentó a las olas como lo hará más adelante con tirios y troyanos. No necesitará de milagros que abran el mar a su paso, ella ya lo ha parado una vez. De ahora en adelante no tendrá miedo, sí dudas, pero por eso será más humana y mejor mujer.

Cuando pase el tiempo, y si decide tener hijos, les enseñará a detener las olas. A la orilla de una playa cualquiera no dudará en asentar los pies con toda su firmeza, mirará hacia abajo, sonreirá y le enseñará a su hija o hijo a ser una persona.
Qué quieren qué les diga, esa niña es todo un carácter.

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Todo un carácter by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.

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