15 nov. 2009

Todos a calumniar, difamar y mentir: es gratis



Decir que el derecho a la libertad de expresión protege a toda persona para que exprese libremente sus opiniones y puntos de vista es, sin duda, una perogrullada. Pero aún así, creo que conviene recordarlo pues hay muchas personas y medios de comunicación a los que se les ha olvidado. Por supuesto esta es mi opinión, no es una verdad absoluta.
En una democracia todos tenemos el derecho a decir lo que nos dé la real gana, pero también tenemos el derecho de defendernos de las calumnias, difamaciones o injurias vertidas contra uno. Y eso se decide en los tribunales. Segunda perogrullada.
Soy consciente de que no he dicho nada nuevo. Todo de sobra conocido. Pero… siempre puede haber un pero. Ahí está Internet. No importa el soporte sobre el que se vierta la opinión, la responsabilidad de lo dicho tiene que existir siempre.

Miren, para intentar que un periódico te publique una carta tienes que remitir una fotocopia de tú carné de identidad. Correcto. Está bien saber que la firma de ese escrito se corresponde con una persona real. Yo, por lo menos, no voy dando fotocopias de mi D.N.I. a todo el mundo. Ahora bien, y curiosamente, en ese mismo periódico publicado en Internet, yo puedo hacer los comentarios que me de la gana sin que nadie me pida absolutamente nada. Desde el más absoluto anonimato puedo decir las mayores barbaridades y no pasa nada. No me digan que se puede rastrear el ordenador, que sí se puede hacer, pues hay infinidad de lugares públicos desde donde injuriar impunemente. Es sorprendente como se ha caído en una falta de responsabilidad tan enorme por parte de los individuos, pero también de los medios de comunicación.

La mayoría de esos medios se precian de tener un libro de estilo o unas normas internas que velan por la veracidad de sus noticias y a continuación permiten que cualquier hijo de madre suelte las mayores atrocidades sin responsabilidad alguna. Eso no es libertad de expresión. Eso no es un derecho, es cobardía.
En estos casos, me imagino y así me lo dicta el sentido común- aunque vayan ustedes a saber como están las leyes- si yo o cualquiera quisiera denunciar a un injuriador y no se le puede localizar, dado este anonimato, el responsable subsidiario será el medio que permite su publicación. ¿O no?

Alguna vez he entrado en esos comentarios a noticias periodísticas en Internet y lo que primero me llama la atención es lo poco original de los nombres que se utilizan para firmar. En muchas ocasiones son bastante ridículos. No voy a entrar a valorar lo bien o mal escritos que suelen estar esos comentarios. Allá cada uno. También es muy curioso la cantidad de personas que dicen tener titulaciones y grandes conocimientos de no se que cosas, pero que al leer su comentario solo te paras a pensar en que universidad de que república bananera obtuvo esta persona ese título. Otra característica generalizada: nadie de los que escribe tiene actividad política, ni le gusta la política. Pero dicho eso, largan contra tirios y troyanos. Se les ve el plumero por todos los lados.

Esto en los periódicos. Sí miramos uno de esos infinitos foros que por ahí pululan, entonces se me ponen los pelos de punta. Muy pocas vece aterricé en esos sitios. Me horrorizaron. Creo que solo dos veces he escrito en alguno, por cosas muy concretas y, faltaría más, firmé con mi nombre y apellidos mi opinión. Asómense, por favor, a uno de ellos y luego díganme que no se ponen colorados de vergüenza ajena. Los insultos campan a sus anchas, los temas que se tratan son… yo que sé lo que son. Ya les digo, las pocas veces que recorrí alguno y el poco tiempo que les dediqué fue suficiente para no haber vuelto a ellos.
Ahora la moda se ha trasladado también a las pantallas de televisión y cualquier programa que se precie permite que seres anónimos nos ilustren con sus opiniones. Viva la libertad de expresión. Sí todos los que están permitiendo, y alentando, esta forma tan peculiar de comunicación meditasen un poco sobre ello creo que le harían un gran bien a nuestra convivencia.

Ya, ya lo sé, mucho criticar pero ¿cuál es la solución? Muy sencilla: exigir la firma digital. Es gratis. Así de fácil. Cada uno dice lo que quiera, pero todos sabremos quien lo dice. Y es a partir de esto tan sencillo cuando la democracia se hará más fuerte. La libertad de expresión no debe confundirse con el cotilleo.




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