15 jul. 2011

Viejas y rancias nostalgias


La tumbona, el sol y los bañitos provocan un efecto relajante, no sedante. El cuerpo lo agradece, la cabeza más. Se supone que eso es lo que debe hacer uno en sus vacaciones: tumbarse y dejar pasar el mundo. No ver noticias en televisión, nada de periódicos, ni hablar de escuchar la radio, sólo música. Esa es la intención. Un año más lo he vuelto a incumplir. Hay cosas que no se pueden remediar. Hay que estar enterado. Eso dicen y yo, una vez más, me dejo engañar. Aunque con el solito, el mar calentito y una cervecita, todo se lleva mejor.
Oyendo a determinados elementos, con muy poco rato tengo bastante para quedar saturado, uno recuerda otras épocas. Me retrotraigo en el tiempo y recuerdo cuando se había instalado en la sociedad la idea de que una chaqueta, un collar de perlas –aunque fuese falso- una cadenita con crucifijo (en el caso de ellas) y una corbata en el de ellos, era signo de educación y de gentes de bien. Sí los susodichos llevaban sotana o un hábito, entonces solo podían ser un dechado de virtudes públicas y privadas. Dejémoslo aquí y no entremos en detalles.
Se nos olvidó que aquellos que iban de camisa azul o negra, pantalón de tergal bien planchadito y pelo engominado cuando algo les molestaba, con dos hostias lo arreglaban. Si además les miraban, otras dos hostias. Con las protestas llegaba la paliza. Pero eso sí, era por el bien del personal y había que educarnos. Ya saben que a los españoles hay que tratarnos con mano dura.
Tumbado y somnoliento no dejo de pensar que hay viejas y rancias nostalgias que algunos quieren vendernos como de rabiosa modernidad.
¡El sentido común nos libre de esos demonios!
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Viejas y rancias nostalgias by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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