3 ago. 2011

¿Quién la matará?


Winehouse lo inunda todo. La noria gigante está casi vacía, el resto de los cachivaches articulados tienen más aceptación. ¡Va a dar comienzo el sorteo! ¡Hagan juego! La mezcla de músicas hace casi insoportable el paseo por este lugar.
Cervezas, mojitos, caipiriñas, patatas asadas, kebab, parrilladas, bocadillos varios se entremezclan con manteros que hacen el agosto vendiendo toda suerte de mercancías sin tener que huir de la policía. Más allá están las carpas de los libros ¡y tienen gente!
Dosgayos está un poco desorientado con tanta algarabía. Sus vacaciones se han estropeado. El jefe le ha encomendado un nuevo trabajo, aprovechando que se encuentra en la ciudad. Ya sabe que es una putada, pero no puede recurrir a otro.
No tiene ni idea de por donde empezar. Han recibido un aviso de que va a producirse un asesinato y no sabe como emprender la investigación.
Parece que todo el mundo está enterado. No se sabe ni el día ni la fecha, pero es una muerte anunciada. Al menos así lo creen los jefes.
Dosgayos se toma una cerveza. El verano está siendo una mierda y precisamente hoy calienta de narices. Entre sorbo y sorbo contempla el enorme trasiego de gente. El bar está casi vacío y los camareros tienen tiempo de intimar con sus compañeras de barra.
El agente Dosgayos lleva el suficiente tiempo en el cuerpo para saber que esto es una patata caliente. La prensa lo ha anunciado y los políticos quieren una explicación.
-Político agarra por los güevos al jefe y este me los aprieta a mí. Menudo chollo.
El paseo-interrogatorio comienza por los libreros. Para llegar hasta el encargado de la primera caseta que visita tiene que pedir perdón tres veces. Una ojeada rápida a lo expuesto y todo novela negra.
- Joder, negro estoy yo. Después dicen que la gente no lee.
Tras un rato de charleta el encargado sabe lo que todo el mundo: parece, dicen, es posible, no se sabe, tal vez. Así una tras otra. Ningún vendedor de libros sabe nada concreto. Tras más de dos horas, Dosgayos tiene la camisa empapada y ni una sola pista. Está igual que al principio.
Con los manteros ni pierde el tiempo. Algunos no hablan español y aunque lo hicieran, como son muy educados, no se meten en estos asuntos.
El agente ha dejado para el último momento las carpas donde se presentan los libros. Bastante gente escuchando.
- Sábado, calor y aguantando rollos. ¿No tendrán nada mejor que hacer?
Otra cerveza, y ya van cuatro. Más preguntas y menos respuestas. Nadie sabe nada. No hay pistas.
Es el momento. Hay que llamar al jefe y decirle la verdad: hasta que no aparezca el muerto no hay nada que hacer.
-Jefe: no tengo ni idea si van a matar o no a la Semana Negra y quien lo hará.


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¿Quién la matará? by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

2 comentarios:

  1. Uff, muy bueno. Ahora te dedicaras a la novela negra? es bueno. No importa que la semana negra cambie de ubicación, siempre seguirá con el mismo espíritu. Y la fantasía y la imaginación en medio de tanta confusión seguirán vivas,

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  2. buen comentario,yo opino lo contrario que el comentario anterior,pienso que se la deverian de quitar a gijon,para mi forma de ver no hacen nada por ella,un evento que aporta tanto a gijon hay que cuidarlo.

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