13 nov. 2014

Podemos y los otros


Dos temas centran parte de la programación de las televisiones, unas más que otras: la corrupción política-empresarial y Podemos.

Ambos contribuyen a que los ciudadanos tengamos de qué hablar, además del tiempo. La corrupción - lo sabemos – está muy extendida en determinados ámbitos. No hay semana en la que no aparezca un nuevo caso.

Eso sí, los afectados, los políticos, nos dicen que no hay que generalizar. Y tendrán razón, pero algunos de los que más hablaban ahí están, con la mierda hasta el cuello. Pongamos que hablo de Francisco Granados.
Seguiremos viéndolos caer.

El caso de Podemos es insólito. Unos recién llegados han sido capaces de concitar pasiones, a favor y en contra, en todos los partidos políticos y en la sociedad. Es algo nuevo.

El núcleo central de Podemos está integrado por personas muy cualificadas académicamente, y esto es un dato objetivo. Al menos los más conocidos tienen una base ideológica de izquierdas, y me refiero a marxista-leninista.

Sus orígenes, como es bien conocido, están en el movimiento social del 15 M, que toma su nombre de la manifestación del 15 de mayo de 2011. En aquellos momentos, desde todas las instancias, se les pidió a los indignados que dieran un paso adelante y participaran en la actividad política “convencional”. Se les llegó a criticar, hasta la saciedad, su falta de “compromiso”. 

Lo hicieron, aquí está Podemos. Pues nada, les dan por arriba y por abajo.
Curioso.

¿Cuál es el problema? Que están conectando con una gran parte de la sociedad.
Sus críticas a la crisis y la corrupción reinante coinciden con las de los ciudadanos. Da igual que sean votantes del PP, del PSOE, IU o UPyD.

En política todo está inventado. Las teorizaciones sobre las formas de organización social, del Estado, de los partidos políticos o las ideologías están bien definidas. Todo lo que puede parecer nuevo no deja de ser más de lo mismo con algunas matizaciones.

Nada de lo que dice Podemos es novedoso. Repito que a la vista de lo que sabemos, una parte de sus planteamientos están basados en el marxismo y el anarquismo. Otra en la exigencia del cumplimiento de las leyes o en su modificación.

Para algunos pueden resultar nuevo, sobre todo en parte de los más jóvenes, dado que han crecido en una sociedad que deslegitimó y repudió las ideologías. Las iniciativas, que algunos pueden denominar como utópicas, siguen atrayendo a los ciudadanos.

La izquierda tenía como motor de su existencia el cambio social y humanizar el capitalismo, no digo ya acabar con él. Parece que algunos lo olvidaron por el camino. Podemos ha retomado esa bandera ilusionante.

No soy tan ingenuo de creer que este partido hubiese alcanzado las cotas de apoyo que tiene si la economía fuese bien. Desde luego que no. Una parte de su pujanza está basada no en la crisis, si no en la falta de respuestas y soluciones a esa crisis por parte, sobre todo, del PSOE y PP. Si le sumamos la corrupción generalizada, sí digo generalizada, el caldo de cultivo es perfecto para que Podemos crezca y los sobrepase.
   
Se le critican muchas cosas pero ellos están siguiendo su estrategia, tan lícita como la del resto de los partidos.

Están elaborando un programa y se les achaca que no lo tengan. Un argumento tonto. Miles de personas están contribuyendo a elaborar su programa electoral.

Se les tacha de populistas, cuando todos hemos visto a presidentes o candidatos pegando saltitos, cantando, bailando, hablando catalán o alojándose en las casas de los afiliados. Claro, eso no es populismo.

Se les achaca que se financian con dinero de Venezuela, países árabes o no sé que más. ¡Anda, pero si al PP sabemos que lo ha financian los empresarios! sobre todo los de la construcción. Al PSOE en su momento también. Y a todos los partidos los bancos les han perdonado sus deudas. Vaya, vaya.

Los aporrean diciendo que su líder, Pablo Iglesias, está apoyado por algunas cadenas de televisión y periódicos. ¡Ah, menos mal que el PP y el PSOE no! Y en esas apariciones solo está Pablo Iglesias. Por cierto, ¿quién va a ser el candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid? ¿En qué programas de televisión sale? ¿No hay nadie del PP y de otros partidos?

Así una tras otra.

Podemos está rentabilizando todas las oportunidades, cosa que los demás no pueden hacer. Y no lo hacen porque están hasta arriba de porquería. Ellos, de momento, están limpios.

Dicho todo esto, no hay que creerse que Podemos va a ser la solución a nuestros problemas. Nada de eso. De momento está pegando un buen meneo a nuestra democracia que falta le hacía. Eso no se lo niega nadie.

Pablo Iglesias y sus más cercanos colaboradores se están haciendo con el control del partido. Nada extraño. ¿Alguien se pensaba que iba a ser un partido asambleario cien por cien?

Ellos, como profesores de ciencias políticas, saben perfectamente que es imposible gestionar una sociedad asambleariamente. Otra cosa, y gracias a la tecnología, es que el índice de debate sea mucho mayor que en el resto de los partidos.

Esa es una de las diferencias con PSOE, y en menor medida con el PP. Por mucho que digan los afiliados, los debates internos se han convertido en asentimientos a las directrices de los órganos dirigentes.
Uno de los grandes errores. Ni los militantes están motivados. En Podemos están encantados de discutir.

La filiación marxista de Pablo Iglesias, Errejón o Monedero, les lleva a intentar controlar el partido, como así ha sido. Lo han logrado.
Por cierto, estas tres personas tienen gran capacidad para moverse en los medios, tanto el televisivo como a través de las redes sociales. Dominan esos espacios. A ello se une un autocontrol muy meditado y estudiado.

Escuché a Pablo Iglesias decir que en cuatro años se pueden cambiar muchas cosas. Sí, pero alguna menos de la que se piensan.
No se puede entrar a saco. Hay una constitución, unas leyes y eso no se modifica en un momento. Además, no todos los españoles pensamos lo mismo. Solo se pueden realizar grandes cambios en ese tiempo desde la imposición y ese es un mal camino.

Tendremos que esperar para leernos su programa electoral. Su excesiva ansia de controlar todas las facetas de la vida, al menos eso parece, puede ser un lastre insalvable.

Los dogmatismos, las imposiciones, no me gustan.

El PSOE, PP, IU y UPyD no han sido capaces de adaptarse a la realidad. Los “cambios” que han promovido son más de lo mismo. El discurso no ha variado y las caras son, la mayoría, muy conocidas.

Mientras, Podemos sigue ahí, atechado, esperando su oportunidad. Se la están sirviendo en bandeja.

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Podemos y los otros by Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

1 comentario:

  1. Soy de los que no tienen miedo al contraste e incluso a la confrontación de opiniones; es más, cuando no existen me pongo contra la pared porsia. Quizás por eso ni me gusta generalizar, ni tampoco conceder excesivo crédito a los viejos/nuevos mitos.
    La política siempre ha estado condicionada por muchas cuestiones, y no es la menor lo que Carrillo llamaba despectivamente "picos de oro". Desde donde esté ya se habrá dado cuenta -siempre fue muy intuitivo para esas y otras cosas- que los supuestos "picos de oro" hoy tienen su reválida en las tertulias de televisión: quien no es tertuliano no llegará nunca a liderar nada, ni tan siquiera la comunidad de vecinos que le haya tocado en (mala) suerte. Esa es una condición previa que se ha mostrado con toda su crudeza en las pasadas elecciones europeas ((Nart, Iglesias, etc). Pero además es preciso contar con un sólido equipo "técnico", es decir, sociólogos, polítologos y expertos en marketing, que además atesoren experiencias pasadas, es decir, haber pasado por partidos fracasados, por aventuras "utópicas" (sic), y que fijen el objetivo en un enemigo común. Aquí no doy pistas para que no se me acuse de manipulador, claro.
    El siguiente paso es romper amarras con los compañeros de viaje que solo aportan disgustos y mala imagen (anarquistas, anti-capitalistas recalcitrantes, troskistas revenidos, etc) y poder afrontar así el cambio que permita aspirar al triunfo total (el parcial no les interesa, incluso les molesta porque genera frustración).
    Ese proceso necesita de una estrategia cerrada, firme, inalterable, y de un tacticismo evanescente. En una reciente discusión con un amigo entusiasta de esta tendencia, ante mis dudas, me lo dejó claro: el mensaje es pura táctica para no asustar a los timoratos, atrapar a los encabronados, y silbar tangos cuando se plantean cuestiones clave: la economía, las leyes, la legalidad e ilegalidad, la libertad de prensa. No me detendré en ninguno de esos aspectos que por sí mismos ya darían para un seminario a la antigua: varios días de discusiones interminables que únicamente los gin-tonic podrían salvar.
    Así las cosas me parece prudente por tu parte reclamar una vieja esperanza: conocer los programas electorales. Me apunto. Pero también las personas que lo defiendan, su credibilidad como representantes del "pueblo", es decir, jóvenes y menos jóvenes, profesores y obreros, intelectuales y amas de casa, campesinos y parados, como muestra real de lo que significan las aspiraciones populares. Es cierto que pululan dudas, sospechas, sentencias no desmentidas, pero no lo es menos que hoy la sospecha es moneda de cambio que corre y corre a nuestro alrededor. Bien veremos.

    Salud.

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