29 nov. 2014

Pederastas en el nombre de Dios


Viñeta de El Roto en El País, sábado 29 de noviembre de 2014

Hablar de pederastia sin perder los papeles me resulta muy difícil. Opinar de la pederastia dentro de la Iglesia Católica me va a suponer un sacrificio de contención.

Cuando una institución como la Iglesia Católica lleva siglos inmiscuyéndose en la sociedad no pueden quejarse de que ahora los ciudadanos hablemos de ellos.
Hemos aguantado, estoicamente, sus injerencias en temas como el aborto, los matrimonios homosexuales, la eutanasia, el uso de preservativos… pero hasta aquí hemos llegado.

Los casos de pederastia han sobrepasado cualquier límite. ¡Hablamos de abusos sexuales a menores!

Me repugna la violencia, los atropellos – como a la mayoría – pero la agresión a niños supera mi capacidad de asimilación y no lo perdono.
Hay curas que, aprovechándose de su ascendente “moral” – menuda broma macabra – toquetean, soban, y no quiero pensar que más, a niños. Siempre son niños varones, no suelen ser niñas, al menos que yo sepa.
Las mujeres siempre les han dado miedo y se lo siguen dando, además, ahí está su archidemostrado machismo.

Tal vez dentro de esta religión se continúen, como un rescoldo, las ancestrales prácticas de homosexualidad, tanto entre adultos como con jóvenes,  y no quieran reconocerlo.

No hablamos de casos aislados. Nada de eso. En los últimos años hemos ido conociendo como la pederastia está instalada entre curas de todos los países y no es cosa de ahora. Baste recordar el caso de Marcial Maciel.

El tema adquiere unas dimensiones aún más desorbitadas y repudiables cuando conocemos que arzobispos o los últimos Papas, excepto Francisco, han ocultado y consentido esta aberración.

La sociedad, la Justicia, tiene que perseguirlos y juzgarlos. No vale con pedir perdón. Desgraciadamente, las denuncias llegan con años de retraso. Los adolescentes sufren durante toda su vida las consecuencias de las agresiones de estos depredadores sexuales y psicológicos.

Los silencios cómplices de otros curas están lastrando la acción de la justicia. Sí todavía quedan hombres dignos, que mantienen sus creencias dentro de la iglesia católica, deben denunciar en los juzgados a sus compañeros pederastas. En caso contrario, que no esperen mi perdón, ya sé que les importa un pito y solo dan cuenta a su dios, pero yo los maldeciré.

Como ellos son tan dados a dar consejos, hoy se los voy a dar yo: cásense y dejen que las mujeres entren en su iglesia.

Ahora un ruego: en el nombre de ese dios que adoran, acaben con la pederastia. El Jesús bíblico no les perdonaría jamás.

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1 comentario:

  1. Tampoco tienen mi perdón ni deberían de tener el de nadie después de aprovecharse de su condición de " hombres de dios" y arruinarles la vida a los inocentes críos.

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