3 dic. 2014

Violencia incomprensible, violencia consentida




No sé en qué mundo vivimos. ¿No nos enteramos de nada o no queremos hacerlo? ¿Tiene que haber muertos de por medio para que empecemos a darnos cuenta de la cruda realidad?

La noticia: “Un hombre de 43 años de edad, seguidor del Deportivo, ha muerto como consecuencia de los golpes recibidos en una pelea entre aficionados radicales del Atlético y del equipo gallego, entre miembros del Frente Atlético y los Riazor Blues

Sin saber nada más, la información contiene los suficientes elementos como para comprender que se trata de un problema serio.
No se trata solo de jóvenes alocados. El muerto tenía 43 años y era violento. ¿O qué hacía en ese grupo?
Segunda deducción: ambos grupos radicales están dispuestos a darse de tortas con los aficionados de otros equipos de fútbol y no tienen límite en su agresividad.

Indagando un poco compruebo que se habían citado por Whatsapp para darse de hostias. No es algo extraordinario. Los grupos violentos de los equipos de fútbol suelen realizar este tipo de quedadas.
Se sabía. Lo sabíamos.

No nos engañemos, los clubesllevan años consintiendo y alentando la presencia de esta gente en sus campos. ¿Motivos? No sé, irán desde cuestiones tan peregrinas como qué animan alequipo, dan colorido o sencillamente tienen acojonados a los directivos. Todas ellas, sean las que sean, inaceptables.

Pero no acaban aquí los consentimientos.

Ayuntamientos, delegados del gobierno, gobiernos autonómicos y central han sido responsables de tolerar que esta gente campe a sus anchas. ¿Quién no ha visto como la policía “custodiaba” a grupos ultras desde las estaciones de tren o autobuses a los campos? Carajo, eso no era, ni es, normal. Nadie protestaba.
En los campos sus consignas transgreden la ley y no ha pasado nada. Son radicales de derecha o de izquierda, me da igual, son violentos.

No puede sorprendernos. En alguna ocasión he podido ver a padres en campos de fútbol comportándose como energúmenos. Niños de seis o siete años jugando con la presión de  padres que actúan como ultras.
Educamos en la violencia, consentimos la violencia, no puede extrañarnos que la violencia llegue al fútbol.

Este deporte ha sido, es, una de las válvulas de escape social. La dictadura franquista lo entendió muy bien y fue pródiga con el balompié. La democracia también lo es. A las pruebas me remito.

Los clubes han dado pelotazos urbanísticos de cuidado. Han recibido ayudas públicas y la mayoría, sobre todo los grandes, están empufados con Hacienda y la Seguridad Social. ¿Cómo se llama a eso?

La violencia interesa al poder, atemoriza a los ciudadanos y sirve de excusa para restringir libertades.

Los ciudadanos debemos exigir que algo tan sencillo como asistir a un partido de fútbol se realice con toda la tranquilidad y normalidad. Y de paso, a los padres energúmenos, contrólense, por favor. En caso de que no sea así, tendrán que empezar a sacar de los campos a estos papas descontrolados.

He visto, en televisión, salir a los violentos del juzgado: un grupo de gente, los suyos imagino, los vitoreaban. Por favor, que se lo miren.

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