31 dic. 2014

Que le den al 2014


Viñeta publicada en La Nueva España, 30 de diciembre de 2014

El 2014 se nos va. Pues bueno. Otro año más que podemos contar.

El muy puñetero ha sido asqueroso. A los problemas que nos creamos cada uno, hemos tenido que sumar los daños que nos infligieron nuestros políticos.
Mi pesar es que se me ha considerado como un daño colateral. He sido una marioneta en manos de una caterva de ineptos y corruptos. Y no ha sido solo este 2014, que en su gloria quede. Nada de eso. Así llevamos… ya perdí la cuenta de los años que llevan jodiéndonos.

Ha sido, el 2014, el año de esos profesores universitarios, indignados, perroflautas y demás ralea, que han convulsionado la vida social y metido el miedo en el cuerpo de los apoltronados. Solo por eso, por el miedo que han inculcado, son bendecidos y elevados a los “altares”.

Tenemos un nuevo Rey, al que alimentaremos y otorgaremos toda clase de bienes materiales e inmateriales, a cambio de nada. Los designios divinos siguen siéndoles favorables, con una pequeña ayuda del PP y PSOE (pequeña pero no desdeñable).

Hemos asistido, un año más, a la desvergüenza de que apliquen un salario mínimo de 648,6 euros. Mientras, nuestros diputados tienen los cojonazos de cobrar doble hasta las dietas en este mes de diciembre.
Los desahucios, los parados, los enfermos crónicos, las mujeres, los pensionistas, los… ¡carajo!... Todos estamos hasta las narices de esas mujeres y hombres que ocupan cargos públicos.

Este 2014 me hizo retroceder en el tiempo, hasta los años inmediatamente posteriores a la muerte del dictador. Hacia aquella España triste, deprimida, en la que las libertades públicas y privadas no existían, es hacia la que nos quieren llevar.

Los poderes económicos son más fuertes que nunca. El Opus Dei ha vuelto a ocupar el Gobierno. Los jueces y fiscales cada día están más presionados para ser meras marionetas (algunos ya lo son).

Los medios de comunicación tradicionales han sucumbido ante el dinero y el Gobierno. Aún nos queda Internet, pero cuidado, ahí también nos encontramos con los pesebreros.

2014 ha batido todas las marcas en cuanto a la aparición de corruptos. Al menos así me ha parecido. No tengo la misma sensación en cuanto a los juzgados y los encarcelados (aquí nadie es culpable y el que lo es y se demuestra, a ese se le indulta).

Por no faltar, tuvimos hasta un Pequeño Nicolás.
Con Nicolasito hemos tenido la evidencia, por si faltara alguna, de que tenemos unos políticos que son tontos del haba.

Dicho esto y lo que me guardo y sabemos, podemos mandar a paseo al 2014.

¿Y el 2015? ¡Ah! eso es otro cantar. Esto igual que a los economistas: hay que preguntarles por el pasado no por el futuro.

Estoy cansado mejor lo dejo.

Las alimañas se revuelcan en sus vómitos y excrementos. Sus guaridas están atestadas de sus  detritus. Se lamen sus heridas mentales y esperan, huraños, a tiempos mejores. Su vileza les hace asomar la cabeza, desconfiados, y raudos vuelven a su lodazal.

En su soledad se regocijan con la futura venganza. Saben esperar.

Por fin, los dioses con pies de barro los han convocado. Las bestias solitarias se reúnen y forman una jauría sedienta de sangre.

Todos se relamen ante la carnicería. La sed del desquite imaginario los junta, forman una manada que tras el festín se disolverá. Volverán a lamer sus heces en lo profundo de sus grutas y allí se deleitarán en sus miserias.

Atacan a su víctima. La sangre les chorrea por las comisuras de sus bocas putrefactas. Los ojos les brillan. Con cada mordisco sanguinolento tienen un orgasmo. Un rictus muestra sus colmillos ajados.

No saben que la víctima, moribunda, lleva la muerte en su cuerpo. Los vencedores tienen su tiempo contado. Cuando vuelvan a sus escondrijos se retorcerán de dolor y se desharán entre sus vómitos y diarreas.
Los que se creían dioses comprobarán que solo son lodo asqueroso.

La víctima sonreirá.

Me cago en…el golpe en la cabeza me despertó. Me había dormido ante el ordenador. Miro lo último que he escrito y no sé si lo escribí dormido. ¿A qué viene todo esto? ¿Desvarío? ¿Premonición apocalíptica? ¿Ingesta alcohólica desmadrada?

Ahí queda.

Lo dicho, al 2014 que le den y en el 2015 les daremos.

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