31 ago. 2015

Los mocasines de otro hombre una novela sombreada de negro



Si alguien pretende encontrar en Walt Longmire,  Los mocasines de otro hombre de Craig Johnson, a un Philip Marlowe no lo va a encontrar.

Por muy grande que sea Longmire - me refiero a su estatura -, por mucho que pese - en kilogramos -, por mucho que sea un héroe de guerra - que así lo describe Craig Johnson -, por mucho que se empeñe, no es Philip Marlowe.

La aparición de una joven asiática asesinada, en el condado de Absaroka, da lugar a una trama en donde se entremezcla la resolución del caso con los recuerdos de Longmire en la guerra de Vietnam.
Por cierto, el condado de Absaroka no existe. Según Wikipedia, es una cordillera en las estribaciones de las Montañas Rocosas dentro del Parque Nacional de Yellowstone.

Este libro está editado por Siruela en 2014 y en la portada consta como subtítulo que es el cuarto caso del sheriff Walt Longmire. Esto viene a cuento de que en Estados Unidos ya han realizado una serie de televisión, que se emite desde 2012, y seguro que el personaje dará para bastante, sobre todo mientras tenga aceptación televisiva. A España no ha llegado pero lo hará, faltaría más.

La novela se lee fácil y no tuve problema en verla en “imágenes”. Es muy peliculera.

Cumple con todos los requisitos: asesinato, intriga, violencia, sheriff con desgracias familiares y problemas para implicarse con una mujer. Ella le quiere, él no sabe no contesta. La típica tontería americana de fidelidad a una muerta que le impide echar un polvo y relacionarse otra vez.

La serie se desarrolla en Wyoming, donde además vive Craig Johnson, región de las grandes llanuras, de indios y vaqueros. Como tiene que cumplir con las minorías, su compañero inseparable es un indio enorme – todo a lo grande - Henry Oso en Pie. Un poco a modo del Llanero Solitario y Toro.

Entre investigación e investigación nos cuela otra que Longmire realizó en Vietnam. Drogas, asesinatos, codicia. Los malos son militares americanos. Bien, vale. La guerra es el escenario pero ahí se queda. No hay una mala palabra. Todo muy limpio. Los malvados lo son en EEUU o en Vietnam. La guerra ¿para qué tocarla? Para nada y por eso no lo hace.

No dándole vueltas la novela contiene esos ingredientes de la clásica novela negra americana de un detective descreído – Longmire no tanto -, impertinente – Longmire poco -, con un sentido personal de lo que está bien y mal – Longmire duda y necesita confirmación de sus allegados -. Vamos, un quiero y no llego.

No falta eso de la violencia, la corrupción o la injusticia. No falta nada y, sin embargo, es una novela “suave” – ya saben: políticamente correcta -.

Otra novela playera. Desde luego Longmire no es un Philip Marlowe.

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