15 may. 2016

¿A quién voto yo?



Desde el 26 de octubre de 2015, con la aprobación y firma del Real Decreto de disolución de las Cortes y convocatoria de elecciones, estamos en campaña electoral. ¿O van a decirme que no?

Hemos pasado unas elecciones, el 20 de diciembre de 2015, tres meses de encuentros-desencuentros estériles, el 3 de mayo se firmó el Real Decreto de disolución del Congreso de los Diputados y del Senado y de convocatoria de elecciones, y ahora seguimos en las mismas que en octubre del año pasado.

¡Estoy encantado! Siete meses en los que primó el interés general de los ciudadanos. Ahora nos piden que votemos con coherencia e ilusión.

Hay que reconocer que algo se mueve.

Podemos e IU, al fin, se dan el sí. Ciudadanos intenta estar en el fiel, lo intenta pero no lo consigue. El PSOE navega en procelosas aguas y el PP naufraga en la Gürtel, Púnica y un sinfín de tramas. Tengo que aclarar que en estos casos de corrupción están implicadas personas que ya no pertenecen al PP o bien que aún no han sido acusadas en firme de nada. ¿Es así el latiguillo? No importa el número. No importa que se apelliden Barberá, Rato, González… No importa nada. Todas las encuestas les dan como ganadores. ¡Oe, Oe, Oe, Oeeeeee!

En primer lugar, nos explicarán cuales fueron las causas por las cuales no llegaron a acuerdos para gobernar el país. Tras estos meses que estuvieron debatiendo cosas muy trascendentes, apelarán a la necesidad de medidas urgentes para sacar al país de la crisis. Nos recordarán las necesidades, muy acuciantes, de muchos ciudadanos.

¡Cuánta razón tienen!

Desde ahora hasta el 26 de junio nos hablarán, por ejemplo, del Plan Nacional de Transición Energética (PNTE) y de un sistema energético descarbonizado. Habrá otros que apelen a la defensa cerrada que han realizado de este sector. Lo veremos. Y eso lo explicarán muy clarito en Asturias y León.

Oigan que nos ilustrarán sobre el gasto público en relación con el PIB (Producto Interior Bruto). Incluso cifrarán una reducción en los servicios públicos generales y al mismo tiempo un incremento en educación, sanidad o prestaciones sociales.

¡Milagro! ¡Milagro!

Estoy seguro que van a reformar las contrataciones temporales y las de tiempo parcial. Es más, si me apuran, hasta caerán las dos reformas laborales.

¡Menudo alivio!

El sistema bancario será otro centro de atención. Nos van a devolver el dinero con que los saneamos e incluso se podrá discutir sobre la necesidad de una banca pública.
¡Me acuerdo de nuestras cajas de ahorros! Hoy son bancos privados con expedientes de regulación de empleo.

Nos contarán que el Salario Mínimo Interprofesional hay que mejorarlo, luego Rosell les recordara a todos que de eso nada. Lo de la renta complementaria es harina de otro costal.

La Ley de Dependencia será dotada con dinero y todas las personas con derecho a ella la cobrarán antes de morirse.

Por haber habrá un cambio constitucional. Unos irán hacia el federalismo. Otros hacia el debate para modificar los marcos políticos, territoriales, económicos y lo que sea menester. Alguno dirá que cuidadín y otro que ni mentar eso de los cambios.

Transparencia, democracia, acabar con la corrupción, con los paraísos fiscales, con la maldad en el mundo, con la pobreza y la desigualdad. Con lo que se les ocurra a ustedes y sobre todo a ellos.

Ya pudimos leer que alguno, parodiando aquello de ¡A las armas, ciudadanos! de la Marsellesa, reconoce que “La gran coalición a la alemana, con Rajoy de presidente era imposible”. Dejó un aviso para el futuro:con Rajoy completamente aislado, Sánchez se ha colocado hábilmente en el centro del resto y ha intentado lo que tenía que hacer, un acuerdo de mínimos con los demás, a su derecha y a su izquierda”.

Dos días después de esta declaración tan centrada se entiende eso otro de “¡Puedo prometer y prometo decencia, puedo prometer y prometo diálogo, puedo prometer y prometo dedicación!”.

Me temo que nos esperan días de muchas salidas de tono, exabruptos y descalificaciones barriobajeras. Las explicaciones, los debates de programas, la ideología y todas esas milongas serán dejadas de lado. Eso no interesa y además aburre al personal.

Los niños están asustados, saben que van a ser objeto de deseo de los candidatos: no hay nada como la imagen de un aspirante a poltrona con un niño.

Tras cuatro años de gobierno del PP y de inoperancia de la oposición, tras cuatro años de esperanza de cambios en los viejos y esperanzas en los nuevos, me veo huérfano. Los despropósitos campan en todos los solares.

¿A quién voto yo?

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