5 ago. 2009

Un sueño se cumplió en Navelgas



Lo normal es que los sueños se queden en la esfera de lo que son: sueños. En el ámbito personal alguno se puede cumplir, si se trata de un deseo colectivo entonces la cosa anhelada se convierte en algo casi inalcanzable. Eso es lo que pasaba con Navelgas.

Hace años, unos pocos vecinos se sumaron a la pasión de la familia Sanfiz y decidieron que eso del bateo de oro podría ofrecer a su pueblo, a Navelgas, alguna oportunidad de salir del anonimato del mundo rural. El resto de los habitantes del concejo de Tineo lo vimos como una excentricidad y no faltó alguna que otra sonrisa. Mientras, ellos a lo suyo. Recorrieron el mundo compitiendo y mostrando que en Asturias, que en España, había un pequeño pueblo en el que había prendido la fiebre del oro. Y así, con mucha ilusión y siempre con un buen fajo de folletos informativos de la tierrina y una gaita, no dejaron de batear en lugares tan remotos como Japón, Australia, Sudáfrica o Canadá.

Lo que había comenzado como el sueño de unos pocos empieza a calar en el resto del vecindario. Primero se organizan campeonatos nacionales, más tarde logran sacar adelante el campeonato europeo y el mundial ya no parece tan lejano.

Los bateadores siguen soñando y trabajando. Manolo Linares y Pedro Queipo son las caras de ese esfuerzo conjunto, tras ellos todo un pueblo. Cuando se confirmó Navelgas como sede del Campeonato Mundial de Bateo de Oro 2008 todos los tinetenses nos empezamos a dar cuenta de lo que habían conseguido. Aquellas lejanas sonrisas escépticas se transformaron en sonrisas de satisfacción por ellos, y también en algo de sana envidia. Lo habían conseguido. Más adelante vendría la prueba del nueve ¿serán capaces de sacarlo adelante?


La duda se aclaró con el desfile inaugural del campeonato. Todo salió muy bien. Sin alharacas costosísimas, sin grandes montajes escénicos, sin prestigiosos directores de escena -ni falta que hicieron- todo fue perfecto. Los participantes disfrutaron y se les notaba, el público también se lo pasó muy bien, si es que hasta los discursos oficiales fueron cortitos y ajustados. Y lo más importante, los vecinos de Navelgas casi se pelean por participar.


A lo largo de una semana Navelgas acogió a participantes de veinte países y todo se desarrolló en una armonía total. La organización funcionó y los elogios fueron continuos. Pero nada podía fallar, los vecinos de Navelgas, todos ellos, de una forma u otra colaboraron para que ese sueño colectivo fuese igual que un cuento de hadas y lo consiguieron, vaya que si lo consiguieron.




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