4 ago. 2009

Una gran decisión en manos de doce “hombres y mujeres sin piedad”


Todos llegan con el semblante serio. No es para menos. Van a tomar una decisión que afecta a otros; será su primera vez y sabrán lo que es la responsabilidad.

Son las once y los doce jurados han sido puntuales. Ellas son cinco, ellos siete. Luce el sol y la mañana es tibia, solo un persistente y molesto aire va a enturbiar el recorrido.
Papel, bolígrafo en ristre y mirada escrutadora. Esas son las herramientas de los doce. Las órdenes fueron claras: cada uno a lo suyo; la opinión de los demás no cuenta; juzgar con imparcialidad. Los doce se lo toman en serio y en el deambular tienen tiempo para hablar de sus cosas, pero solo de sus cosas: mira, esto está bien, en casa estaba aburrido.

De vez en cuando alguno pregunta y otro miembro del jurado da su explicación. Ellas inician el recorrido en primer término, ellos detrás. Solo Diego deambula de un lado para otro. No tiene parada. Mira, habla con una, después con otro, pero quieto lo que se dice quieto, no está ni un segundo.
Ellas, más reflexivas, comprueban todos y cada uno de los detalles. Uno de los jurados, celoso de sus notas, las protege contra su cuerpo. Es su secreto, su opinión.

Según avanzan, su presencia genera incertidumbre y la mayoría de los juzgados salen a saludar. El jurado a lo suyo. Hay quien no resiste la tentación e intenta un soborno. Pero no hay trato. Los doce se mantienen firmes y unidos. Ninguno cae en la tentación.
Ahora son ellos quienes encabezan el grupo. Por la parte de atrás se entremezclan ellos y ellas, la rigidez inicial del grupo se va rompiendo.
38 casos y un solo veredicto favorable.

El recorrido es largo y la tensión hace que los doce tengan que reponer fuerzas. Una parada y un frugal ágape. Unos pocos comentarios sobre lo que están juzgando pero inmediatamente pasan a hablar de lo suyo. Las viandas relajan el estrés acumulado. Once se decantan por sólidos bocadillos de jamón y chosco, solo uno se dedica a las chucherías. McDonald´s no puede competir con los productos de Tineo, que más quisieran ellos. Donde esté el chosco y el jamón de estas tierras que se quite ese plástico llamado carne. Las bebidas consumidas, bioenergéticas. Han perdido muchas sales corporales.

Tras finalizar la valoración, todos para el salón de plenos del Ayuntamiento. Llega la hora de la verdad. Los doce escolares, seis del Colegio Público El Pascón y otros seis del Colegio Público El Verdeamor, van a ser los encargados de juzgar y decidir quien de los 38 comerciantes de la villa de Tineo se lleva el premio del mejor escaparate del carnaval 2008. La temática, decidida por la Asociación de Comerciantes, fue los cuentos infantiles. Todos ellos optan a la placa y la noche de estancia en el Hotel La Casona de San Andrés. Solo puede haber un ganador y la mayoría se ha esforzado, pero serán estos doce jurados, los doce sin piedad, los que determinen el ganador. Nadie ha podido comprarlos, nadie ha influido en ellos, ¡menudos son para dejarse convencer!, y al final el ganador fue… el video Club Sira por su recreación del Libro de la Selva.
El veredicto es inapelable. Los doce han decidido.

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