3 feb. 2010

Una feria con nostalgia: San Blas en Tuña


Tuña acogió la primera de las ferias ganaderas que se celebran en el concejo de Tineo.
Aunque el sol brilló desde primeras horas de la mañana, el frío y la helada fueron motivo de comentario entre los asistentes. Y es que la Feria de San Blas, en la patria chica del general Riego, sigue siendo un punto de encuentro entre los vecinos del concejo y visitantes llegados de los limítrofes.

Cuando las ferias condicionaban gran parte la vida de los ganaderos y su economía dependía de las ventas del ganado vacuno, la Feria de San Blas era la que marcaba la pauta de los precios anuales. Hoy nada tiene que ver con aquellos tiempos y, aunque algunas transacciones se siguen realizando, es más una disculpa para encontrarse que para la compra-venta.

La iglesia de Santa María, el monumento a Riego y la placa conmemorativa de la designación de Tuña como Pueblo Ejemplar son testigos de ventas, de regateos y de clamores sobre el precio de la leche o la carne. Extraño maridaje: Dios, República y Monarquía. Una trinidad que observa como antiguas tradiciones se conservan y se mantienen. Esta feria es, en el fondo, la primera disculpa del año para seguir manteniendo una forma de vida que está a punto de fenecer.

Las compras y las ventas con ser importantes, aún no lo son todo. Los ganaderos viven en una crisis permanente y no les aterroriza su situación como a esos financieros avariciosos que nos han metido en esta crisis. Los ganaderos son de otro pelaje.
No hubo mucho ganado, pero los terneros expuestos fueron vendidos. Aunque con los lógicos lamentos, el precio de venta parece que fue razonable. Según se rumoreaba por la plaza, y estas cosas funcionan así, una novilla, preñada, fue vendida por 340.000 pesetas. En estos negocios las pesetas viven en perfecta armonía los euros, todos se entienden sin necesidad de una eurocalculadora.

Como no podía ser de otra manera, los caballos estaban presentes. Ya no hay feria en la que los equinos no hagan acto de presencia. Seguramente en ellos hay un buen negocio que en muchas ocasiones pasa desapercibido.
La feria se completó con puestos de venta ambulante en los que se podía adquirir desde unas madreñas a unas casadiellas, pasando por ajos, o como no, unas naranjas. Y es que a esta feria hubo quien la bautizó como la feria de las naranjas, pues hace años siempre estaban presentes varios puestos de venta de naranjas y los asistentes volvían a sus casas con una bolsa de esta fruta, que por aquellos años no era tan asequible.

Hoy no era día festivo, el frío era considerable, pero todo ello no restó protagonismo a este tradicional encuentro. Fue un buen día para acercarse a Tuña, los otros 364 días del año también lo son.

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Una feria con nostalgia : San Blas en Tuña by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.

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