24 oct. 2016

Falcó, un duro que al final se ablanda



Vale, no quiero chafar a nadie el libro, pero al final Falcó se ablanda.

Después de la gran publicidad que le están dando ya saben de quién les hablo: Falcó, el protagonista de la última novela de Arturo Pérez-Reverte.

¡Anda que no está apareciendo Pérez-Reverte en radios y televisiones! Y hace bien. Este hombre sabe vender sus novelas. Y hace bien.

Son 291 páginas que se leen de un tirón. Coges un poco de carrerilla y va de una o dos sentadas. Me entretuvo. ¿Lo recomiendo? Ya sabemos lo que nos ofrece el autor. Sí, lo recomiendo. 

Oigan, que con eso de ya sabemos lo que nos ofrece quiero decir aventuras bien contadas, historia bien documentada, lectura amena. Dicho esto, reitero que es una buena lectura para una tarde otoñal de domingo.

Antes de que se me olvide, la imagen de la cubierta, de David Sutherland, me gusta mucho. Me recuerda al duro, durísimo, de Humphrey Bogart.

Pues resulta que Falcó es un espía, y excontrabandista de armas, sin escrúpulos. No teme a la muerte. Mata y acepta ser matado – a poder ser prefiere la muerte de los demás -. La novela se desarrolla en los primeros meses de la Guerra Civil española. Para más detalles, ya saben, léase el libro.

No hay margen para la intriga. El entramado histórico está claro y no da lugar a dudas o mal entendidos. Sabemos lo que pasó y cómo acabó nuestra última fratricida guerra. Hay un pequeño misterio que, a poco que se esté atento, se puede descubrir.

La historia se desenvuelve ágil en un contexto terrible, que no por conocido resulta inverosímil o cansino.

La ajetreada vida de Falcó da pie a Pérez-Reverte para ofrecer pinceladas de la historia guerrera de la Europa de inicios del siglo XX.

Falcó además de duro es guapo. Mujeriego impenitente de los que además tienen éxito. Puede encontrarse en situaciones complicadas, tanto como de vida o muerte, que estando al lado de una mujer no pierde ocasión.

Arturo Pérez-Reverte reparte maldades y bondades entre los rojos y los fascistas. Ni el bien ni el mal están en uno u otro lado. Las personas son buenas o malas, creen en algo o en nada. Falcó cree en sí mismo, aunque no siempre.

La historia está contada de tal manera que no me produjo rechazos. Ni filias tampoco. La equidistancia del autor surte efecto. Con la Guerra Civil suelen aflorar nuestros instintos más primarios, pues en esta ocasión no. Si es que hasta Falcó genera cierta simpatía.

Al final ya verán cómo este duro tiene su corazoncito.

El autor ya ha contado que piensa dar más cancha a Falcó en uno o dos libros.

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