23 oct. 2016

Patria, memoria del dolor


Hay libros que se basan en la realidad y algunos, como Patria de Fernando Aramburu, que están pegados a la realidad. No es un ensayo, no es un libro de Historia, es una novela que supura dolor, sangre.

Me removió unos recuerdos nunca olvidados. No tengo muy claro que los más jóvenes conozcan la historia reciente del País Vasco y ETA. Que no solo es suya, es de toda España ya que los muertos y las políticas que se generaron por la situación que allí se vivía - ¡que ironía! - nos afectaron, y lo sigue haciendo, a todos.

Lo explican muy bien Xabier y Nerea (unos de los protagonistas), hijos de Txato:

-          Algún día no muy lejano pocos recordarán lo que pasó.
-          No te hagas mala sangre, hermano. Es ley de vida. Al final, siempre gana el olvido.
-          Pero nosotros no tenemos por qué ser sus cómplices.
-          No lo somos. Nuestra memoria no se borra con agua a presión. Y ya verás como nos echan en cara a las víctimas que nos negamos a mirar hacia el futuro. Dirán que buscamos venganza. Algunos ya han empezado a decirlo.

Estaría bien que se acercasen a Patria aquellos que hablan de democracia, de fascismo, de lucha. Son 646 páginas bien empleadas. Ya sé que son algo más de 140 caracteres, así y todo lo recomiendo. Después pueden contrastar lo que se cuenta en otros libros y medios de comunicación que tienen al alcance de un clic.

Más de ochocientas personas fueron asesinadas por ETA. Más de 800 personas ¿para qué? Joxe Mari, otro de los protagonistas y activista – así eran denominados eufemísticamente los miembros de ETA – llega a una conclusión:

¿Y cuál era la verdad? Cuál va a ser. Pues que había hecho daño y había matado. ¿Para qué? Y la respuesta le llenaba de amargura: para nada. Después de tanta sangre, ni socialismo, ni independencia, ni pollas en vinagre. Abrigaba la firme convicción de haber sido víctima de una estafa.

Ya sé que habrá quien lo siga justificando, yo no podía ni puedo entender aquella sangre. Tampoco puedo entender el papel desempeñado por la Iglesia vasca.

Don Serapio, el cura de la novela, pone voz a lo que leímos y escuchamos a más de uno en los años 80 del siglo pasado:

Y a los vascos nos hizo [Dios] como somos, tenaces en nuestros propósitos, trabajadores y firmes en la idea de una nación soberana. Por eso me atrevería a afirmar que sobre nosotros recae la misión cristiana de defender nuestra identidad, por tanto nuestra cultura y, por encima de todo, nuestra lengua.

Y si había que justificar se justificaba todo:

Y son los mismos que nos maltratan los que luego hablan de democracia. Su democracia, la suya, la que nos oprime como pueblo. Por eso te digo yo, con el corazón en la mano, que nuestra lucha no sólo es justa. Es necesaria, hoy más que nunca. Es indispensable, puesto que es defensiva y tiene por objeto la paz.

Podría resumirse en Dios, Patria y ekintzas.

No son inventos de Fernando Aramburu. No hay más que buscar declaraciones del entonces Obispo de San Sebastián (de 1979 al 2000) José María Setién.

En esa misma senda de exculpación se movió Xabier Arzalluz, presidente del Partido Nacionalista Vasco entre 1980 y 2004. Fue sacerdote de la Compañía de Jesús, en 1970 lo dejó y se dedicó a la política.
Xabier Arzalluz denominó, en alguna ocasión, a los etarras como chicos descarriados.

¿Y cómo olvidar a Joseba Egibar? Imposible.

Me resulta difícil hablar del libro. Demasiados tristes recuerdos.

Me veo en las calles de Bilbao, allá por los años 80, cuando a las diez de la noche ya casi no veías a gente por las calles. Miradas huidizas. El miedo estaba presente. Eso no era vida.

El libro tal vez se justifique - ¿lo necesita? – en este párrafo:

Asimismo escribí en contra del crimen perpetrado con excusa política, en nombre de una patria donde un puñado de gente armada, con el vergonzoso apoyo de un sector de la sociedad, decide quién pertenece a dicha patria y quién debe abandonarla o desaparecer. Escribí sin odio contra el lenguaje del odio y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias.

Patria es una novela para reflexionar, para aprender. Sin odio, sin afán revanchista, pero también para que el tiempo no entierre lo sucedido.

Su final, quiero creer, es el principio de otra forma de vivir en el País Vasco:

El encuentro se produjo a la altura del quiosco de música. Fue un abrazo breve. Las dos se miraron un instante a los ojos antes de separarse. ¿Se dijeron algo? Nada. No se dijeron nada.

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Patria, memoria del dolor by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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