7 nov. 2016

Naciones y nacionalismos: dioses útiles


Dioses útiles: naciones y nacionalismos es el título de un libro de José Álvarez Junco. Son muchos los que han cuasi divinizado algo tan prosaico como es el concepto de nación y el autor, mediante la Historia, intenta clarificar su origen.

De su lectura queda clara que la idea de nación ha estado unida a la religión. Ambas, nación y religión, están soldadas y conforman una superestructura simbiótica.

El profesor Álvarez Junco recoge una afirmación de Michael Billig (científico social británico) que puede resultar bastante ilustrativa sobre esto del nacionalismo:

“El nacionalismo por un lado, cultiva una identidad primordial, que se presenta como antigua, familiar y protectora. Y por otro, se pone al servicio de una estructura política actual, moderna, que posee ejércitos y armamentos; y predispone a utilizarlos, es decir, ayuda psicológicamente a tomar decisiones bélicas”.

Decirle esto a un nacionalista es tener la discusión garantizada. Tienen una visión bastante, muy, idealizada de su nación y rebatirán desde posturas nacional sentimentalistas.

Lo que parece claro es que una nación lo es, entre otras razones, en tanto en cuanto se diferencia de las demás, e incluso a causa de los enfrentamientos y agravios que padece – reales o inventados -.
Opresión, agravio, explotación, incomprensión, derecho a decidir, falta de libertad, etc., forman parte del argumentarlo nacionalista. Y yo no digo que no se sientan así, e incluso que en algunas ocasiones no tengan razón.

Yo, por el mero hecho de ser un ciudadano que vivo en un país democrático - de los del primer mundo – me siento agraviado, exprimido y no sé cuántas cosas. Mi padre lo fue aún más y no les cuento mi abuelo. No hablemos de la situación de las mujeres.

¿En qué quedamos? ¿Es cuestión de naciones o no? ¿No será otra cosa? Para nada, no piensen en eso tan obsoleto de las clases. Eso es algo trasnochado. Por cierto, se han dado cuenta de que a la par que se enterraron las clases – que existir existen – se han ido intensificando los nacionalismos, muchas veces con tintes fascistoides, y la globalización.

Leyendo Dioses útiles se pueden aclarar, al menos, el desarrollo histórico de los nacionalismos en Inglaterra, Francia, Alemania…y también en España. No se deja en el tintero al nacionalismo vasco, catalán o gallego, ni, incluso, al andaluz. Creo que en ese trayecto histórico hay poco que discutir. Luego podrán llegar las pasiones, el ideario político de cada cual. Y ahí empezará la trifulca.

No lo he dicho: es un libro que se lee bien. Creo que es adecuado para cualquiera que quiera acercarse al tema del nacionalismo desde la Historia.

Álvarez Junco nos recuerda que esas tradiciones que parecen tan arraigadas a la patria, desde la noche de los tiempos, no dejan de ser inventos, sí inventos, de hace cuatro días.

Nos explica, por ejemplo, que en 1918 el gobierno de Maura decretó la “Fiesta de la Raza”. Cuando hubo que elegir una fecha para la fiesta nacional se decidieron por la del doce de octubre, y eso por dos motivos: uno, para conmemorar la llegada de Colón a América y dos, para celebrar la aparición de la Virgen al apóstol Santiago en Zaragoza, o lo que es lo mismo, la cristianización de España.

Otro ejemplo esclarecedor.

El 30 de mayo de 1919 Alfonso XIII consagró a España al Sagrado Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles, cerca de Madrid. Buscando por Internet se pueden ver fotografías del acto. Son muy clarificadoras.

En el solar patrio siempre ha ido de la mano la exaltación nacional con la devoción religiosa. En estos momentos se puede recordar a Franco entrando bajo palio.

Los nacionalismos, tal y como hoy los conocemos, tuvieron su arranque en el siglo XIX. Los argumentos esgrimidos, en muchas ocasiones, son míticos, ahistóricos o simplemente mentiras y con esos mimbres hemos llegado a la actualidad. Y la verdad, intentar justificar planteamientos políticos actuales sobre esas bases me parece poco riguroso. No necesitan justificarse con esos dioses útiles.

Volviendo al nacionalismo españolista, Primo de Rivera se empleó a fondo para inculcar la idea de nación, de patria. Apoyó la celebración anual de la Fiesta de la Raza; en su mandato se celebró la Exposición Iberoamericana de Sevilla, y allí se construyó la Plaza de España que hoy conocemos; en Barcelona la Exposición Universal de Barcelona y se erigió la Plaza de España y el “Pueblo Español”.

La publicidad nacionalista lo inundó todo: sellos de correos, billetes de banco, cajas de papeles de fumar, almanaques…todo apareció decorado con alegorías patrias o con escenas tomadas de cuadros la pintura histórica de la segunda mitad del siglo XIX.

Álvarez Junco nos explica este nacionalismo español como un movimiento favorable a una política autoritaria, imperialista y antiliberal. Sería, según el autor, el que luego se opuso a la Segunda República. Un nacionalismo alejado de los regeneracionistas y que en cambio ofrecía una imagen popular y optimista, apoyada en un folclore superficial y una religiosidad ritual tradicional. Y aquí entraría el espectáculo de los toros. Por cierto, les recuerdo que en 2013 el Partido Popular aprobó que las corridas de toros formen parte del Patrimonio Cultural.

¡No hay nada como mantener las tradiciones!

Si nos acercamos a esos otros nacionalismos peninsulares podemos vislumbrar sus pilares históricos.

En el caso catalán José Álvarez Junco nos resume sus cimientos: el excursionismo, el canto coral, el baile de la sardana, el himno Els Segadors, la barretina y por encima de todo, el culto a la lengua.

Por cierto, la sardana hasta 1890 era casi desconocida y en unos veinte años se convirtió en danza nacional. Els Segadors, tal y como se conoce hoy, es de 1899. Y es que el siglo XIX y principios del XX fueron los momentos de creación y consolidación de las teorías nacionalistas.
En aquellos incipientes nacionalistas catalanes también cupieron las teorías racistas. Cosas de la época ¿o no?

En 2011 el candidato de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, ¿se acuerdan de él? denunció que “Cataluña no está justamente tratada en materia de su aportación fiscal al Estado” y añadió que “en otros sitios de España, con lo que damos nosotros de aportación conjunta al Estado, reciben un PER para pasar una mañana o toda la jornada en el bar del pueblo”.

¡Vuelta a fines del XIX!

Es curioso cómo estos nacionalistas siempre se refieren al Estado o a España, el término nación se lo guardan para designar a su nación.

Ya puestos a rememorar, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) nació en 1974 de la mano de Jordi Pujol - el de la herencia en Andorra y sus cositas familiares - y Miquel Roca Junyent, el abogado de la infanta Cristina.

Casualidades de la vida.

Podríamos evocar, por aquello de nación-religión, los peregrinajes de Pujol y otros conspicuos nacionalistas a Montserrat.

Para hablar del nacionalismo vasco nos tendremos que remontar al patriarca Túbal, nieto de Noé, que recaló por esas tierras que hoy forman Euskadi. El gran patriarca vasco, Sabino Arana, la denominaba Euzkadi.
Al recordar a Sabino Arana Goiri (1865-1903) debemos mencionar que se educó en una familia carlista y estudió en un internado jesuita. Para él la identidad vasca se forma a partir de la religión y la raza, no de la lengua.

El PNV adquirirá su relevancia en la Segunda República. Luego la Guerra Civil, el exilio. En 1959 surge ETA y esa historia ya nos la conocemos.

Con la llegada de la democracia el nacionalismo vasco tuvo su cara más representativa en Xabier Arzalluz. Otro personaje educado en el carlismo y que realizó estudios eclesiásticos. Fue presidente del PNV entre 1985 y 2004. Personaje duro, intransigente.

Álvarez Junco nos dice: 

Debemos catalogar el caso vasco como el de un triunfo verdaderamente espectacular de una invención de la identidad y de la tradición hoy asumida no sólo por la comunidad nacionalista sino por la mayoría de la sociedad  vasca.

Con el fin de ir acabando, y refiriéndome al cuarto gran movimiento nacional dentro de España, el gallego, me voy a la consideración final del profesor Álvarez Junco: 

En el caso gallego hay datos étnicos sobrados para construir una identidad nacional: un reino medieval, una lengua, un territorio bien definido, un problema social alrededor de los foros, unos niveles de renta inferiores a la media española – hecho que puede presentarse como consecuencia de la explotación o dependencia colonial -…Y, sin embargo, no ha surgido un nacionalismo reivindicativo o secesionista con suficiente potencia como para plantear graves problemas a los gobiernos españoles.

En una democracia cada uno pueda ser lo que quiera, la reglas son claras. Sean nacionalistas, independentistas pero sin mentir. Proclámenlo a los cuatro vientos, intenten lograr sus objetivos pero desde la realidad de hoy, con los criterios de hoy y no con rancias monsergas que además son mentiras.

Con los nacionalistas siempre me queda una duda: ¿en un referéndum incluirían la renuncia a la nacionalidad española? Es que si no es así sería trampa.

Dioses útiles: naciones y nacionalismos es un buen comienzo para repensar esto de los nacionalismos, del tamaño que sean.

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