13 abr. 2018

El diamante Cristina Cifuentes

Vamos a poner claras las cosas: Cristina Cifuentes tiene razón. No está imputada y no falsificó su currículum.

De momento, no está imputada ni por la historieta del máster ni por otra causa. Eso sí, el juez que lleva el caso Púnica no archiva la causa contra la que fuera jefa de los Servicios Jurídicos de la Asamblea de Madrid por la adjudicación del contrato de restauración y cafetería de la Cámara madrileña al empresario Arturo Fernández. En esa adjudicación participó Cristina Cifuentes. Para los acólitos, de momento no lo está.

Tampoco falsificó su currículum... ¿o sí?

Cristina Cifuentes empezó su carrera política muy joven, a los dieciséis años, allá por 1980. Ya sabemos lo absorbente que es ese trabajo. Hacerse un currículum profesional supone un esfuerzo añadido. Es tan complicado que son muchos los políticos que ante la dificultad que significa compaginar uno y otro se han decantado por lo más lucrativo: la política. En ella sólo es necesario ir ascendiendo en la escala de Mohs.

Sigo. Cifuentes consiguió su primer cargo público en 1991. Ya le debieron ver maneras.

Según informa eldiario.es la Asamblea de Madrid edita cada cuatro años un libro en el que se recogen detalles de la legislatura y quiénes son los diputados que la han formado y allí se expone una biografía de cada uno de ellos. Pues bien, según este periódico digital –y no ha sido desmentido- el currículum de Cristina Cifuentes mutó unas cuantas veces.

Los acólitos podrán decir que eso no es delito. Cierto, pero raro es un montón. La cuestión está en cómo llegó a hacerse con ese currículum.

Tras la primera denuncia de eldiario.es Cifuentes apareció en Onda Cero y en 13TV. Eso sí, lo hizo tras la rueda de prensa del rector de la URJC (Universidad Rey Juan Carlos), Javier Ramos, el catedrático Enrique Álvarez y el profesor Pablo Chico. Basándose en esa rueda de prensa, al día siguiente, en vídeo nocturno, volvió dar sus explicaciones y enseñó unas actas.

Por favor, ¡qué vídeo! A los acólitos seguro que les encantó y aplaudieron a rabiar. A mí me dejó maravillado. El tono de voz, la forma prepotente de explicarse… ¡qué digo! la chulería con la que habló me dejó claro que tiene una cara más dura que un diamante. La frasecita cantarina y empalagosa “A los que queréis que me vaya, no me voyyy, me quedooo, me voyy a quedarr, voy a seguir siendo vuestra presidenta” me pareció impúdica.

Al igual que el diamante, Cristiana Cifuentes creo que tiene defectos estructurales y que su tenacidad no le servirá de nada.

Tras un prolongado silencio llegó su comparecencia en la Asamblea de Madrid. Desbordó chulería. Puso en marcha el ventilador y los suyos disfrutaron con sus respuestas. La aplaudieron con entusiasmo. No les importaron los datos que se habían ido descubriendo. Cómo les pareció escasa la claque que tienen en la Asamblea remolcaron más de treinta alcaldes a los que se unieron varios portavoces del PP. Fue un espectáculo… vergonzoso.

Días más tarde asistimos a otro acto de “desagravio” con Cristina Cifuentes. La convención del PP en Sevilla. Allí los militantes del Partido Popular puestos en pie ovacionaron la mentira, el despropósito y tal vez el delito. Me resultó triste y patético.

Las informaciones contrastadas, las declaraciones del propio rector de la URJC, las de Enrique Álvarez, las afirmaciones de las profesoras que confirmaron, ante la policía, que sus firmas estaban falsificadas no les importan. Joder, el presidente del PP de León, Juan Martínez Majo, dijo: “Vale, no tiene el máster. ¿Cuál es el problema?” Así, con dos cojones, y se queda tan tranquilo. Todo fue un montaje, claro.

Cada día surge algo nuevo. Se descubrió que diputados de otros partidos han mentido sobre su currículum y al PP se le abrieron los cielos. Los acólitos hacen bien en criticarles esa mentira. Oigan, no pierdan de vista que Cristina Cifuentes fue participe lucrativa, como gusta decir ahora, de algo presuntamente ilegal. Sabe que no se presentó a nada, que le han regalado un máster por ser quien era. No es solo una mentira en un currículum, es mucho más.

La URJC cada día lo deja más claro y ella sigue ahí, echando balones fuera. La universidad ha suspendido al “director” del dichoso máster, Enrique Álvarez, pero no pasa nada. Todo ha sido culpa de la universidad, eso dicen los acólitos y la propia Cifuentes. Y no se cortan. Por cierto, ¿y el rector de la URJC a qué espera para dimitir?

A pesar de las informaciones que conocemos, con los datos ofrecidos por la propia universidad, sabiendo que el caso ya está en la fiscalía, con todo eso y más, el gobierno de M. Rajoy no tiene opinión sobre si Cristina Cifuentes debe o no dimitir. Así lo afirmó, hoy 13 de septiembre, el ministro de Educación y portavoz Íñigo Méndez de Vigo. Hay que tener mucho morro. Es impresentable. ¿Se creen que somos gilipollas?

A estas alturas solo los que tienen algo que perder o los que esperan ganar algo, dentro del PP,  pueden creer a Cristina Cifuentes. El despropósito, las mentiras, la desfachatez es de tal envergadura que están dispuestos a cargarse el prestigio de esa universidad. Les importan un pimiento los alumnos y los profesores que cumplen con sus obligaciones.

La democracia española necesita mirárselo, todos debemos mirárnoslo. El Partido Popular hace mucho tiempo que estaría fuera del gobierno en Alemania, Francia, Inglaterra… aquí sigue por obra y gracia de los votos y de su imperturbable desvergüenza.

Ah, para que no queden dudas: todos los que mintieron, me da igual el partido, son también unos desvergonzados y deben dimitir ya. No esperen a que lo haga Cristina Cifuentes.

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