8 may. 2018

La investigación inquietante


Intranquilos, exhaustos, ¿han vuelto así a la consciencia alguna vez? ¿Nunca se han despertado de esa manera? ¿Todo es soñar dentro de un sueño? ¿Somos meros títeres en una ficción? ¡Quién sabe! Pues en ese terreno se mueve La investigación de Philippe Claudel.

No se investiga nada. ¡Qué digo! Se investiga todo. Es un acto de introspección personal y social en una realidad deformada, o no tanto. Es fábula onírica. ¿Existe eso? Desasosiega. Nos introduce un mundo gris, cerrado sobre sí mismo pero al tiempo muy humano. Tan humano como los sueños.

Como dice Claudel “A menudo tratamos de comprender lo que se nos escapa con los términos y conceptos que nos son propios. Desde que se distinguió del resto de las especies, el hombre no ha dejado de medir el universo y las leyes que lo rigen con la vara de su mente y las imágenes creadas por ella, sin percatarse de las limitaciones de su enfoque”. Pues ni más ni menos en ese berenjenal te puedes meter al leer La investigación.

El Investigador, así se denomina al protagonista, intenta desentrañar las causas de los suicidios producidos en una gran empresa, algo que se le complica hasta el paroxismo. La Empresa lo puede todo, lo absorbe todo: “Además, en el mundo actual se habían convertido [las empresas] en una especie de nebulosas a las que se añadían filiales como si fueran satélites; las deslocalizaban, las relocalizaban, creaban ramificaciones, arborescencias lejanas y raicillas, y enmarañaban las participaciones, los activos y los consejos de administración en tramas tan enrevesadas que no había manera de saber quién era quién y qué hacía cada cual”.

El Investigador se ve inmerso en “una pesadilla que parecía no terminar y de un realismo diabólicamente refinado, complejo y retorcido, sí, pero pesadilla, al fin y al cabo”. Y eso que “la vida real, que siempre le había parecido una sucesión monótona y agradablemente aburrida de repeticiones, mostraba quizá, bajo cierta luz o en determinadas condiciones, aspectos insospechados, angustiosos, incluso trágicos”.

Los personajes carecen de nombre, que no de identidad. Cada uno es lo que es por lo que hace. Se podría decir que son seres en esencia, despojados de algo tan individualizador  como es el nombre. En palabras del Psicólogo, que es Psicóloga, el Investigador “ve a la gente y al mundo como un sistema impersonal y asexuado de oficios, de engranajes, un gran mecanismo sin inteligencia en el que esos engranajes intervienen e interactúan con el único fin de hacerlo funcionar”. Ese es el mundo que describe Philippe Claudel. Tal vez el propio autor tiene algo, o mucho, de investigador.

¿Puede definirse cómo una novela existencialista? Tal vez: “Mucho más allá del hambre y la sed, mucho más allá del tiempo, cuyo paso ya no conseguía medir, cada vez más consciente de su relatividad demostrada, mucho más allá de las puras cuestiones de identidad –¿quién era en realidad?-, el Investigador palpaba poco a poco el vacío en el que flotaba y del que estaba hecho. ¿No se había convertido él mismo en una materia enfrentada a una antimateria en expansión? ¿No avanzaba –despacio o a toda velocidad, eso era lo de menos- hacia el agujero negro que iba a tragárselo?”.

¿La investigación puede verse como una crítica social? Pues también: “El Investigador, que siempre se había creído único, empezaba a comprender la enormidad de su error, y eso le aterrorizaba”. El protagonista asume que “escapar de la inercia de la Multitud, salir de la masas, volver a ser un individuo aislado, único” es imposible.

Las rutinas aprehendidas o impuestas pueden conducirnos a comportamientos muy humanos y poco deseables: “Lo curioso es comprobar que la desgracia es un peso que acaba haciéndose bastante liviano a medida que se agrava o se extiende. Ver morir a un hombre es muy desagradable. Casi insoportable. Ver u oír morir a millones diluye el horror y la compasión. Uno pronto se da cuenta de que ya apenas siente nada. La emoción está reñida con la cantidad”.

El desenlace sorprende. Todo se reduce a un ¡clic! y después nada. ¿O sí? Nada.

La novela oprime a la vez que te expande el pensamiento. Se lee con detenimiento e inquietud. Sí, me gustó. ¿La recomiendo? Sí. No va a ser un best seller.

Oigan, no me hagan ni caso. Léanla. La tendrán disponible en su biblioteca pública o librería preferida.

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La investigación inquietante by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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