4 may. 2018

Vidas de perros duros que no bailan


Enterado quedo: Los perros duros no bailan. Oigan que lo dice Arturo Pérez-Reverte y cualquiera se atreve a discutírselo. No seré yo el osado. Ese es título de su último libro. 160 páginas escritas en un mes, de verano para más señas. Así al menos lo cuentan. Demostración palpable de que conoce el oficio de escribidor de historias, a lo cual le suma el saber venderlas. ¡Y menudas envidias genera!

Doy por sentado que le gustan los perros.

Canes con estereotipos humanos son los protagonistas que se ven inmersos en una trama de amistad, valor, sangre y venganza. Nada de estereotipos, es una personificación en toda regla y a saber si una alegoría. Por ahí deben andar los tiros – que ni pintado le viene a Pérez-Reverte – ya que este recurso literario le ha servido como coartada para escribir con una libertad que de otro modo no habría tenido.

A mí no me miren, lo dijo don Arturo.

Aunque bien pensado ¿coartada para escribir con libertad? ¿Pérez-Reverte? Ná, es una boutade. A don Arturo a estas alturas le importa un pito lo que digan tirios o troyanos y las redes sociales le resbalan. Está en su línea de articulista: directo, provocador, en ocasiones un poco faltón. Nada nuevo. Hay que vender. No tengo nada que objetar.

Eso de la prosopopeya puede llevar a pequeñas contradicciones casi inevitables: “… o una guerra de ésas, con biografías de un tal Hitler – que por lo visto la lió buena hace tiempo - … En la mía no cabe cambiar de camino por un perro neonazi”. No conoce a Hitler pero sabe lo que es un neonazi.

En ese mundo canino cabe todo: “Yo, por raza y apostura, soy un perro más bien de derechas, ya sabes. Liberal-conservador…”

Sin problema, es una novela y la libertad de creación ante todo.

En esta ocasión el prototipo de personaje perezrevertiano – duro, leal, macarra, violento, terco y en ocasiones machista – es un perro mezcla de mastín español y fila brasileño, llamado Negro.

Se puede decir que don Arturo al tiempo que humaniza a los perros animaliza a los humanos. Pero cómo no hay nada perfecto, perdón don Arturo, hasta estos animales portan los pecados más humanos.

Pues nada,  un trabajo fructífero para estar escrito en el sopor de la canícula, y en treinta días. Eso sí, hay frases que aprovechando la coyuntura quedan bastante feas y me deja con las dudas de su verdadera intención. Eso lo sabrá el autor, don Arturo, y que yo no me atreveré a interpretar.

Las opiniones se forman con la lectura. Lo encontrarán en su biblioteca pública o librería preferida.

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