18 jul. 2016

Hippy Market



El tiempo, el control del tiempo, ha sido siempre una obsesión del ser humano. Detenerlo, retroceder o avanzar en él ha sido motivo de elucubraciones científicas, literarias o cinematográficas. Da igual, los intentos han sido infructuosos. El devenir resulta imparable y, finalmente, fatídico.

El intento de recrear un pasado puede resultar, además de anacrónico, absurdo o ridículo. Sin embargo, hay emulaciones simpáticas y agradables.

Si nos hablan de un mercado jipi no nos extraña demasiado. Tampoco debería.  Hemos llegado a aceptar como “buenos” esos que llaman mercados medievales.

En fin, un falso historicismo a disposición de la economía.

De aquel movimiento libertario poco queda. Sucedáneos sí, patas negras, algunos. El tiempo, siempre el tiempo, se los ha llevado por delante.

Queda algún vestigio de última hora que puede distinguirse – y no son pruebas definitivas – por los pendientes, tatuajes, la forma de vestir o el canuto en la mano. Ellos, los que conservan la cabeza tupida, pueden lucir una coleta. Sí, coleta. Estoy seguro que más de uno se pensaba que era un signo de rebeldía reciente. ¡Pobrecitos míos!

La mayoría son neojipis. Gentes con estética retrojipi pero eso sí, con ropa de marca.

Jipis, mercado jipi, y la cabeza se nos va directa a Ibiza. ¡Curioso! El transcurso de los años no ha desprendido a esta isla de esa aura. En Es Canar se celebra todos los miércoles un Hippy Market (sic).

El batiburrillo es importante. Mucha gente. Muchos puestos de venta, eso sí, todo muy “flower power”. Huele a cuero, sándalo, cremas solares, sudor. La música de los 60-70 ¡del siglo pasado! se embarullan con ritmos étnicos.

Gentes de acentos varios se entremezclan. Pieles blancas y negras se rozan. Luego la banda cromática se amplia: sonrosado, rosado, rojo, tostado o carbonizado.

Se bebe cerveza, zumos, agua y esa cosa oscura azucarada. Algún vendedor ceba mate.

Los inicios de este mercadillo se remontan a 1973. En la actualidad es un negocio alejado de cualquier otra connotación. Da igual, muchos, muchísimos, turistas lo recorren y las ventas están garantizadas.

Otro rescoldo jipi es la fiesta de los tambores de Benirrás. En ese sancta santorum se celebra cada domingo, en los meses de verano, la puesta de sol a ritmo de tambores. Allí mismo se pueden adquirir objetos confeccionado por ellos.
¿El resto de los días cómo despiden al astro rey? Y claro, en invierno hay poco que agradecerle, calienta poco.

No digo yo que no queden, seguro que sí. Yo no los vi o no los supe ver.

Por cierto, una tarde contemplé como un viejo jipi - de tal iba - compraba, por montones, unas baratijas. No me atrevo a asegurar que luego las revendiese como artesanales. No, no lo afirmo. 

La nostalgia está muy bien pero hay que comer todos los días. Lo del amor libre pues… yo qué sé.

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Hippy Market by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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