Kyoko tiene 35 años. Está soltera. Trabaja
como secretaria del director de una empresa de cosmética estadounidense ubicada
en Tokio. Kyoko es la protagonista
narradora de la novela Una joven en Tokio: No-no-yuri de Aki Shimazaki,
traducida por Patricia Orts.
La autora, nacida en Japón, vive desde hace
años en Montreal, Canadá, y escribe en francés. Shimazaki plantea sus obras
como novelas cortas que forman una pentalogía, aunque cada uno de los cinco
libros se pueden leer de forma independiente.
Kyoko es una mujer bella, seductora e
independiente. Gusta de las costumbres y la moda occidental, que se puede
permitir por su elevado salario. Mantiene relaciones esporádicas con hombres
casados que no le duran mucho y de los cuales se desprende con facilidad. En
este sentido es muy práctica: «Todos mis amantes eran hombres casados, pero
nunca he querido que se divorciaran por mí» (pág. 17).
Mantiene una lucha constante entre el tipo de
vida que lleva y las tradiciones japonesas. Los viajes que realiza fuera del
país, por trabajo u ocio, marcan sus preferencias vitales. Sus padres,
preocupados por su soltería, intentan concertarle un matrimonio de conveniencia
a lo que se opone de forma rotunda.
La propia Kyoko nos explica como debe ser una
mujer: «Pero yo opino que no somos flores. Una mujer debe esforzarse por
embellecerse hasta el día de su muerte» (pág. 16).
Kyoko y Anzu, su hermana menor, son muy
diferentes. Anzu está divorciada, sin ganas de volver a casarse ni tener
relaciones con más hombres, tiene una vida tranquila en el pueblo que la vio
nacer dedicándose a la cerámica, para la que tiene una gran sensibilidad. La
protagonista habla de su hermana: «Mi hermana me inspira un poco de pena. ¡Sin
viajes, aventuras ni estímulos intelectuales! Una vida totalmente vacía. En
cualquier caso, la quiero y siempre trato de animarla a que disfrute de su
soltería con un amante, tanto si está casado como si no» (pág. 16).
Dos mujeres dos formas de vivir.
La propia Kyoko nos cuenta como se desarrolla
su trabajo en la multinacional y esboza las diferencias en la forma de entender
el trabajo entre los japoneses y los estadounidenses. En estos últimos los
beneficios se anteponen a todo.
El cambio de director de la empresa, por otro
estadounidense joven y guapo, hace tambalear unos principios que había llevado
a rajatabla hasta ese momento. La relación entre ambos parece que es el
detonante para que modifique su forma de ver su vida.
La novela es corta, 174 páginas, que se leen
de un tirón, a lo que ayuda además un buen tamaño de la letra que se agradece.
Al final tiene un breve glosario que explica los términos japoneses que
utiliza.
La novela es sencilla, tanto por la historia
como por la forma de desarrollarla. Ofrece destellos de que tras esa
simplicidad hay más, pero resulta tan minimalista que no sé si la autora
pretende que a partir de ahí sea el lector quien se haga una composición más
compleja. Las novelas que he leído de autores japoneses, exceptuando a
Murakami, son «limpias», por utilizar un término nada literario, y sin
complejidades estilísticas. Una joven en Tokio sigue esa línea que en
determinados momentos me pareció tan sencilla que me sorprendió. ¿Eso le quita
valor? No sé qué contestar.
Kyoko podría encasillarse en el estereotipo
de mujer frívola, aunque por otro lado su lucha por mantenerse emancipada en
una sociedad tan tradicional abre las puertas a otras interpretaciones más
complejas. De todas formas, el final no deja de sorprender ya que lo que
parecía inamovible se derrumbó. ¿Eso significa que al final Kyoko pasa por el
aro? No tengo ni idea. Quien sabe. La cabeza dice uno, pero el corazón es
demasiado potente y derriba juicios y prejuicios.
Una joven en Tokio es una novela
adecuada para estas tardes de invierno que no apetece moverse del calor del
hogar.
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