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28 ago 2020

Surrealismo catalán

  En ocasiones escribo algo que queda olvidado por el ordenador, hoy me topé con este artículo. Queda claro que es de hace tiempo. Esas cosas pasaron y todo sigue igual. ¡Qué va! estamos peor. La pandemia de la COVID-19 también llegó a Cataluña. Recuerdo que algún vocero del gobierno catalán dijo que en una Cataluña independiente no habrían pasado las cosas que pasaron durante el estado de alarma. En estos momentos tienen toda la responsabilidad y no se les ve que vayan mejor, todo lo contrario. Les han ofrecido rastreadores del ejército, por ejemplo, al igual que al resto de las comunidades, pero ni por el forro.
  Torra hace tiempo que dijo que la legislatura estaba acabada, pues ni en eso dice la verdad. ¡Cómo van a convocar elecciones en plena pandemia! Pschss, oiga, que en Euskadi y Galicia las hicieron. Buen, sí, Madrid nos maltrata.
  Lo de Cataluña me parece surrealista. Aunque bien pensado, lo de España cada vez lo es más, y eso sí, nunca abandonamos el esperpento.
  En fin, transcurrido el tiempo desde que lo escribí sigue siendo válido como recordatorio y lo dicho, las cosas han empeorado. Vaya si transcurrió tiempo que todavía gobernaba el indolente Rajoy.
  Lo dejé tal y cómo estaba.
  
  ¡Mana collons! Quim Torra controla el tiempo. George Wells estaría encantado. El nuevo president volverá al 1 de octubre y ahora sí que harán las cosas bien: restituirá a los cargos públicos destituidos, repondrá las leyes derogadas por el 155, pondrá en marcha un proceso constituyente, proclamará la república y conducirá a los Països Catalans hacia una nueva Arcadia. ¡Qué emoción!
  ¡Anda, me equivoqué! Quim Torra no es el president, que lo dijo él: el president es Carles Puigdemont. Torra es un accidente en el glorioso camino emprendido. ¿O no?
  Quim Torra pasará a las historietas con el sobrenombre de El Gestos. De momento ya anunció algunos: colgará un lazo amarillo en la fachada del Palau de la Generalitat, no ocupará el despacho del president, visitará a los encarcelados y exiliados empezando por el president Puigdemont, ante el que rendirá pleitesía y jurará fidelidad. Por cierto, ¿llevará a Oriol Junqueras una notita del president? 
  Lo ven, primero lo importante.
  Me conmueven, tan profundamente que aún no he llegado al fondo, sus desvelos por los represaliados y su preocupación ante la crisis humanitaria que asola Cataluña. Me estremezco cada vez que lo pienso. Torra tiene la sensibilidad a flor de piel.
  ¿Qué decir de su talante democrático? Nada de nada. Va a cumplir el mandato, democrático donde los haya, del 1 de octubre que junto con las decisiones del Parlament de Catalunya del 6 y 7 de septiembre de 2017 pasarán a estudiarse en las universidades como ejemplo a seguir por los países  más libres del mundo.
Al escucharle he reflexionado y he tomado una decisión que cambiará mi vida: voy a aprender catalán. No era consciente de que mis carencias afectivas e intelectuales tenían su origen en el desconocimiento de esa lengua. Con su aprendizaje y uso entraré en ese club de ungidos por ese bien supremo que es el nacionalismo. Ahora comprendo esa fusión indisoluble entre pueblo elegido y lengua vernácula.
  ¡Cuánto tiempo perdido! ¡Qué ignorante soy!
  Esa república de los milagros, cuyo advenimiento está más cerca de lo pensamos, será un bálsamo que calmará las ansias de las gentes de la CUP. El president Puigdemont, a través de su delegado Quim Torra, será capaz de armonizar, de forma casi beatífica, la pulsión irrefrenable por la pela y el tres por ciento de los antiguos convergentes con las querencias anticapitalistas de los cuperos. Es más, estoy seguro que aquellas ensoñaciones anticapitalistas de meter en vereda a la Unión Europea, no pagar la deuda o abandonar el euro habrán quedado relegadas.
  En estos momentos, perdón que voy enjuagarme las lágrimas, me acuerdo de Anna Gabriel que se encuentra en ese pobre país que es Suiza. Perdón, perdón, mis lágrimas rebotan en el suelo, estoy pensando que tal vez se puede encontrar con Cristina y Urdangarín, ¿se lo pueden imaginar? Terrible.
  Es todo tan emotivo que me resulta muy difícil pensar con frialdad. Lo siento, todavía no soy un buen converso, me falta mucho. Cataluña, el nacionalismo, se llevan en el corazón. Es una cuestión de fe. Fíjense sí lo será que hay muchos ciudadanos que se creen que la unión de la derecha mesiánica independentista catalana con los signados por la verdad de la Candidatura d´Unitat Popular y los desconcertados y melifluos, excepto Marta Rovira que es más de tendencia plañidera, de Esquerra Republicana de Catalunya les conducirá a ese edén terrenal.
  Por cierto, ¿qué tendrá Suiza que atrae tanto y a tantos?
  No habrá ni ricos ni pobres, las clases sociales serán cosa del pasado.  Los ciudadanos pedirán y se les concederá. Todos respirarán aliviados ya que habrán dejado atrás ese país de corruptos, de fascistas cuyo jefe de Estado es heredero de aquel que pende boca abajo. Por fin se verán libres de las sanguijuelas que les roban.
  Alabados sean todos ellos.
  En esta tragicomedia Salvador Dalí se desmelenaría y sería feliz. Sigmund Freud tendría mucho trabajo.
  P.D. Se dan cuenta que no mencioné ni una sola vez a Rajoy. Nuestro presidente, el de todos, juega otro partido.


18 jun 2019

Pasando factura en Memoria personal de Cataluña


  Gregorio Morán pasa factura en Memoria personal de Cataluña. Ni me parece mal ni bien. ¿Tiene motivos? Creo que algunos tiene.

  Morán no se anda con tonterías. Directo, en primera persona, cuenta lo que sabe y lo que piensa del que fuera “su” periódico durante treinta años, La Vanguardia, y de la historia esa del procés. Ni uno ni el otro salen bien parados.

  La Vanguardia despidió al periodista tras la censura de un artículo de sus Sabatinas intempestivas. El artículo, recogido en el libro, se titula Los medios (de comunicación) del Movimiento Nacional que hace mención al papel de los medios en Cataluña, con nombres propios incluidos, y a su compadreo con los nacionalistas. La verdad es que pisó unos cuantos callos y el resultado fue inmediato.

  Gregorio Morán como antiguo comunista, no tengo ni idea sí sigue siéndolo ya que abandonó, por propia decisión, el PCE cuando este se legalizó, no comulga con el nacionalismo: “Porque eso y no otra cosa de mayor fuste es el catalanismo: una vulgarización de hábitos y leyendas con tendencia a trascender y volverse profundos. Igual que el españolismo, que permanecía latente en las brumas del pasado borrascoso, despertó al zarandearlo con denuestos y victimismo de sus iguales periféricos. Lo sacó del ostracismo”.

  El autor realiza un breve repaso de la historia de La Vanguardia y de sus dueños, la familia Godó. Menos elogios de todo. Los condes de Godó nunca tuvieron buena fama. El periódico, según Morán, siempre estuvo a las maduras, incluida la dictadura franquista. Más recientemente siguió poniéndose al sol que más calentaba: “La etapa de José Antich en la dirección del periódico -2000-2013- consistió en el seguimiento puntual de lo que a partir del nuevo siglo constituiría el deslizamiento del catalanismo hacia el independentismo, lo cual dice mucho del talento previsor de José María Aznar, que habría de ser el primer avalista de lo que le parecía menos importante que alcanzar un apoyo subterráneo de Jordi Pujol en el Parlamento. Aquello que le permitió gobernar con mayoría y que se denominó el pacto del (Hotel) Majestic”.

  Periodistas que hoy copan multitud de medios de comunicación como tertulianos reciben algunas “caricias”.

  A lo largo del libro, de solo 140 páginas, opina sobre el  proceso de consolidación del poder por parte de Jordi Pujol: “El poder central, ya fuera de Felipe González o de José María Aznar, siempre consideró a Pujol como un aliado seguro, salvo en el breve interregno del caso Banca Catalana, en el que los efectos sociales que causó la evidencia de que el entonces president de la Generalitat no sólo era un mal gestor sino un delincuente, llevaron al Gobierno central a pasar página. La abducción de Jordi Pujol sobre la ciudadanía catalana fue de tal calibre que seguir adelante en su procesamiento e inhabilitación se interpretaba como dispararse en el pie”.

  Pues estoy de acuerdo con Morán.

  Los independentistas catalanes se han creído el nuevo “pueblo elegido”. Al igual que Gregorio Morán, pienso que lo único que han logrado es llegar al más absurdo de los ridículos. Él, Morán, lo cuenta muy bien: “El paso hacia considerarse una sociedad superior desdeñaba, en primer lugar, a más de la mitad de la población catalana: los que no asumían su papel de comparsas del hegemonismo catalanista. La estrecha frontera con el ridículo exigía enormes dosis de megalomanía, y de tanto ser sublimes se fueron haciendo payasos. Unos clowns que se autocalificaban de pacíficos y sin fronteras para blindarse en payasos con fronteras, orgullosos de sus espectáculos circenses”.

  Nada más que añadir.

  Los tres últimos presidentes de la Generalitat los convierte en meras comparsas de las asociaciones independentistas: “En el momento álgido del procés, tanto Òmnium como la Asamblea fueron los únicos vehículos de comunicación política entre los nacionalistas y el poder. Ellos programaban actos y metas, mientras que los gobiernos, ya fueran Artur Mas o del tándem Puigdemont-Torra, avalaban las iniciativas. Como carecían de cualquier responsabilidad de gobierno y no tenían que apelar a las urnas, era posible que vivieran de profecías autocumplidas”.

  Machaconamente nos repiten que “hay que negociar, quién lo duda en toda confrontación política. La pregunta está en el contenido, no en la forma. Hay que negociar el qué”.

  Todo lo que no sea la independencia no es negociable para los independentistas por lo que hoy por hoy es imposible ese diálogo. Estarán en las trincheras durante muchos años y ya veremos lo que pasa con las sentencias que les caen a Junqueras y compañía y la repercusión que va a tener.

  Al final del libro Morán resume su opinión sobre los acontecimientos de los últimos tiempos: “Entretanto había llegado el inquietante otoño catalán de 2018, primer aniversario del intento de golpe de Estado y de la rebelión que llevaría a varios líderes independentistas a la cárcel y a otros al extranjero, huyendo de la justicia. Todo había sido tan “pacífico”  como una presión de masas, un dominio absoluto de los medios de comunicación y la fractura social”.

  Parece que lo tiene muy claro.

  Libro contundente. Opiniones claras y nada de esa gilipollez de la corrección política. Unos lo aplaudirán con las orejas, otros los pisotearán. En todo caso lo mejor que  pueden hacer es leerlo.

  Lo podrán encontrar en su biblioteca pública o librería preferida.

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16 abr 2018

UGT y CC.OO. toman posición en Cataluña

CC.OO. y UGT han tomado posición en Cataluña. Y eso está bien, todos lo hacemos.

Su presencia en la manifestación para exigir la excarcelación de los políticos independentistas les ha generado polémicas internas. El lema oficial de la marcha era: “Por los derechos y las libertades, por la democracia y la cohesión, ¡os queremos en casa!”.

Toda una declaración de intenciones.

El cúmulo de despropósitos ha sido monumental, tanto por parte de los independentistas como del PP de Mariano Rajoy. Los independentistas nunca tendrían que haber tomado las decisiones del 6 y 7 de septiembre pasado, que reafirmaron el 1 de octubre, y el gobierno no tendría que haber judicializado este tema político. No cabe duda que han vulnerado las leyes y eso tiene consecuencias legales. Otra cosa es la prisión preventiva y la imputación por rebelión, ambas me parecen una barbaridad.

Unos y otros siguen atrincherados.

Vuelvo al eslogan de la manifestación de ayer. Eso de los derechos y las libertades es una apelación a los sentimientos que camuflan lo particular en lo general. Otro tanto hacen con los términos democracia y cohesión. Si no fuera una democracia ¿podrían manifestarse? ¿Cohesión de quién? Evidentemente de los partidarios de la independencia que no están en su mejor momento. Rematan con ese “os queremos en casa” con lo que realmente quieren decir libres de todo cargo y eso es otro cantar.

El secretario general de UGT, Camil Ros, ha justificado su presencia en la concentración porque “la mayoría de la sociedad catalana cree que la prisión preventiva no está justificada”. Dijo más: “La mayoría de la sociedad catalana también cree que no es momento de 155 ni de unilateralidad. No es momento de juicios ni de detenciones”. 

Lo cual significa que Camil Ros piensa que no cometieron ningún delito. Pues mire, no. Se está pasando por el arco de triunfo la legislación española, sí esa que es común a todo el Estado, y eso incluye Cataluña. Y mire señor Ros, eso no son formas en una democracia, lo ponga como lo ponga.

Por su parte, el secretario general de CC.OO. Catalunya, Javier Pacheco manifestó que “estamos aquí hoy otra vez para intentar reclamar la construcción de espacios de cohesión y convivencia en Catalunya para construir una democracia más fuerte y que trabaje contra los elementos de represión e involución democrática de las decisiones que se están tomando política y jurídicamente”.

¿Cohesionar la sociedad catalana o cohesionar a los independentistas? Me quedan dudas razonables. Según los independentistas en España no hay democracia y para construir en democracia, como dice Javier Pacheco, hay que hacerlo desde opciones democráticas y no reventando las reglas de juego. Igual andan un poco perdidos.

Pacheco aclara aún más su apoyo: “La controversia con los sindicatos en la manifestación de hoy no tiene carácter identitario, tiene condición de clase”. 

¿Condición de clase? Sorprendente.

Para rematar Javier Pacheco subrayó el carácter transversal de la concentración. 

Pues a mí eso de la transversalidad me empieza a sonar inconsistencia, a volubilidad, pero será cosa mía.

Uno y otro olvidaron mencionar, al menos no lo he visto reflejado en la prensa, el tema de la formación de gobierno. Tampoco he visto otro tipo de reclamaciones, aunque es normal, no tocaba.

Sus razones no me convencen. Han metido a sus sindicatos en el berenjenal que no debían. Ayer no defendían los intereses de los ciudadanos.

Termino con un párrafo del libro República luminosa de Andrés Barba. Lo he sacado totalmente de contexto, perdón por ello, pero creo que puede definir muy bien parte de lo que está pasando: 

“Habíamos aprendido a hacer cosas con la mano derecha sin que lo supiera la mano izquierda, y al hacerlo no solo nos habíamos dado cuenta de que no nos resultaba tan difícil, sino de algo aún más temible: que no nos sentíamos tan mal al fin y al cabo”.

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10 abr 2018

El procés visto por Santi Vila

Publicado en La Nueva España el 7 de abril de 2018

Lo de Cataluña está desmadrado. No es algo reciente. En los últimos años la espiral de desencuentros entre el gobierno de Cataluña y el de Madrid ha ido en aumento. El desafío se concretó en la aprobación de la ley de referéndum de independencia, el pasado mes de septiembre, y se llevó a la práctica con las votaciones del 1 de octubre. Y todo ello saltándose las advertencias de los letrados de la Cámara catalana, el Tribunal Constitucional o la Fiscalía.

La decisión del juez Llanera de encarcelar a algunos de los máximos representantes del independentismo ha calentado aún más la situación. La detención de Carles Puigdemont ha llevado el agua a ebullición.

El hartazgo por la “cuestión catalana” es inmenso. El encastillamiento de unos y otros está deteriorando la convivencia en España y los problemas de los ciudadanos se están dejando de lado.

A estas alturas creo que todos tenemos claro que apelar a los nacionalismos es convocar al enfrentamiento.
No todos vemos el procés de la misma forma. Las publicaciones se multiplican y aún veremos muchas más. Ahora Santi Vila nos da su versión de lo sucedido en “De héroes y traidores”.

Santiago Vila es militante del PDeCAT (Pardido Demócrata Europeo Catalán). Ha sido diputado en el Parlamento catalán entre 2006 y 2013 y alcalde de Figueras entre 2007 y 2012. Ejerció de conseller de Territorio y Sostenibilidad, conseller de Cultura y conseller de Empresa y Conocimiento de la Generalitat. Es decir, estuvo en el núcleo de la toma de decisiones. Y no menos importante, es doctor en Historia Contemporánea.

Daré un repaso a algunas de sus afirmaciones en ese libro.

Refiriéndose a la sesiones del parlamento catalán del 6 y 7 de septiembre de 2017 dice de ellas “… la sesión probablemente más triste de la historia del parlamentarismo catalán contemporáneo… Ana Gabriel, rindió homenaje a “la gente que luchó contra el régimen del 78 y que fue torturada y encarcelada por hacerlo”. Lo más chocante es que todas estas voces revolucionarias consideran del todo compatible su retórica antisistema con formar parte de él, disfrutando sin rubor de sus prebendas, coches oficiales y salarios”.

Menudo recadito. No será el único. Tendrá más detalles con otros compañeros de viaje.

Curiosamente, unas páginas más adelante se siente orgulloso “de haber participado activamente en la movilización política del 1 de octubre”. Para redondear esgrime que ese referéndum “comenzó como un pulso político entre gobiernos”.

El resultado fue que unos movilizaron a una parte de los catalanes y los otros a las fuerzas de orden público.
El libro es, además, una justificación de los actos del autor y una exposición de sus planteamientos políticos.
Según Vila fue acusado de traidor por los suyos al “haber defendido hasta el último minuto la insuficiente legitimidad democrática para llevar a cabo una declaración de independencia de Cataluña…”

Santi Vila me desconcierta: “Que la política catalana abandonara la senda del pactismo y se echara al monte fue una opción, no una obligación”.  Reconoce que “en Cataluña, el Gobierno de Puigdemont está atrapado por la movilización en las calles y el extremismo de izquierdas en el Parlament, y en Madrid, el Gobierno de Rajoy está confortablemente sitiado por la extrema derecha de siempre”. Eso no le lleva a la equidistancia, que quede claro.

El encarcelamiento de Puigdemont ha movilizado a los Comités de Defensa de la República que han sacado a la calle a miles de personas. Imagino que Santi Vila estará francamente preocupado a tenor de lo que dice en su libro: “Los disparates que se leían en las redes sociales sobre la constitución de comités de defensa de la República, aunque no merecía ninguna credibilidad, evidentemente resultaban inquietantes para cualquier persona sensata”.

Los independentistas han cargado de sentimentalismo la política catalana – lo cual reconoce Vila - y de todo quieren hacer una gesta heroica: “nótese que los argumentos apelaban siempre a la razón, finalmente buscaban impactar e ir directos al corazón”.

A Marta Rovira, hoy en Suiza, le dedica unas emotivas palabras: “…es también una mujer intensa, irascible y fanatizada, como se ha podido comprobar más tarde a través de sus contundentes declaraciones públicas, poco dada a las dudas y matices, y menos aún al uso de la moderación como guía”.

La descripción de la reunión del 25 de octubre en el Palacio de la Generalitat no tiene desperdicio: “Durante la espera, el solemne Patio de los Naranjos no dejó de llenarse de corrillos políticos, asesores, periodistas afines y otros tertulianos y personajillos para mí desconocidos hasta aquella tarde y que, al parecer, formaban parte de la inteligencia del procés. Poco a poco llegaron también los representantes de Ómnium y de la Assemblea Nacional Catalana (ANC)…”

En esa reunión se pretendía ir a una convocatoria electoral, cosa que no sucedió. Allí Puigdemont, según Vila, argumentó que “no me veo siendo un presidente virtual, de un país virtual, en una sociedad anímica e institucionalmente devastada”. Aún dijo más: “Me niego a ir por el mundo, repartiendo tarjetas de una república inexistente”.

Si esto es así me parece que Carles Puigdemont tiene un serio problema de doble personalidad.

Esa reunión, cínica y desagradable en palabras de Santi Vila, debió estar muy animada: “A pesar de los lamentos de Marta Rovira, que entre sollozos, lágrimas y aullidos habló de decepción, desconfianza e incluso traición, lo cierto es que el sarao acabó con la decisión de convocar elecciones”.

No tengo nada que añadir.

Vila tiene detalles con varios de los protagonistas del procés. De Puigdemont, al cual aprecia, dice que “no soportaba las reuniones de partido ni empalizó nunca demasiado con la mayoría de los dirigentes del PDeCAT”. Tiene también sus detalles con Junqueras: “Días y días de conversaciones con él mantienen aún hoy en mí la duda de quién es realmente Oriol Junqueras y cuál es su proyecto personal y político para Cataluña”. Y eso que había propuesto a Junqueras un pacto de no agresión en el que él, Santi Vila, sería elegido candidato a la presidencia por el PDeCAT y “Oriol, si no hacemos el burro, ¡en tres meses serás presidente!”. Daba por descontado que ERC ganaría las elecciones.

Se acuerda del PP y de Rajoy, faltaría más, y cómo no de la “lista de retrasos e incumplimientos en materia de infraestructuras…”. ¿Se creen que son los únicos?

Estoy de acuerdo con Vila en la falta de capacidad política para intentar llegar a acuerdos. La indolencia de Rajoy es conocida.

Santi Vila imputa cinco errores al soberanismo: la marginación de la política profesional, el problema de la herencia, la deriva hacia postulados de la izquierda populista, la lectura errónea del resultado de las elecciones del 27 de septiembre de 2015 y lo que denomina idus de marzo en Navidades, es decir, la sustitución de Artur Mas por Carles Puigdemont cuando “la abnegada camarilla de los conjurados facilitó al nuevo president la lista de los consellers y altos cargos a nombrar, el programa de gobierno y los compromisos a implementar, y lo más importante, la determinación a seguir adelante con el procés”.

Por cierto, Vila considera “sinceramente que la opinión pública y publicada en Cataluña ha sido injusta y desproporcionada con Jordi Pujol y sus errores”.

Pasa más adelante a enumerar las ocasiones, ventanas en su terminología, que se han perdido para llegar a encuentros entre los gobiernos de Madrid y Cataluña. Reparte responsabilidades pero barre para su casa, faltaría más.

Y llega a las soluciones. ¿Novedades? Ninguna.

Hay un aspecto, dice, que hay que abordar en el futuro inmediato: “Y no es otro que el derecho de los catalanes a votar”. Esto me suena.

Tiene más recetas: “Participar de nuevo en el proyecto de España debe ser compatible con el reconocimiento de Cataluña como nación…” También me suena.

La desigualdad entre Madrid y Barcelona debe corregirse: “Resuelto el agravio de Barcelona, no tengo ninguna duda de que se habrá dado un paso importante para la resolución del agravio con Cataluña”. Vaya, vaya. No es Cataluña, es Barcelona. Aclarado queda.

Eso sí, avisa a navegantes: “Cronificado el malestar, la ciudad se verá abocada a la decadencia y a quedar en manos de gobiernos municipales populistas y de izquierdistas”.

Luego comienza el relato de agravios, que se pueden resumir en que la Generalitat asuma la recaudación tributaria, que se reduzca el déficit fiscal y que se desencallen las inversiones en infraestructuras.

Nos recuerda que todo empezó con la negativa de Rajoy a negociar un nuevo pacto fiscal en 2012.

Nos define lo que él entiende por catalanismo político: “la libertad de empresa y el compromiso con la creación de riqueza deben ser una prioridad estratégica, mucho más trascendente que la simple ampliación acumulativa de la cartera de prestaciones sociales”.

En lo personal ha vuelto a dar clases y además es gerente de una empresa.

No tengo muy claro lo que pensarán sus antiguos correligionarios y compañeros del procés de este libro.

A mí me da igual lo que ahora expliquen unos y otros. No deberíamos haber llegado a la situación en la que nos encontramos. Los gobiernos han sido los causantes y todos lo estamos pagando, no solo los catalanes. Rajoy ha trasladado su responsabilidad a los juzgados con el aplauso de Ciudadanos. Los independentistas siguen a lo suyo. Catalunya en Comú-Podem pues no sé que decirles y el PSC en su línea, que ni ellos saben cuál es.

Nos queda mucho por ver.



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10 ene 2018

Puigdemont y Rovira mentecatos los dos


Lo intento. Les juro que lo intento. Quiero empatizar – ahora hay que sentir empatía por todo – con los nacionalistas catalanes. Mis referentes son las caras más visibles: Artur Mas, Oriol Junqueras, Carles Puigdemont y Marta Rovira. ¿Pujol? ¿Qué o quién es Pujol? Descarto a Mas que tiró la toalla. Junqueras entró en vena mística y me da un poco de apuro hablar de él. Me quedan Puigdemont y Rovira.

Lo intento. Les juro que lo intento. No soy capaz, los tengo atragantados. Me podrán achacar que mi opinión es subjetiva. Pues tienen toda la razón. Es muy personal. No los aguanto.

Escucho sus lastimeras declaraciones y me provocan dolor de estómago. Su fingido buenismo tiene como objetivo mantener firmes las adhesiones entre sus fieles, a mí me repatea.

Puigdemont y Rovira no razonan, apelan a las tripas. Carles se sirve de una aparente firmeza para mantenerse en sus trece. Pues ya le vale. Primero fue nombrado a dedo, luego no ganó las elecciones. Pero eso sí, se cree ungido por los dioses para liderar el “procés” que convertirá a Cataluña en Shangri-La. Marta, por su parte, cada vez que habla se le empañan los ojos, pone voz temblorosa, cargada de unas emociones que no sé quien la podrá creer.

Les une su amor a Cataluña, les separa todo lo demás. Eso dicen ellos. Uno de derechas, la otra de izquierdas.

Puigdemont fija su mirada en el infinito y se ve en el balcón de la Generalitat aclamado como un general romano victorioso. Rovira tal vez piense en un encuentro discreto con Junqueras, en un rincón de una iglesia, desde donde labrarán el futuro de su país.

Estos dos patriotas están negociando el devenir de los Països Catalans.

Carles ha propuesto a Marta, según nos cuentan, una investidura a través de una videoconferencia o con un discurso leído por otra persona. ¿De verdad quieren que sienta alguna simpatía por ellos? Ya sé que me dirán que el estado opresor español no les permite otra alternativa. ¡Anda ya!

Después de las que han liado no sé cómo se atreven a hablar de democracia. Solo hay que ver lo que hicieron en el parlamento catalán.

Ya no se trata de ser nacionalista o no, se trata de tener vergüenza democrática y Puigdemont y Rovira, Rovira y Puigdemont hace mucho que la han perdido.

A Carles Puigdemont le importan un pito los resultados electorales, los de ahora y los anteriores. Carles Puigdemont, y compañía, han dado por bueno algo que quería ser referéndum y que fue una verdadera chapuza democrática. Se ha comportado como un dictadorzuelo más. ¡¡Está dispuesto a dirigir Cataluña desde Bélgica!!

Las disensiones dentro del PDeCAT cada día son más evidentes y ahí están los abandonos. Sus relaciones con Esquerra Republica de Catalunya van de mal en peor. Las reculadas han sido para troncharse de risa. Joder, si es que aún no saben si declararon la república o no. ¡Cómo voy a empatizar con esta gente! 

No se me olvida que de los primeros recortes sociales en España, cuando llegó la última crisis, fueron los realizados en Cataluña. ¿Se acuerdan quién gobernaba?

Llevo tanto tiempo sin escuchar a Carles o a Marta hablar de las necesidades de los ciudadanos que viven en Cataluña que me resulta irritante. Hablan de Cataluña, no de los catalanes. Cataluña es una abstracción, lo concreto son los ciudadanos.

Señor Puigdemont, señora Rovira, ustedes  no  me parecen ni serios ni demócratas.

Hoy no toca hablar de los “españolistas”.

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20 dic 2017

El problema no es solo Cataluña


Cataluña fagocita toda la información. Los últimos meses han sido una locura. El Gobierno de Mariano Rajoy aparcó, más aún, los problemas de los españoles para centrar sus esfuerzos, que no son muchos, en el “problema catalán”. La oposición no ha sido menos aplicada.

Los independentistas están enquistados, la oposición también. Aquellos dicen unas tonterías tan enormes que no me explico cómo les siguen creyendo. Otros dicen alguna menos y tampoco son muy creíbles. Algunos están en medio de la escalera y les están zumbando por todos los lados.

Mientras, los políticos - los que viven muy bien - siguen enrocados en su realidad, que no es la nuestra.

El paro no mejora; los dependientes se mueren sin recibir lo que les corresponde por ley; los trabajadores con empleo somos cada día más pobres; los pobres son más pobres – si eso es posible -; las mujeres siguen estando discriminadas; los asesinatos machistas prosiguen; la energía es carísima; los juicios por corrupción no se acaban nunca; los servicios públicos cada día están más deteriorados; los bancos no devuelven ni un céntimo; los jóvenes siguen emigrando…Todo es Cataluña. Por si esto fuera poco estamos encabronados.

Hace un par de días leí una noticia sobre el gasto público nacional respecto al PIB (Producto Interior Bruto). Para echarse a llorar.

España es uno de los países que menos recauda de Europa en relación al PIB. No piensen que es por cuestiones insolubles, nada de eso. Se recauda menos por la elevada economía sumergida; por la gran cantidad de desgravaciones, deducciones y bonificaciones – que benefician siempre a los más ricos – y porque al Gobierno le da gana. Sí, el Gobierno mantiene la recaudación alrededor del 38 % del PIB.

Veamos algún dato más.

En España se recauda siete puntos porcentuales menos que la media de la Unión Europea y el gasto público es 4,1 puntos de PIB menos que el promedio de la UE.
Magnífico.

Estos son cifras de Eurostat, la Oficina Europea de Estadística de la Comisión Europea que promueve la armonización de los métodos estadísticos de los estados miembros.

España es el tercer país de Europa occidental que menos gasta en protección social. Tranquilos, estamos por delante de Irlanda y Luxemburgo. Por cierto ¿Irlanda no era un ejemplo para los independentistas catalanes?

Nada de esto es importante. Una bandera, una frontera, un DNI es más importante que solucionar estos desequilibrios.

Nos enteramos que el Gobierno quiere subir en dos años el salario mínimo a 850 euros.
¡Maravilloso!

Eso sí, para importantes los lloricas de Puigdemont, Junqueras o Rovira.

Centrándome en Asturias doy saltos de alegría.

El IPC (Índice de Precios al Consumo) subió hasta noviembre en Asturias el 1,87 %, los sueldos se incrementaron en 1,49 % (media de los convenios firmados),  los funcionarios tuvieron un 1 % de subida y los pensionistas un 0,25 %.

¡Cómo no voy a estar contento!

No se atreverán a decirme que no es importante que Puigdemont siga en el “exilio” mientras otros “presos políticos” independentistas han sido alejados de los suyos por el Estado represor. Dicho así ¡lo es, desde luego!

Estoy muy triste.

¿Les recuerdo que el gobierno de Mariano Rajoy se ha pulido el fondo de pensiones? Venga, vale, no lo hago.

La vida pública, la corrupción, la pobreza y la desigualdad social no importan. Eso sí, hay preocupación por otro tema: ¿irá la Roja a Rusia?

No todo es Cataluña ¿verdad? Aunque...¿no interesará que todo sea Cataluña?

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1 feb 2017

¿A un paso del referéndum en Cataluña?

Las declaraciones cada día son más rotundas. Las posiciones parecen inamovibles - ¿será cierto? -. Quieren acortar los plazos. ¿Acuerdo o ruptura? Ni idea.

En el “problema catalán”, como lo denominan muchos, hay demasiadas incógnitas, muchos intereses personales, infinitas mentiras y silencios cómplices.

¿Qué han hecho en todo este tiempo los partidos políticos? Nada. ¿Se ha generado un debate serio y riguroso? Ninguno. ¿La Unión Europea se ha manifestado de forma nítida? Faltaría más, no. ¿Los empresarios catalanes? Calladinos. ¿Los banqueros? Gestando la siguiente crisis. Y los más importantes: ¿los ciudadanos catalanes? Pues…

El 9 de noviembre de 2014 se celebró algo parecido a una consulta o referéndum – llámenlo como les parezca más oportuno – atípico. Pónganse como quieran pero no cumplió con las normas establecidas en cualquier democracia similar a la nuestra. No se pareció en nada a lo ocurrido en Escocia o en Quebec.

Podrán argumentar que en el caso catalán no quiso el gobierno central, etc. No se puede negar, fue así. Pero también es claro que según la legislación española ellos no podían realizar esa consulta.

Empate.

El resultado de ese 9 N fue que el 80,76 % de los votantes, 2.305.290, lo hicieron a favor de la independencia de Cataluña. Para no liarme. De 2.305.290 votos emitidos, 1.861.752 fueron a favor.
Sirva de comparativa que en el último referéndum que se hizo en Cataluña, el del Estatut en junio de 2006, participaron 2.594.167 ciudadanos de los 5.310.103 con derecho a voto, el 48,85 % de los electores.

¿Son cifras suficientes? Según lo que habían dicho los partidarios de la independencia no. Hablaron, antes del 9 N, de una cifra de apoyos superior al 51 %. Luego mintieron.

¿El Gobierno español qué dice? Que no lo va a permitir.

¿El PSOE? Dependen a quien se pregunte. Primero hablan de un cambio constitucional, luego de federalismo y más tarde… hablan gentes del PSC y entonces nos quedamos como al principio: sin respuesta. Eso sí, no se olvidarán del pacto de Granada.

¿Ciudadanos dice algo nuevo? Nada nuevo. Aquello de lo indisoluble de España, que también dice Rajoy.

¿Y Podemos? Pues que son partidarios del referéndum aunque ellos desean que no se desvincule del resto de España. ¿Permitirán otros referéndums? Sin duda.

¿Se podía haber evitado? Eso ya es historia ficción. ¿Hicieron todo lo que debían? Ni mucho menos. Me remito a la situación en la que estamos.

¿Tenía que haber impugnado el PP la modificación del Estatuto de Cataluña? No, o al menos de no de esa forma tan agresiva. ¿Tenía Rajoy, el PP, que haber llegado a un acuerdo económico con los catalanes similar al Concierto Vasco? Al menos tendrían que haberlo hablado.

Y ahora ¿cuál es la situación? Jodida. Enfrentados. ¿Cómo va a acabar? Desde luego mal. El enfrentamiento está servido.

Los partidos independentistas catalanes, que tienen plaza y mando en la Generalitat, dicen que no acatan la legislación española, que no aceptan los fallos judiciales del Tribunal Constitucional y que menos caso le hacen al fiscal general.

El Gobierno de España afirma que están obligados a respetar las leyes del Estado, que están sometidos a las sentencias judiciales y que el fiscal general les puede empapelar.

Empate.

¿Hay alguna solución que se esté pactando y que no sepamos? Me imagino que sí. Espero que sí y que además sea buena. ¡Seré iluso!

Mientras todo eso sucede en el ámbito de los partidos y de los muy cercanos, los ciudadanos catalanes están tan jodidos como el resto de los españoles.

Últimas preguntas: ¿De verdad se creen los ciudadanos catalanes que al día siguiente de esa independencia todo va ser de color de rosa? ¿De verdad se creen los ciudadanos catalanes que los de Junts pel Sí, la CUP y Esquerra no se van a liar a hostia limpia?

La respuesta que me darían sería que eso no toca ahora. Primero la independencia, luego ya arreglaremos nuestros problemas por nosotros mismos. Algo así, me dirían. Y yo les respondería: pues con vuestro pan os lo comáis. Eso sí, dexanos el nuesu caritu.

¿Y aquel que fue y ya no es molt honorable, qué dice? Silencio.

Preguntas todas, respuestas no me dan ninguna.

Seguiremos pendientes de Trump. No perderemos de vista el cielo para ver si llueve y baja la electricidad. Comprobaremos el precio del Brent. Vamos camino de la primavera y nos empieza a preocupar la barriga y dónde iremos de vacaciones. Sube el número de empleos de mierda y el Real Madrid muy bien y el Barça un poco peor.

Todo bien.

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9 nov 2015

La república catalana ya está en marcha



Ya está, la república catalana la tenemos a la vuelta de la esquina. ¿O no?

Junts pel Sí y la CUP aprobaron la declaración soberanista con 72 votos a favor y 63 en contra.
Están encantados y yo no veo el motivo.

Lo votaron y lo podrán envolver en toda la legitimidad que quieran. Dirán, sin empacho ninguno, que es la expresión democrática de la soberanía popular de los catalanes. Bueno, ya lo han dicho y se quedan tan contentos.

¡Anda ya!

En cualquier democracia seria con esa diferencia no se toman decisiones de esta envergadura. Si a esto le añadimos que las elecciones las plantearon los independentistas como un plebiscito – el cual perdieron – entonces ¿qué les queda?

La existencia de una parte muy importante de los ciudadanos que abogan por la separación es indiscutible, como también lo es todo lo contrario.

Los independentistas han contado con una posición hegemónica a la hora de verter sus argumentos a la sociedad catalana; los no independentistas han estado mirándose para el ombligo amén de bailar al son que les marcaron. Socialistas y populares se metieron en una guerra que no era la suya: competir en el campo nacionalista. Ahí siguen.

Convergencia se empotró en un muro. Sus planes se fueron al traste y ahora es la CUP quien les señala el ritmo. Parece broma, y no lo es: un partido de derechas como Convergencia no tiene pudor en pedir auxilio a un grupo de extrema izquierda con tintes, muy claros, anarquistas.

¡Hay que joderse!

Los de Junts pel Sí son tan demócratas que en treinta días están dispuestos a iniciar el procedimiento constituyente para que “el proceso de desconexión democrática de España” sea una realidad.

¿Desconexión? Estoy cansado de su mentirosa ambigüedad y tergiversación.

Eso sí, las decisiones del Tribunal Constitucional se las van a pasar por el arco de triunfo, al igual que las del resto de las decisiones del Estado, el español desde luego.

Llegado hasta aquí, a mí se me presenta una duda: ¿Cómo se exigen responsabilidades a quienes han decidido situarse fuera de la ley? A esta pregunta no han respondido ni Rajoy ni Pedro Sánchez.

¿Cuándo nos lo piensan decir?

En todo este lío, con las posturas enfrentadas, Catalunya Sí que es Pot presentó una resolución para reclamar un referéndum sobre la independencia. Fue rechazada por 114 votos, diez abstenciones de la CUP y solo contó con sus once votos.

No se han centrado. Ellos mismos, Catalunya Sí que es Pot – integrada por Iniciativa per Catalunya Verds, Esquerra Unida i Alternativa, Podemos y Equo - reconocieron, en la noche electoral, que el enfrentamiento entre la postura independentista y la no independentista había determinado la campaña y les había perjudicado. Tendrán toda la razón en sus planteamientos pero la pelota está en otro campo y ellos están fuera de juego en estos momentos.

El Constitucional hablará, es previsible lo que va a decir, los independentistas  no le harán caso y…vuelta a lo mismo ¿qué salida queda?

Algunos ya han propugnado soluciones como las de octubre de 1934, otros hablan de referéndum o de modificar la Constitución – incluso todo al mismo tiempo – y hay quienes quieren que todo vuelva a su cauce trasladando el Senado a Cataluña. Luego están los que se empecinan en el estricto cumplimiento de la ley y la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Más o menos, así están las cosas.

Todo esto me parece una malísima opereta en la que los actores son impresentables y en la que al público nos duele el culo de tantas patadas como nos han dado.

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