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24 ago 2012

Venancio Blanco y solidaridad son sinónimos

Artículo publicado en La Nueva España el 22 de agosto de 2012

Venancio Blanco Andrés- La Riera, 1927 (Cangas de Onís)- ya tiene calle en Tineo. Muchos se pueden preguntar quien es Venancio y se les podría contestar que el presidente del Club Tinetense Residencia Asturiana de Buenos Aires. Y dicho eso nos quedaríamos cortos, muy cortos.
Permítanme una breve pincelada de su vida, que corre paralela a la del Club Tinentense.

Venancio salió de España en 1953 y se dirigió a Brasil, donde vivió hasta 1958, fecha en que se trasladó a Argentina, en donde vive desde entonces.
Los años fueron pasando y muchos asturianos se encontraron en situaciones personales difíciles, sobre todo los más mayores. Ante la falta de cobertura social y sanitaria por parte del gobierno argentino, Venancio Blanco y un grupo de emigrantes deciden hacer algo y cuaja la idea de crear una residencia de ancianos. La base de tal proyecto es el Club Tinetense, fundado allá por 1932, y la Residencia Asturiana, puesta en marcha en 1983, que ya desde su creación tenía por objetivo el cuidado de unos pocos asturianos más pudientes. El empuje de estos emigrantes logró fusionar ambas instituciones y el 12 de febrero de 1996 se inaugura la actual residencia de ancianos que cuenta casi cien residentes. Las tres plantas del edificio tienen una capacidad para 114 personas. Ahora andan con los trámites burocráticos para inaugurar unos apartamentos para matrimonios ancianos.

El Club Tinetense Residencia Asturiana fue galardonado con el Premio INSERSO 93 y recibió la Medalla de Oro de la Emigración en el año 2003. Blanco ha sido distinguido con la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito Civil en 1996; la Medalla de Oro de la Emigración en el año 2003; el premio “Carabela 2008” concedido por la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA) y en 2008 recibió la Medalla de Plata de Asturias.

Este pequeño repaso a su trayectoria tampoco nos explicará quien es Venancio. Para entender su dimensión humana, y la del proyecto que él encabeza, hay que verlo en Buenos Aires. Tuve la fortuna de asistir, hace unos años, a la celebración de una fiesta de carácter anual que tiene lugar  en el Club Tinetense y que denominan “La Fabadona”. Realmente es la degustación de una fabada a la que asisten emigrantes tinetenses, asturianos y españoles de muchos rincones de Argentina. Allí pude conversar con gentes llegadas expresamente de Rosario o de Mar de Plata para asistir a ese acto. Los comensales andan alredor de los 800, que abarrotan hasta los pasillos de la residencia. Y lo más importante, todos y cada uno de ellos quieren saludar y besar a Venancio. No hay nadie que no pregunte por él. Sencillamente le quieren, aprecian y respetan.

A los que llegamos de la tierrina no dejaron de ensalzarnos su labor y su honradez. Todo son buenas palabras. Les aseguro que a muchos se les humedecían los ojos hablando de Venancio.
La trascendencia de lo allí realizado alcanza toda su dimensión cuando se está a 11.000 kilómetros de casa y todos y cada uno de los españoles que allí viven saben que sí el infortunio les alcanza allí está el Club Tinetense Residencia Asturiana.

Un año más Venancio viene a Asturias a recordar a la clase política que necesitan colaboración y apoyo para continuar con este proyecto. Lo hace él, a sus 85 años, a pesar de que ya tiene que apoyarse en un bastón y el parkinson le hace la puñeta, pero aquí está.
Ante su trayectoria vital, solo puedo sumarme al sentir de tanto español en Argentina y decir: gracias Venancio por ser como eres.


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Venancio Blanco y solidaridad son sinónimos por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

3 ago 2009

Escuchando tu nostálgica canción

Tras más de doce horas, millones de luces nos reciben. Uno mira a su derecha y los puntos amarillos son más que estrellas hay en el cielo, pero si miras a la izquierda, por lo menos hay otras tantas, sino más. Y es que Buenos Aires desde el aire y de noche impresiona. Cuando se contempla de día, y ya a pie de calle, la impresión de la noche se hace realidad. Sin duda, es una de las grandes ciudades del mundo.

La tregua dada por el mundo rural a Cristina Kistner ha vuelto a llenar la ciudad de enormes camiones. Y es que en Buenos Aires todo es grande, enorme. Las calles se pierden en la distancia y ni siquiera se atisba en el horizonte su fin. Alrededor de uno solo se ven gente y más gente y como en toda gran ciudad que se precie de tal, la variedad étnica es importante.

Y taxis, a miles. Su techo amarillo se ve continuamente. En competencia con ellos, los remis, ese sistema de transporte particular tan peculiar de la ciudad bonaerense. La diferencia entre unos y otros, además del color, es que los taxis los puedes para en la vía pública y los remis no, los tienes que coger en la agencia o pedir por teléfono.
La sensación que uno percibe es que la ciudad se encuentra en un atasco permanente. Uno podía pensar que los pitidos son la música de las calles, pues no. Curiosamente no hay escándalo de claxones, no se sabe si por resignación o porque no serviría de nada.


Ir y venir. La gente no se para nunca. No se sabe si tienen un destino concreto, pero las riadas humanas se suceden unas a otras.
A poco que algún porteño escuche nuestro acento, no tardará en entablar conversación. La pregunta obligada es: ¿de qué parte de España son ustedes? A la respuesta de Asturias, todos parecen saber donde está. Tampoco es extraño que el interlocutor te muestre una insignia y te des cuenta de que es gallego o asturiano. Bueno, al fin y al cabo hasta los extremeños son gallegos por acá.

Y sí en la capital te acercas al restaurante El Establo y preguntas por el dueño, allí aparece “Casín”, José Manuel Alonso, de Caso, que aparte de ofrecerte una magnífica comida te colmará con su amabilidad. Si además uno tiene suerte y allí se encuentra otro asturiano y también empresario, José Antonio Zapico, entonces la cosa puede ponerse seria.
Uno se siente muy a gusto entre ellos y llegas a comprender el profundo amor que sienten por Asturias y España. En palabras de José Antonio “el peor partido político de España es el mejor del mundo”. Y es que para ellos la democracia española no tiene igual. No importa lo que tú digas, ellos insisten: “no sabéis lo que tenéis y ya podéis cuidarlo”.
Estos asturianos comparten una pasión muy argentina: la política. Al poco tiempo nos están explicando la reciente huelga, ahora en tregua, y sin duda aportan también las soluciones. Su concepción del país está basada en su riqueza agraria.


Uno anda por estas tierras acompañando al Alcalde de Tineo, Marcelino Marcos y a Juan Fernández Pereiro, Alcalde de Valdés y Presidente de la FAC.
Ya han pasado las elecciones y ahora quieren demostrar a los emigrantes que no se olvidan de ellos. Por aquí hay muchos votos, pero sobre todo hay muchos compatriotas que no quieren que nos olvidemos de ellos. No nos podemos permitir ese lujo.
Ambos alcaldes iniciaron su periplo con una visita a la sede del PSOE en Buenos Aires. Allí nos recibió Mª Ángeles Ruisanchez, de Ribadesella, y Secretaria General del PSOE en Buenos Aires.
Primer contacto y primeras emociones. Tras las felicitaciones de ambos alcaldes por la labor realizada en la última campaña electoral y, sobre todo, por los resultados obtenidos, comienzan las preguntas, las valoraciones. Saben todo de España. Siguen todos los acontecimientos, los de su tierra chica y los España. Ellos son socialistas españoles que viven en Argentina. Quieren mucho a este país, pero España es su casa. Todos los pregonan. Nos lo dicen una y otra vez. Mª Ángeles en su intervención dijo algo que nos dolió: “tenemos miedo a que no se nos considere españoles”. Pero alguien puede dudar de su españolidad. Que se den una vuelta por aquí y verán lo que es el amor y la añoranza por su tierra.

Siguen las confesiones, los temores, los reproches cariñosos: hay que cuidar a los emigrantes que están llegando a España. Directos, claros, saben de lo que hablan mejor que nadie y por eso dicen que “la inmigración no quita espacio a nadie”.
Los alcaldes asienten. Les toca a estos ediles ser el correo de transmisión de cual es la situación de los emigrantes españoles en Buenos Aires. Hay que ir preparando esas políticas de desarrollo internacional que se supone van a contribuir a mejorar las cosas. Palabras bonitas y necesarias, pero ellos están aquí. Estuvimos con ellos. Son socialistas de Asturias, Galicia, Euskadi, de..., nos corrigen “somos socialistas españoles”.
Y nos despedimos escuchando una nostálgica canción de amor a España.

* “escuchando tu nostálgica canción”, verso de La canción de Buenos Aires. Letra de Manuel Romero. Música de Azucena Maizani y Oreste Cúfaro. Tango de 1932 y que cantó Gardel.

A diez mil kilómetros y estamos en casa

Había oído muchas veces que las cosas por aquí eran distintas. Que los sentimientos que te trasmiten estos asturianos de Buenos Aires eran algo especiales. La verdad es que se han quedado cortos. No estaba preparado para algo así.
¿Cómo se puede definir ese sentimiento de añoranza, de amor intenso hacia Asturias? Les aseguro que sí escuchan los cantares que hubo en el Centro Asturiano de Buenos Aires y como eran coreados por todos los presentes, se les habrían empañado los ojos.

Estos emigrantes van tomando rostro. Ya no son solo un grupo, ahora tienen una cara, nombre, apellidos y un pueblo del que provienen, allá en la lejana España.
Manuel de Luarca, que no Valdés; Ana Mª del Carmen, de Borres (Tineo), Juanjo de Muñas (Luarca), José, de Casa Chicho de Arganzúa (Pola de Allande) y el siempre bueno y acogedor de Venancio Blanco, de Cangas de Onís. Estos y un largo etcétera, son asturianos de Buenos Aires.
Cuando llegamos al Centro Asturiano ya estaba por allí su presidente, Antonio Nespral. También tuvimos la oportunidad de conocer a Juan José Fernández, presidente de la Peña Luarquesa. Solo por la acogida, mereció la pena el largo desplazamiento, al menos eso nos pareció a nosotros. Y es que Buenos Aires es enorme, tanto que según pasan los días y conocemos algo más, aún nos parece mayor.
Lo primero, visita a las instalaciones y a las obras de mejora que están introduciendo: un aparcamiento que, la verdad, les resulta imprescindible. Tan necesario como caro y para el que muchos socios han tenido que anticipar dinero para su construcción. Los alcaldes de Tineo y Valdés quedaron informados.
Tras la visita, como no, asado. Todos a la mesa a disfrutar de la hospitalidad de estos asturianos y de la carne argentina.
El Centro Asturiano de Buenos Aires cuenta en la actualidad con unos 3.100 socios y el próximo 13 de abril celebrará sus primeros 95 años de existencia.

Después de la opípara comida, Nespral agradeció la visita y los alcaldes manifestaron su apoyo institucional y esperaban que también fuese algo más.
Tras las formalidades, el alcalde de Tineo, Marcelino Marcos, se arranca a cantar. Lo hizo y mereció la ovación del respetable. Estaban todos encantados. El alcalde de Valdés, Juan Fernández, no quiso ser menos y también entró al trapo con una tonada. El animador de la cosa fue Félix Menéndez, concejal de Medio Ambiente y Medio Rural de Valdés, quien también forma parte de la comitiva. Lo de Félix y los cantarines es otra cosa: voz clara y potente. Sabe lo que se hace y emocionó a todos los presentes. Los alcaldes salieron bien librados y se vió que les gusta lo del karaoke y el cantar de chigre. Hasta ese momento, todo bien, pero cuando comienza a cantar Nespral, el presidente, todos a corear. Los que no cantaban se quedaron con la mirada fija y seguro que Asturias se les vino encima. Uno de los comensales no se sabe las canciones, es argentino, pero su abuelo era de Tineo y tras tres generaciones sigue en el Centro Asturiano.
Por aclamación popular, Nespral tiene que volver a cantar. Ahora saca voz para “toca la gaita gaiteru”. La canción no se le pone por delante, toma fuerzas y su voz cansada por los años, retoma el vigor de antaño. Da gusto oírle. Los que no sabíamos de esa faceta suya, quedamos impresionados: de pronto estábamos en un chigre asturianu de hace años.
¿Quién puede decir que estamos a diez mil kilómetros de Asturias? Ye mentira. Solo faltó la sidra o eso pensé yo. Porque la sidra apareció, vaya que si. Estuvimos en esta otra Asturias.
Pero la jornada no acabó aquí. Otra vez al coche. Dios que locura. Cuatro, cinco carriles plagados de vehículos. No existen los intermitentes. Quien llega primero se apropia del espacio. Susto por la derecha; cuidado por la izquierda. Ahora sí que no frena, lo alcanzamos por atrás. Nada de nada. Todo eso pasa por nuestras cabezas, mientras estos asturianos de Argentina conducen y nos ilustran lo que estamos viendo. Ahora, que el miedo, no nos lo quita nadie. Perdón por la expresión, pero ... como conducen (rellenen ustedes la línea de puntos).
Derechitos al centro de Noreña y Siero. Parroquianos echando la partida. Saludos a todos. Café compartido hasta con un paisanu de Caso. Visitamos las obras que están realizando. Otras que van despacio. Ya se sabe, cosas del dinero y de que los más jóvenes no participan en la medida adecuada.
Como no puede ser de otra forma, todo amabilidades.


De allí, más coche y para el centro de Cangas del Narcea. Mucha gente en la sala social. Partidas de cartas, por un lado las mujeres y por otra los hombres. ¿Es o no es una costumbre española?
Este centro tiene arrendada su cafetería y se ve que funciona. Grandes salones, tanto para comer, ya estaban todas las mesas montadas, como para celebrar bailes. La cosa les van bien, aunque son únicamente unos 300 socios.
El restaurante de este centro cangués ofrece espectáculos y entre ellos hay uno famoso: un gaucho bebiendo vino de una bota y al tiempo canta el Asturias patria querida. Parece ser que quienes lo han intentado no han logrado emitir una sola nota.
Los presentes se acercan a los alcaldes. Uno de ellos se presenta a Marcelino Marcos y le dice que él es de Carcediel-pueblo del concejo de Tineo. Le entrega una nota personal. Ahí es nada, un tinetense en el Centro de Cangas del Narcea. Si es que con las distancias se acaba con los localismos.



La sonrisa y la amabilidad no se les quita ni un segundo. No podemos menos que enamorarnos de estos asturianos de Buenos Aires.