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5 may 2018

Una sentencia incomprensible

Publicado en La Nueva España el 5 de mayo de 2018

La denominada sentencia de La Manada está provocando protestas muy importantes y también discrepancias en la sociedad y en el mundo judicial. Los sentimientos se desbordan y en un tema tan serio creo que debemos realizar esfuerzos por racionalizar lo sucedido.

Tengo mi opinión. No estuve allí. No vi los videos. No escuché las declaraciones. No soy licenciado en derecho. He leído la sentencia, con más detenimiento algunas partes y más rápido los argumentos jurídicos. No todo lo comprendí en su plenitud, pero sí me hago una composición bastante cabal de lo allí manifestado. Creo que fue una agresión sexual.

El tribunal estuvo constituido por tres magistrados. La sentencia se recoge en 371 páginas y consta de dos partes: una condenatoria, que es la mayoritaria, que va hasta la página 133 y la segunda, que pide la absolución con un voto particular, que llega hasta el final.

Desde mi perspectiva, como profano en la materia, hay bastantes cosas que me chocan.

A los cinco acusados los condenan por abuso sexual con prevalimiento. Esto del prevalimiento quiere decir que se han valido o servido de algo para ventaja o provecho propio.

Se me podrá decir que no comprendo el funcionamiento de las leyes, cierto, pero también es cierto que los jueces tienen la capacidad, y así lo hacen, de interpretar esas leyes. En este caso han considerado que hay delito y se han decantado por la pena más leve.
Lo explican: “no apreciamos que exista intimidación a los efectos de integrar el tipo de agresión sexual”.

Miren, no lo entiendo. Sí, ya sé que no soy capaz de discernir en su integridad los procedimientos judiciales, pero hay muchas cosas que me resultan difíciles de asimilar como cuando estos magistrados dicen: “Estimamos que los procesados conformaron de modo voluntario una situación de preeminencia sobre la denunciante, objetivamente apreciable, que les generó una posición privilegiada sobre ella, aprovechando su superioridad así generada, para abusar sexualmente de la denunciante quien de esta forma no prestó su consentimiento libremente, sino viciado, coaccionado o presionada por tal situación”.

¿Esto no es violación? Me resulta difícil de asimilar.

Los magistrados José Francisco Cobo Sáenz y Raquel Fernandino Nosti afirman que “las acusaciones no han probado el empleo de un medio físico para doblegar la voluntad de la denunciante, que con arreglo a la doctrina jurisprudencial implica una agresión real más o menos violenta, o por medio de golpes, empujones, desgarros; es decir, fuerza eficaz y suficiente para vencer la volunta de la denunciante y obligarle a realizar actos de naturaleza sexual, integrado de este modo la violencia como elemento normativo del tipo de agresión”.

En este caso son cinco hombres y una mujer. Cinco hombres que quieren “follar”. Cinco hombres que introducen a una mujer en un portal. Dicen que al no haber lesiones no hay violencia. ¿La intimidación no es una forma de violencia más sutil? ¿No la aprecian?

La sentencia describe detalladamente los videos grabados por los ya condenados. Resulta repulsivo. Se puede leer vía Internet sin ningún problema.

Según estos dos magistrados “la situación que según apreciamos describen los videos y fotos examinadas, nada tiene que ver, con un contexto en que la denunciante estuviera activa, participativa, sonriente y disfrutando de las prácticas sexuales, según mantienen los procesados”.

¿Pero de verdad no es violación?

El voto particular del magistrado Ricardo Javier González González no tiene desperdicio. Eso sí, el mismo reconoce que “soy consciente a este respecto de la extensión inusual que va a alcanzar este voto particular…”

Habla de juicio paralelo y pide una sentencia de presunción de inocencia. Piensa este magistrado que la sentencia mayoritaria “ha tratado las pruebas de cargo especialmente la principal (la testifical de la denunciante), de una forma tan obsequiosa y complaciente que no puedo compartir…”.

El magistrado Ricardo Javier González no ve lo mismo que sus compañeros de tribunal: “No aprecio en los videos cosa distinta a una cruda y desinhibida relación sexual, mantenida entre cinco varones y una mujer, en un entorno sórdido, cutre e inhóspito y en que ninguno de ellos (tampoco la mujer) muestra el más mínimo signo de pudor…”.  Refiriéndose a la mujer manifiesta que “lo que me sugieren sus gestos, expresiones y los sonidos que emite es excitación sexual”.

El magistrado Ricardo Javier González considera que los informes psicológicos de la denunciante presentan contradicciones, por el contrario, “el pericial de las defensas resulta… firme, razonado, fundado y conforme con los resultados en los que el mismo se apoya”.

Dice más, mucho más, este magistrado: “La denunciante fue capaz de mantener su actividad en las redes sociales, de salir con sus amigos y de disfrutar de vacaciones…” Y continuando por esta senda el magistrado pone de manifiesto que “pudo ser el temor de que las imágenes grabadas pudieran ser difundidas lo que, tal vez, alentó de algún modo la denuncia”. Ahora la senda se vuelve fangosa: “Que la relación resultara insatisfactoria y emocionalmente traumática”. Y llegamos a un lodazal: “La propia denunciante está reclamando para sí la cantidad de 250.000 €, una suma absolutamente desorbitada”.

Me despisté. ¿Esa mujer no era la denunciante? ¿Cuándo pasó a acusada?

Al magistrado Ricardo Javier González no le resultan tampoco convincentes ni las explicaciones de los testigos ni las de la policía.

Para el magistrado Ricardo Javier González se ha producido “una (permítaseme la expresión) [el paréntesis es del magistrado] “reinvención” del caso, que ha pasado a ser de un posible delito de agresión sexual a otro por abusos con prevalimiento, con la necesidad, para luego efectuar su correspondiente calificación jurídica…” Cree “que la decisión mayoritaria de la Sala… no ha respetado el principio acusatorio y esa imparcialidad que se nos demanda…” “Se trata,  por tanto, desde mi punto de vista [dice el magistrado Ricardo Javier González], de una condena “sorpresiva”, que, en mi opinión, vulnera las exigencias de un juicio justo”.

No tengo ni idea si la legislación es adecuada o hay que modificarla. No sé si alguien debe aclarar la sentencia y el voto particular. Ahora quedan los recursos e imagino que al final será el Tribunal Supremo quien tenga la última palabra. Todo eso queda para legisladores y poder judicial.

La sentencia me sorprende, el voto particular me perturba y creo que humilla a esta mujer. Carece de cualquier atisbo de sensibilidad, que no será un término jurídico pero sí humano.

Somos una sociedad machista. Las mujeres son discriminadas, muchas son maltratadas o agredidas sexualmente y otras  asesinadas. Esta sentencia no contribuye a convertirnos en más justos ni iguales. Comprendo la indignación de las mujeres.

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Una sentencia incomprensible by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

25 nov 2016

Machismo

Publicado en La Nueva el 25 de noviembre de 2016

En lo que va de año han sido asesinadas por sus parejas o exparejas 43 mujeres. Según sea la fuente puede variar esta cifra. Me da igual. Todas ellas fueron asesinadas por hombres y eso tiene un nombre: asesinato machista.

Nada de violencia doméstica, nada de violencia de género: asesinato machista.

Por mucho que se empeñen algunos, hay también mujeres, no es una cuestión individual. Es un problema social. Un problema que se atisba en muchas de las conductas ciudadanas diarias que nutren a los machistas. Son detalles que pueden parecer nimios pero que en absoluto lo son.

Si establecemos papeles masculinos y femeninos dentro del hogar estamos fomentando el machismo.
Si la niña hace su cama y al niño se la hace su madre, es lo más habitual, están educando desde el machismo. Si el niño recibe regalos tecnológicos, balones y similares y la niña muñecas, carritos de bebé y cocinitas, están educando desde el machismo.

Habrá, y los hay, quienes digan que esto no tiene relevancia. Creo que se equivocan. La tiene y mucha. Los roles se asimilan desde la infancia. Siempre de forma sutil. Hace tiempo, no tanto, se inculcaban a torta limpia.

Con la adolescencia será a las niñas a quienes se otorgue la responsabilidad de cuidar a sus hermanos menores. No al niño. Sigue siendo norma. No se equivoquen, eso también es machismo.

Los jóvenes comenzarán a salir por las noches ¡Cuántos dolores de cabeza para los padres! Pues bien, por lo general los padres son mucho más estrictos con los horarios de las chicas que con los de los chicos. Y eso es machismo. No les voy a hablar de los temores paternos en el caso de unas y otros.

Machismo.

Cuando se van a estudiar alejados de la protección familiar las chicas llaman todos los días a casa para dar el parte de novedades, los chicos lo hacen cuando cuadra y normalmente son las madres las que realizan la llamada. ¡Los chicos son así!

No lo duden, sigue siendo una actitud machista.

La incorporación al mundo laboral supone más desigualdad. Hay infinidad de estadísticas que nos dicen que las mujeres están discriminadas a todos los niveles: económico, de promoción… Eso es machismo puro y duro. El acceso a determinados puestos sigue estando casi prohibido a las mujeres. No solo en las empresas, pequeñas y grandes, sobre todo estas últimas, también en cargos públicos de máxima relevancia.

Y eso, no les quepa la menor duda, es machismo.

En nuestro ámbito familiar los hombres hacemos la compra, alguna vez, y de eso alardeamos pero ¿cuántas veces fregamos la taza del váter? No, no tienen autolimpieza. Eso es machismo.

Si miramos a nuestro alrededor mil y un detalles nos indican conductas machistas. No les voy a hablar de vergüenzas panfletarias como Cásate y sé sumisa que sobrepasa cualquier atisbo de racionalidad.

Pues si estas, y otras muchas, son pautas sociales normales no debería extrañarnos que surja la anormalidad mortífera del asesinato machista.

Desde luego no establezco una relación directa entre esos procederes machistas y los asesinatos. Lo que si digo es que una sociedad machista es un caldo de cultivo ideal para que se maltraten, y en casos extremos se asesinen, a mujeres sin que se produzca una inmensa protesta social.

Hay una actitud que me resulta – voy a decirlo de forma suave – reprobable. Es la de aquellos hombres que cuando se habla de asesinatos machistas sacan a colación lo de que también hay mujeres que matan a hombres. Para ello utilizan fuentes nunca aclaradas. De las mujeres asesinadas podemos saber fácilmente sus nombres, la de esos varones nunca.

Eso sí, estos hombres no se consideran machistas.

Otro de sus razonamientos de cabecera son las denuncias falsas por maltratos que realizan las mujeres. Con que recuerden una ya les vale. De las miles que son ciertas ni se acuerdan. Tienen memoria selectiva.

No son machistas. En absoluto. ¡Faltaría más!

Llegados al paroxismo del argumentario sacan a colación la maldad de las mujeres que ante un divorcio se quedan con la custodia de los hijos y la mitad de los bienes.
Por favor, fíjense y verán como siguen este lamentable patrón. Por mucho que se empeñen sus argumentaciones son torticeras, maniqueas. Son machistas.

Sí, en esta España nuestra tan avanzada, justa y democrática suceden estas cosas.

¿Se imaginan a mujeres asesinando a jueces, diputados o sacerdotes? No uno, ni dos, ni tres; matando a cuarenta, cincuenta, sesenta al año. Pues esas son las mujeres asesinadas por hombres.

¡Y luego dicen que no somos machistas!

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7 oct 2015

Asesinatos socialmente aceptados



El gobierno ha realizado, a través del presidente, unas durísimas declaraciones y ha prometido modificar todas las leyes que sea necesario para acabar con esta oleada de crímenes.

Este compromiso público ha venido tras los recientes asesinatos de dos diputados, uno del partido del gobierno y otro del primer partido de la oposición.

El presidente del Congreso ha convocado, a su vez,  un pleno extraordinario de ambas cámaras para mostrar la consternación de todo el arco parlamentario ante estos atentados a la democracia. Todos los portavoces se han sumado a la repulsa y ya han consensuado cambios drásticos en la legislación “que acaben de una vez por todas” con estos execrables asesinatos.

Hace ya un mes que dieron comienzo estos magnicidios que han sacudido los pilares de la sociedad española.

Como todos recordamos, los primeros crímenes se cebaron en la judicatura. Tres jueces, uno de ellos del Tribunal Supremo, fueron asesinados a cuchilladas. El, o los asesinos, demostraron una violencia tan descomunal que los forenses se vieron afectados ante la crueldad demostrada por los criminales.

En un principio, la policía barajó como hipótesis de estos asesinatos cuestiones relacionadas con la Justicia. Más tarde, con la terrible muerte del presidente del banco Tedejaresinuncéntimo, que murió abrasado tras ser rociado con gasolina, prendió todas las alarmas en los servicios de seguridad del Estado.

Desde ese momento todos los ciudadanos hemos seguido con creciente alarma la escalada de estos asesinatos tan atroces, a la par que demandamos más seguridad para nuestros representantes.

Por si esto fuera poco, hace dos semanas fueron brutalmente exterminados, tenemos ya que hablar de exterminio, cuatro delegados del gobierno: dos andaluces, uno vasco y otro catalán.

A la vista de la magnitud que está adquiriendo la matanza, la policía no ha dudado en ponerse en estado de máxima alerta y calificar los asesinatos de “atentado a la democracia española”.

El asesinato del presidente de la Conferencia Episcopal, al que azotaron hasta matarlo, ha conmovido los pilares del país y la comunidad internacional. El Papa ha realizado las declaraciones más contundentes jamás oídas a un Pontífice.

Todos los medios de comunicación españoles realizaremos el próximo domingo una declaración conjunta en la que vamos a poner de manifiesto nuestro apoyo al gobierno, a las instituciones, así como a la policía para que estos derramamientos de sangre terminen.

Una sociedad democrática, avanzada, no puede permanecer inerte ante estos atentados a las personas, a la moral y a la democracia.

Esta podría ser una noticia de un medio de comunicación sí hubiesen asesinado a varias personas de relevancia pública. Mejor dicho, la noticia sería mucho más dura y pondría más énfasis en la necesidad de acabar con los asesinatos. Creo que lo podemos imaginar. Sería lógico.

Pues no nos engañemos, sufrimos una lacra social más terrible y continuada a la que no hacemos ni puto caso: el asesinato de mujeres a manos de hombres, asesinatos machistas.

En lo que va del 2015 van 33 mujeres masacradas por hombres, y para nuestra desgracia no serán las últimas. No es novedad, año tras año varias decenas de mujeres son asesinadas – sí, asesinadas por hombres - y ya hemos aprendido a vivir con ello. No me digan que no. Si no lo viésemos como un peaje que hay que pagar ya se abrían acabado estos crímenes.

Somos un país machista.

Los comentarios y declaraciones de algunos políticos o miembros de la jerarquía católica contribuyen a perpetuar ese machismo. Eso por no hablar de determinadas sentencias judiciales. Pero no son los únicos responsables.

A mí me cabrea, y no se imaginan cuanto,  cuando alguien argumenta aquello de que también hay mujeres que matan a sus maridos o que las mujeres se quedan con todo en los divorcios y eso es violencia de género, etc. etc. Eso es machismo. Sí, es machismo.

Hay hombres que asesinan a mujeres, que les pegan, que las amenazan con matar a los hijos… y todavía hay quien tiene cojones a negar esta evidencia con esos otros argumentos. Eso es machismo.

Ya está bien. Los asesinatos machistas son un gravísimo problema en España. Tenemos una sociedad permisiva con la violencia hacia las mujeres.

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5 mar 2013

Por los dichos nos conocemos


Comentario para Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (05/03/2013)

La relación entre pensamiento y lenguaje está clara. Los lingüistas, antropólogos, etnólogos o filólogos podrán discutir sobre cual es primero, pero fuera del ámbito académico entendemos que ambas cosas van íntimamente unidas.

Cada uno de nosotros tenemos opiniones sobre lo que nos rodea. Da igual que sea de fútbol, religión, economía, política... Una de nuestras características como seres humanos es la de opinar. Y esas opiniones no son asépticas, en absoluto. Detrás de ellas hay una forma de entender la sociedad, la vida. Hay una ideología.
Y sí, digo ideología, a la que tantas veces han querido matar y enterrar. Eso es lo quieren aquellos que desean el pensamiento único, por supuesto.

Estos días Tony Cantó volvió a ser protagonista por unas declaraciones que realizó a través de Twitter: “¿Sabías que un tercio de las muertes por violencia doméstica en España son hombres?” Como le pareció poca información añadió: “La mayor parte de las denuncias por violencia de género son falsas. Y los fiscales no las persiguen. Las estadísticas son sesgadas”

Eso sí, al cabo de unas horas pidió perdón. Ya está, se acabó.
Los militantes de UPyD dan por bueno su comportamiento y los que apoyan sus palabras iniciales le aplauden por su valentía.

El diputado Tony Cantó es miembro de la Comisión de Igualdad y se supone que tiene que tener mucha información sobre la violencia de género. Es más, yo supongo que es una de las personas que más documentos tiene que tener sobre este tema. Si esto es así ¿para qué necesita el diputado Cantó los datos de Feder.Gen (Federación de Afectados por las Leyes de Género)?

No deja de sorprenderme que el diputado Cantó no se parase un segundo a pensar lo que estaba escribiendo. Aunque si volvemos a la relación existente entre pensamiento y lenguaje se me aclaran todas las dudas.

Estoy seguro que Tony Cantó, diputado, sabe perfectamente que las fuentes de información no son imparciales, y no digo yo que tengan que serlo. Pues bien, la Federación de Afectados por las Leyes de Género dicen cosas como esta: “Las políticas de género se mantienen porque algunos políticos creen que les proveen de rentabilidad electoral. Sin embargo son contraproducentes para la sociedad ya que en lugar de reducir la violencia la incrementan”.

¿Esto será ideología? ¿De qué tipo? Cada uno la calificará en función de su pensamiento, de su ideología.
Tengo la impresión de que algunas personas quieren “reducir” la violencia machista a un pequeño problema y eso está muy lejos de la realidad.

Hay quienes hablan de discriminación para los hombres, de que hay mujeres que se aprovechan de la situación, de que…Buscan y encuentran muchas argumentaciones, pero a pesar de todo lo que dicen la terrible realidad sigue estando ahí.

Mujeres asesinadas, mujeres maltratadas físicamente, mujeres discriminadas… y todo ello por hombres.

Las leyes se incumplen, se manipulan, algunos se aprovechan de ellas, claro que sí, pero desgraciadamente este país necesita una ley contra la violencia machista.

Otra declaración ideológica ha sido la de Jorge Fernández Díaz, Ministro del Interior: “Sigo creyendo que el matrimonio define la unión de un hombre y una mujer y estoy en contra del derecho a adoptar niños por parejas del mismo sexo. Creo que debe prevalecer el derecho del niño”

Otra afirmación más del Ministro del Interior: “Existen argumentos racionales que dicen que ese matrimonio –se refiere al matrimonio entre gais o lesbianas- no debe tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el matrimonio natural. La pervivencia de la especie, por ejemplo, no está garantizada”

Habrá quien me diga que eso es así y que no es cuestión ideológica, que es –ya lo ven-  una mera cuestión natural. Eso dicen.

Miren, hay temas sociales que son muy dados a la discusión ideológica. Entre ellos podemos destacar estos de la violencia de género, los derechos de las parejas del mismo sexo, el aborto o la eutanasia. Todos ellos son temas que dividen ideológicamente a los ciudadanos.

Los que niegan derechos por cuestiones sexuales, los que quieren prohibir a la mujer decidir sobre su propio cuerpo, los que minimizan la violencia machista, los que no nos permiten morir en paz, forman parte de un pensamiento, de una ideología que no es la mía.

Disfruten de la vida y yo sí creo que la ideología es importante. La suya lo es, pero por favor, respeten la mía.

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