Mostrando entradas con la etiqueta Venancio Blanco Andrés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Venancio Blanco Andrés. Mostrar todas las entradas

7 ene 2016

Mi respeto, Venancio Blanco

 
Publicado en La Nueva España el 7 de enero de 2016

Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción…

Antonio Machado


Treinta y cuatro años y diez mil kilómetros nos separaban, así y todo nos entendíamos. Una vez al año Venancio Blanco y yo nos veíamos. Venancio ha muerto.

Nos conocimos hace pocos años, en 2008, y desde entonces mantuvimos el contacto. En los primeros días de agosto me llamaba: “ya estoy aquí”. Y ese “aquí” era Asturias, su tierra.

Venancio Blanco Andrés  (La Riera (Cangas de Onís) 1927- Buenos Aires, 2016) era un emigrante que dedicó parte de su vida a los demás. Alma del Club Tinetense Residencia Asturiana de Buenos Aires, Venancio me demostró que es ser solidario.

El Club Tinetense es una residencia de ancianos de Buenos Aires. Atiende a asturianos y españoles. La financiación corre a cargo del gobierno de Asturias y del INSERSO, así como de la pequeña aportación de los residentes. Venancio no permitía que en Asturias se olvidasen de su existencia.

Año tras año recorría las instituciones asturianas –gobierno autonómico, ayuntamientos…- No había puerta a la que no picase. La causa bien lo merecía.

Venancio era un hombre prudente, discreto, amable. Ante la presencia de muchas personas se retraía, a no ser que hablara de la residencia. En la intimidad, a la cual me permitió acercarme, era un asturiano con retranca. ¡Mucho me reí con él!

Estuvo viniendo a Asturias hasta el 2014, ese año ya no pudo. Las fuerzas le fallaron. El año anterior llegó acompañado por Horacio Castaño y un bastón.

El viaje de doce horas no parecía hacerle mella. Se alojaba en un viejo hostal de la calle Uría y desde él encaminaba sus pasos a sacudir la “solidaridad” institucional.

Era infatigable. Con más de ochenta años podía estar desde la mañana a la noche en pie. No emitía una sola queja. No pedía descansar ni sentarse.

Tras alguna de sus reuniones, y la correspondiente fotografía, nos encontrábamos para comer. Nada le hacía daño. No perdonaba el pote de berzas, la fabada o cualquier otro plato asturiano. Si había sidra, pues sidra.
Como todos los emigrantes que he conocido, Venancio estaba al tanto de todo lo que pasaba en Asturias. Esta era su casa y así lo sentía.

Es cierto que le concedieron varios galardones, entre ellos la Medalla de Plata de Asturias en 2008, pero sin duda el mayor reconocimiento fue el de los emigrantes asturianos en la Argentina. La simpatía y el cariño que despertaba entre esos asturianos de la diáspora era emocionante. Pude comprobar como todos le querían besar, saludar. Esa unanimidad de pareceres yo nunca la había visto. Le alababan y daban garantías de su honradez.

No tuvo una vida fácil. Nunca le escuché una queja. Lo personal no le hacía olvidar su objetivo principal: los asturianos más desfavorecidos. Cualquier apoyo lo recibía con enorme gratitud. Lo que aquí son unas migajas, allí es la tranquilidad de muchos. Él lo sabía y por eso, año tras año, se hacía esos diez mil kilómetros.

Estos dos últimos años lo eché de menos. De ahora en adelante, cada mes de agosto, me acordaré de él.

Nunca persiguió la gloria, pero para siempre dejó un recuerdo en mi memoria.

Con todo mi respeto, Venancio.

Licencia de Creative Commons
Mi respeto, Venancio Blanco by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

24 ago 2012

Venancio Blanco y solidaridad son sinónimos

Artículo publicado en La Nueva España el 22 de agosto de 2012

Venancio Blanco Andrés- La Riera, 1927 (Cangas de Onís)- ya tiene calle en Tineo. Muchos se pueden preguntar quien es Venancio y se les podría contestar que el presidente del Club Tinetense Residencia Asturiana de Buenos Aires. Y dicho eso nos quedaríamos cortos, muy cortos.
Permítanme una breve pincelada de su vida, que corre paralela a la del Club Tinentense.

Venancio salió de España en 1953 y se dirigió a Brasil, donde vivió hasta 1958, fecha en que se trasladó a Argentina, en donde vive desde entonces.
Los años fueron pasando y muchos asturianos se encontraron en situaciones personales difíciles, sobre todo los más mayores. Ante la falta de cobertura social y sanitaria por parte del gobierno argentino, Venancio Blanco y un grupo de emigrantes deciden hacer algo y cuaja la idea de crear una residencia de ancianos. La base de tal proyecto es el Club Tinetense, fundado allá por 1932, y la Residencia Asturiana, puesta en marcha en 1983, que ya desde su creación tenía por objetivo el cuidado de unos pocos asturianos más pudientes. El empuje de estos emigrantes logró fusionar ambas instituciones y el 12 de febrero de 1996 se inaugura la actual residencia de ancianos que cuenta casi cien residentes. Las tres plantas del edificio tienen una capacidad para 114 personas. Ahora andan con los trámites burocráticos para inaugurar unos apartamentos para matrimonios ancianos.

El Club Tinetense Residencia Asturiana fue galardonado con el Premio INSERSO 93 y recibió la Medalla de Oro de la Emigración en el año 2003. Blanco ha sido distinguido con la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito Civil en 1996; la Medalla de Oro de la Emigración en el año 2003; el premio “Carabela 2008” concedido por la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA) y en 2008 recibió la Medalla de Plata de Asturias.

Este pequeño repaso a su trayectoria tampoco nos explicará quien es Venancio. Para entender su dimensión humana, y la del proyecto que él encabeza, hay que verlo en Buenos Aires. Tuve la fortuna de asistir, hace unos años, a la celebración de una fiesta de carácter anual que tiene lugar  en el Club Tinetense y que denominan “La Fabadona”. Realmente es la degustación de una fabada a la que asisten emigrantes tinetenses, asturianos y españoles de muchos rincones de Argentina. Allí pude conversar con gentes llegadas expresamente de Rosario o de Mar de Plata para asistir a ese acto. Los comensales andan alredor de los 800, que abarrotan hasta los pasillos de la residencia. Y lo más importante, todos y cada uno de ellos quieren saludar y besar a Venancio. No hay nadie que no pregunte por él. Sencillamente le quieren, aprecian y respetan.

A los que llegamos de la tierrina no dejaron de ensalzarnos su labor y su honradez. Todo son buenas palabras. Les aseguro que a muchos se les humedecían los ojos hablando de Venancio.
La trascendencia de lo allí realizado alcanza toda su dimensión cuando se está a 11.000 kilómetros de casa y todos y cada uno de los españoles que allí viven saben que sí el infortunio les alcanza allí está el Club Tinetense Residencia Asturiana.

Un año más Venancio viene a Asturias a recordar a la clase política que necesitan colaboración y apoyo para continuar con este proyecto. Lo hace él, a sus 85 años, a pesar de que ya tiene que apoyarse en un bastón y el parkinson le hace la puñeta, pero aquí está.
Ante su trayectoria vital, solo puedo sumarme al sentir de tanto español en Argentina y decir: gracias Venancio por ser como eres.


Licencia Creative Commons
Venancio Blanco y solidaridad son sinónimos por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

21 ago 2011

Venancio Blanco: un emigrante solidario


Venancio Blanco, a la derecha, Horacio Castaño a la izquierda. La conversación tuvo lugar el 11 de agosto de 2011 en Oviedo y sirvió de base para una noticia en el periódico El Comercio. La charla continuó en la comida y sobremesa. Venancio es hombre al que respeto y admiro. Es una buena persona.

En el mes de agosto Asturias recibe la visita de aquellos que huyen de la masificación y buscan tranquilidad a la par que calidad paisajística, cultural o gastronómica. Otros son figura habitual del mes veraniego por antonomasia, pero vienen a trabajar. Este es el caso de Venancio.
Venancio Blanco Andrés (La Riera-Cangas de Onís, 1927) pasa por Asturias con la discreción y la prudencia que le caracteriza. A sus 84 años viene a su tierra natal desde Buenos Aires para dar un aldabonazo a la solidaridad y la conciencia de los políticos asturianos. Preside el Club Tinetense Residencia Asturiana de Buenos Aires, que no es otra cosa, ni más ni menos, que una residencia de ancianos.
Blanco ha sido distinguido con la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito Civil en 1996; la Medalla de Oro de la Emigración en el año 2003; el premio “Carabela 2008” concedido por la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA) y en 2088 recibió la Medalla de Plata de Asturias.

Hombre de rutinas, cada vez que nos encontramos lo hacemos en el paseo de Los Álamos de Oviedo, frente a La Escandalera. Su aspecto no ha cambiado, luego comprobaré que su andar es más lento, pero sigue siendo firme.

Venancio ¿otro año más en Asturias para recaudar fondos?

Así es. Nuestra financiación sigue dependiendo de las aportaciones del INSERSO y del Gobierno del Principado de Asturias, junto con las colaboraciones de varios ayuntamientos asturianos.

¿Piensa que la crisis puede reducir las ayudas del Principado?

No son momentos fáciles para nadie, pero estamos seguros que los apoyos económicos continuarán en la misma línea que en años anteriores. El nuevo gobierno continuará con su contribución, la esperamos con los brazos abiertos, pues en caso contrario estamos listos.

¿Ya se han reunido con la nueva administración asturiana?

Sí. Nos hemos presentado. Acaban de llegar y hasta ahora no sabían de la existencia del Club Tinetense Residencia Asturiana. Aunque no fue posible entrevistarnos con el consejero de Presidencia, no lo descartamos, así nos lo dijeron.

¿Cuántas personas atienden en estos momentos?

Como comprenderás es un número que varía mucho, nos movemos alrededor de los 90 residentes que son atendidos por 40 personas.

Estamos sentados en una cafetería ovetense y miro sus manos: el parkinson, que era muy leve el año pasado, parece estar muy controlado y no ha ido a más. Venancio es un hombre que no necesita muchas palabras para definir las cosas. Todo lo que dice es oportuno y certero.

Venancio este año se le ha echado de menos en el día de Tineo en la FIDMA

En los últimos años en ese día nos hacían entrega de un cheque con la contribución del Ayuntamiento de Tineo, lo cual siempre agradecemos mucho. Estas cantidades con ser modestas son muy importantes para nosotros.
Todavía no he podido hablar con el alcalde de Tineo, pero lo haré en breve.

¿Va realizar más visitas?

Si. Visitaré a más alcaldes y me entrevistaré con Javier Fernández. Todo el apoyo que recibamos es bien recibido y necesario.

Este año le acompaña Horacio A. Castaño, presidente del Centro Asturiano de Rosario (Argentina). “Venancio no me dio más oportunidad que acompañarle. Cuando me di cuenta ya lo tenía todo organizado”.
La entidad que preside Horacio tiene un carácter mutual, social, deportivo y cultural que cuenta con más de 2.500 socios. Castaño abunda en las palabras de Venancio y también es muy claro: “espero que los compromisos con la diáspora se cumplan y no sea un mero discurso”.

Hasta el 23 de agosto recorrerán Asturias, no por vacaciones sino por solidaridad y compromiso.




Licencia de Creative Commons
Venancio Blanco: un emigrante solidario by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

3 ago 2009

Charlando con Venancio Blanco (Medalla de Plata de Asturias en 2008)


A primera vista, Venancio Blanco da la sensación de fragilidad. Cuando habla, esa percepción inicial parece que se confirma. Pero nada de eso se ajusta a la realidad. Venancio Ángel Blanco Andrés, así le bautizaron (La Riera-Cangas de Onís, 1927) mantiene un enorme vigor a sus 81 años. Tal vez sea la media hora diaria de pileta (piscina) como él dice, o tal vez su dedicación al Club Tinetense Residencia Asturiana. El caso es que esa imagen inicial se desdibuja cuando se le va conociendo.

El Gobierno del Principado de Asturias le ha concedido la Medalla de Plata y no deja de sorprenderse y de mostrarse agradecido. Está convencido de que hay mucha gente merecedora de ella.

Su persona trasmite paz y sosiego. Los años y las experiencias le han vuelto prudente, conciliador y paciente. Lleva años andando a la brega con las administraciones para conseguir apoyos y financiación para sus compatriotas en la emigración argentina. Su esfuerzo, y el de quienes le acompañaron en ese proyecto, se ve reconocido con este galardón que le entregarán el próximo día 5 de septiembre.

En el tiempo que lleva en Asturias no ha perdido el tiempo. Ha mantenido conversaciones con el Presidente del Gobierno del Principado, con la Consejera de la Presidencia, con el Viceconsejero de Seguridad, Emigración y Cooperación al Desarrollo, alcaldes y con todos aquellos que pueden contribuir a mejorar la situación de los asturianos en Argentina.
A su vez, Venancio Blanco ha recibido en esta temporada varios reconocimientos: el nombramiento de Vaqueiro de Honor en el 50 aniversario de la Vaqueirada de Aristébano o la “Carabela 2008”, premio que concede la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA)


- Venancio, ¿qué es el Club Tinentense Residencia Asturiana de Buenos Aires?
Es una residencia para personas mayores en la que damos alojamiento y pensión completa a todos aquellos españoles que por su situación económica atraviesan un mal momento. En estos momentos tenemos 94 residentes.
El Club Tinetense Residencia Asturiana es producto de la fusión de la Residencia Asturiana con el Club Tinetense, en un momento en que este último estaba pasando por una situación un poco apretada.

- ¿Cómo se financia?
- Se financia gracias al Gobierno del Principado y al INSERSO, porque lo que se recauda de las cuotas sociales es insignificante y el aporte de los interesados es del 75 por ciento de su jubilación, que son muy bajas, unos 130 o 140 euros mensuales.

- ¿Los Ayuntamientos asturianos contribuyen en algo?

- Algunos van contribuyendo y parece que se van contagiando un poco, en el buen sentido de la palabras, otros y cada vez se van acercando más.

- ¿Reciben algún tipo de ayuda de las administraciones argentinas?
- Nada. No recibimos nada. Ni el apoyo moral siquiera.

- ¿Asturias se porta bien con los emigrantes?
- Si. No cabe duda que recibimos mucha ayuda. A parte del apoyo de la concertación de plazas, están ayudando con apoyo técnico, de materiales que nos son necesarios como sillas de ruedas o andadores y un apoyo en metálico para los que más apretados están.

- Si le parece bien, pasemos a cosas más personales. Usted salió de Asturias en 1953 ¿hacia donde y porqué?
- Salí rumbo a Brasil porque era el lugar donde menos exigencias había para el ingreso. Me firmaron un contrato de trabajo por dos años, yo era ebanista, que era suficiente carta de presentación para entrar en el país. Allí estuve cinco años en la ciudad de Sao Paulo. Luego, en 1958, nos fuimos para Argentina.

- ¿Nos fuimos?
- Si, mi familia y yo. A los diez meses de estar en Brasil los hice ir. No quería una familia separada y nada más que pude llevé a mi mujer y a mis tres hijos.

- ¿Qué fue lo que le impulsó a emigrar?
- La situación en que se estaba en ese momento era bastante delicada. Había que trabajar mucho para ganar poco y entonces no podía dar a la familia lo que pretendía.

- Echando la vista atrás ¿mereció la pena?
- Vista la perspectiva y dadas las consecuencias y las circunstancias que se vivieron teníamos que habernos quedado.

- Como sabe, la Unión Europea ha endurecido su política de inmigración ¿qué le parece esta situación?
- Bueno, indiscutiblemente que alguna medida hay que tomar porque sino el hecho de frontera libre parece que tiene que ser un poco controlado, no al extremo, pero si hay que poner una banda protectora.

- Lleva usted un mes en Asturias y ha oído hablar mucho sobre la crisis económica de España ¿en qué la nota?
- Ocurre lo siguiente, yo, que vengo de Argentina, no noto nada de crisis económica, al contrario, veo que en las casas de comida hay que hacer cola. En los tiempos en que yo estaba aquí, ningún operario de obra se permitía el lujo de comer en un bar o un restaurante.

- ¿Y en Argentina cómo está la situación?
- La situación la pintan mala. El enfrentamiento que hay entre el campo y el gobierno yo creo que podría estar superado con un poco que pusiera cada parte. Me parece que son más caprichos personales que el interés por el rumbo de la patria.

- En España hay gente que piensa que los emigrantes nos quitan puestos de trabajo ¿qué le parece?
- Yo creo que lo que pasó en otros países cuando emigramos, es que el emigrante tiene que ir a trabajos que prácticamente rechaza el local. Nosotros tuvimos que andar por el mundo haciendo de limpiabotas, niñeras y todo tipo de trabajos, puesto que en nuestro país no podíamos desarrollar la profesión que teníamos.
Ahora lo que está sucediendo es que se invirtieron los papeles. La situación española mejoró y la de los otros países a los que emigramos se encuentran en situaciones algo peores que en las que estábamos nosotros.

- Ya para finalizar, un recuerdo triste de Asturias y uno alegre.
- El recuerdo triste que tengo es el momento en que a mi padre lo privaron de la libertad por ser democrático. El alegre, el día que me vi libre de poder pensar y actuar como yo pretendía.

Tras la entrevista, la conversación prosigue placidamente y de vez en cuando, Venancio Blanco se arranca con una ironía. Es un hombre de no muchas palabras, pero todas ellas son certeras.


Yo conozco a un hombre bueno y se llama Venancio Blanco


En la mayoría de las ocasiones la bondad o la maldad de las personas es una cuestión subjetiva de quien califica, en el caso de Venancio Blanco hay unanimidad: es un hombre bueno.
Hasta hace pocas fechas, Venancio Blanco Andrés -La Riera, 1927 (Cangas de Onís)- era un desconocido para la inmensa mayoría de los asturianos, ahora, con la concesión de la medalla de plata de Asturias, algunos más le conocen. El Gobierno de Asturias le ha otorgado este galardón por “la puesta en marcha en Buenos Aires de una residencia para ancianos de origen español y asturiano”. Esa residencia es el Club Tinetense Residencia Asturiana de Buenos Aires.

Tuve la fortuna de conocer a Venancio en Buenos Aires hace unos meses y la solidaridad no es un concepto para él, es su práctica diaria y así ha sido a lo largo de su vida.
Desde su juventud Venancio sabe lo que es el trabajo. Su niñez está marcada por la República y por la tragedia de la Guerra Civil. Su infancia conoce la escasez, el estraperlo y el odio acumulado por los vencedores y la resignación de los vencidos.
Antes de hacer las Américas, Venancio Blanco, de profesión ebanista, estuvo trabajando en las obras de construcción de lo que luego sería la sede central de Cajastur en Oviedo, según me comentó. En 1953 salió de España y se dirigió a Brasil, donde vivió hasta 1958, fecha en que se trasladó a Argentina, en donde vive desde entonces. La emigración la realizó en solitario, pero a los pocos meses ya estaban con él su esposa y sus tres hijos. No quería una familia separada. Vivió junto a su esposa, ya fallecida, 61 años.

Un hombre comprometido como Blanco no pudo permanecer inactivo ante los infortunios de los demás y junto con otros emigrantes decidieron crear esa residencia de ancianos que es el Club Tinetense Residencia Asturiana, cuyo lema lo dice todo: “al servicio de ancianos y discapacitados”.
El Club Tinetense fue fundado allá por 1932 y la Residencia Asturiana se creó en 1983, y ya desde sus orígenes tenía por misión el cuidado de unos pocos ancianos, objetivo que se lograba gracias a las aportaciones económicas de algunos emigrantes más pudientes. Ambas instituciones fueron languideciendo hasta que un grupo de personas, encabezadas por Venancio Blanco, decidieron fusionarlas. A partir de ese momento, Blanco se marca el objetivo de que el proyecto cuaje y salga adelante. El 12 de febrero de 1996 se inaugura la actual residencia que ahora tiene 94 residentes. Las tres plantas de que consta el edificio tienen capacidad para 114 personas. En este centro hay 42 trabajadores que atienden las necesidades de los ancianos que allí viven y a los cuales también se les presta asistencia médica.
El único requisito para poder ingresar en esta institución es el ser español. Los residentes aportan el 75 por ciento de su pensión, que ronda los 600 pesos mensuales (unos 130 euros). El coste real de cada residente alcanza en estos momentos los 1.800 pesos (aproximadamente 395 euros). Sin el apoyo del Gobierno Español y el Gobierno de Asturias sería imposible que este centro continuase prestando un servicio tan importante como el que realiza. Desde Asturias se le ha concedido este año, por acuerdo de Consejo de Gobierno del 23 abril, una subvención de 143.200 euros para sufragar los gastos de 43 plazas residenciales para emigrantes asturianos mayores sin recursos económicos.
Algunos Ayuntamientos han destinado en sus presupuestos una partida económica para contribuir a los gastos de mantenimiento. Así, el Ayuntamiento de Tineo tiene una partida de 6.000 euros destinados a este fin.

Al frente siempre ha estado Venancio. En Buenos Aires pudimos comprobar el aprecio y respeto que sienten por él. Todos están de acuerdo en que sin su empuje nada de esto hubiese sido posible. Hoy, a sus 81 años, sus fuerzas, que aún son muchas, están dedicadas al Club Tinetense. Todos los días, a primera hora de la mañana, y tras su media hora de natación en una piscina, se encamina al trabajo a gestionar el establecimiento residencial. La hora de salida nunca se sabe.

El Club Tinetense Residencia Asturiana fue galardonado con el Premio INSERSO 93 y recibió la Medalla de Oro de la Emigración en el año 2003. El propio Venancio recibió el reconocimiento del Rey de España, que le otorgó, por Resolución de 24 de junio de 1996, la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito Civil.
Hace pocas fechas, el 27 de julio pasado, en la celebración del 50 aniversario de la Vaqueirada de Aristébano, se le nombró Vaqueiro de Honor. Muy recientemente la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA) acordó concederle el premio “Carabela 2008” y el próximo día 5 de septiembre recibirá la Medalla de Plata de Asturias.
Todos estos premios vienen a confirmar algo que quienes los visitamos allá en Buenos Aires apreciamos inmediatamente: el enorme respeto y cariño que sienten los emigrantes por Venancio Blanco. Un hombre honrado, trabajador, así lo definen todos por aquellas tierras, yo lo comparto.

He tenido la oportunidad de estar con él allí, en Buenos Aires, y ahora en Asturias nos vemos regularmente, mí apreciación inicial no hace más que confirmarse. Venancio escucha, habla lo necesario, y aunque en ocasiones el tono de voz se le baje, no por ello el mensaje que transmite deja de estar claro. Es un hombre al que le gusta llegar a acuerdos y sabe esperar. Los sinsabores del pasado se han quedado allí y su objetivo sigue siendo el Club Tinetense Residencia Asturiana. Por esta institución seguirá trabajando hasta el último momento pues sabe que es el rincón donde los asturianos y españoles menos favorecidos siempre podrán acogerse.
Años de esfuerzos, de incomprensiones, de solicitar apoyos para los demás le han convertido en lo que hoy es: un hombre bueno.