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21 abr 2026

Libros, bibliotecas y Rufián

 


 

  El Día del Libro ¿para qué?. Se trata de un objeto incómodo de manejar, sobre todo en la cama. Coge polvo. Sus cubiertas y páginas con el tiempo amarillean y se quedan feos. Ocupan mucho espacio, claro, cuando tienes miles, cosa infrecuente. A lo largo de la Historia han dado muchos quebraderos de cabeza, tantos que algunos lectores impenitentes la perdieron. Han sido, los libros, causa de disputas, ¿entonces a qué viene celebrar un día especial para ellos?

  A finales del 2025 una que se dice influyente – ya sé qué queda más chic influencer, pero paso- dijo que no le gusta leer libros y que «no eres mejor persona por leer». Vale, le doy la razón, pero tal vez se puede ser más tonta por no hacerlo.

  Se montó el follón en las redes sociales. Pues no sé porqué, con darse un paseo por ellas se comprueba que el nivel de comprensión lectora y de escritura es el qué es. Vamos, muy pobre en gran medida.

  Si nos remitimos al estudio Hábitos de lectura y compra de libros en España 2025 de la Federación de Gremios de Editores de España, da la sensación de que somos un país de lectores impenitentes. Veamos. El total de lectores en cualquier soporte es del 69,8%. Quienes viajan regularmente en metro, por ejemplo, podrán comprobar que la mayoría del pasaje va leyendo libros en su móvil, ¿a que sí? Pues eso.

  Vayamos a otros datos de ese estudio.

  El total de lectores frecuentes es del 51,5%. Puntualicemos. Lee todos o casi todos los días el 32,1%. Vaya, el bajón es importante. Quienes leen una o dos veces por semana son el 19,4%. No parecen datos tan excelentes, ¿verdad?

  Más datos.

  Entre los lectores ocasionales, leen una vez al mes un 6,9%. Que lean alguna vez al trimestres son un 7,8%. No son datos para dar saltos de alegría.

  El total de no lectores es de un 33,8%. Sin comentarios.

  Por muchas vueltas que le demos los datos son malos y la realidad peor. No sé ustedes, pero en mi entorno no abundan los lectores, independientemente de su nivel académico.

  Como éramos pocos llegó Gabriel Rufián y la lió. Su señoría dijo: «Yo prefiero llenar TikTok que bibliotecas» Y se quedó tan pancho. Me cae bien, sabe lo que tiene que decir para generar polémica y aplausos en las redes sociales, pero en esta ocasión se pasó de frenada.

  Comparar las bibliotecas, públicas añado, con la red social TikTok significa no diferenciar entre lo importante y lo accesorio. No se solivianten, me gustan y uso las redes sociales. Esa red podrá tener los millones de seguidores que quiera, pero eso no resta un ápice la trascendencia y relevancia de la más pequeña de las bibliotecas públicas. Mientras haya un solo lector que acuda a esa biblioteca la esencia del ser humano estará presente en este mundo cada día más desnortado. Las bibliotecas públicas, los libros que albergan, son el reducto inexpugnable del conocimiento que hemos atesorado tras miles de años de evolución. Reducir nuestra vida a TikTok es renunciar a la capacidad de pensar de manera individual, sin cortapisas ni imposiciones, en libertad.

  La afirmación de Rufián, en este caso, es tan efímera e intrascendente como la inmensa mayoría de los mensajes que nos llegan por esa vía. No se me ocurriría equiparar a todo TikTok con un solo libro, con uno solo. El acto de escribirlo y después leerlo supone un esfuerzo intelectual del que carece esa red que dicen «social», no me refiero a la complejidad técnica.

  La afirmación de Rufián puso al libro en las redes, como también lo hizo la «equivocación» de Pablo Motos y Sonsoles Ónega respecto al IVA de los libros. Suponíamos que esta gente estaría mejor informada, pues no. Si no saben que el IVA de los libros es el 4% ¿qué sabrán de temas de más enjundia?

  No estoy en contra de las redes sociales, pero a la vista está el uso, el mal uso que de ellas se hace.  Las redes sociales se alimentan de mentira y bulos. Son las causantes de que haya hikikomoris de las redes. Los  hikikomori son aquellas personas, mayoritariamente jóvenes, que se recluyen en sus hogares y evitan todo contacto social por más de seis meses. Se trata de un fenómeno originado en Japón.

  La lectura de libros, aun siendo una actividad solitaria, provoca la estimulación de nuestro cerebro, motor de nuestra humanidad, pero es más que ese alimento cerebral, alborotan nuestros sentimientos, cualidad de la que carecen el resto de los animales. Los libros nos inundan de imágenes, que son diferentes en cada lector, todo lo contrario que TikTok que nos lo da todo enlatado. Las redes sociales nos llevan al scrolling, ya saben, el pasar a lo loco las páginas digitales sin pausa para fijarnos en nada, con un libro eso no se puede hacer, afortunadamente.

  Sin libros no existiría ni TikTok ni el resto de los avances tecnológicos. Desde luego que en internet hay información muy seria y se ha convertido en la gran biblioteca virtual, pero esa no es la que se consume normalmente, donde esté la carnaza que ofrecen las redes que se quité lo demás.

  No quiero dejar de lado la gran ocurrencia que han tenido, no sé quien, de celebrar el Día del Libro en Asturias regalando libros y una rosca, eso sí, dulce o salada. Quieren que ese día internacional pase a denominarse San Xurde. ¿Esto les suena? Miren, ya que nos ponemos copiones identitarios yo propongo que en vez de rosca, dulce o salada, se regalen bollos preñaos, como el que se hace por el suroccidente con chorizu y tocín, redondo, grande y sabroso.

  Para algunos, no tantos, el Día del Libro son todos los días. Su consumo no atonta, todo lo contrario.

 

 

 

                                                                                                                    

 

 

 

 

 

 

25 abr 2025

¿Somos tan lectores cómo decimos?


  Sí preguntamos todo el mundo lee, pero ¿es cierto? Del Informe de Hábitos de lectura y compra de libros en España 2024, de la Federación de Gremios de Editores de España, puede desprenderse la idea de que sí lo somos, pues va a ser que al cocer la cosa mengua.
  El porcentaje de población que dice leer en su tiempo libre es del 65,5% y el porcentaje de lectores frecuentes del 51,2%. En el caso de los jóvenes el 75,3% de la población entre 14 y 24 lee libros en su tiempo libre. Según este informe el 34,5% no lee nunca o casi nunca.
  De esos 51,2% de lectores frecuentes, lee una o dos veces por semana el 18,9%, alguna vez al mes el 7,8% y alguna vez al trimestre el 6,5%. Está claro que entienden eso de lectores frecuentes de una forma muy laxa. Personalmente, lo cual no tiene relevancia, considero lector frecuente a aquella persona que lee a diario, los demás son lectores esporádicos. Esos que leen alguna vez al trimestre no creo que deban entrar en esa categoría.
  Un indicador muy claro, pero malo, es que los que más leen son las personas con estudios más elevados, y entre los menos están los jóvenes con pocos estudios.
  La literatura es la materia que más se lee, con un 77,9%.
  Otro dato llamativo es que el móvil es el dispositivo más utilizado para la lectura digital, un 75,4%, en E-Reader lo hace un 14,4% y en Tablet un 20,6%. Me resulta curioso cuando todos sabemos lo que cansa leer en el móvil. Una cosa es leer un comentario en las redes sociales y otra bien distinta es leer un libro. Tengo la sensación de que muchas personas se dicen lectoras por hacerlo en Facebook, X o Instagram. Las pequeñas lecturas en el baño tampoco cuentan.
  Hago un repaso de las personas de mi entorno y cuento el número de lectores que hay. El resultado es pobre, muy pobre. Los lectores habituales de libros los cuento con los dedos de las manos y puede que me sobre alguno.
  La asistencia a Bibliotecas fue en 2024 un 28,8%. No es para tirar voladores. En las zonas rurales el número de usuarios bajó de forma considerable. A ello contribuye, entre otras cosas, la escasez presupuestaria que padecen.
  Hablando de bibliotecas, Asturias sigue siendo la única comunidad autónoma que no tiene Ley de Bibliotecas. Al parecer hay un borrador, el último de un montón, que espera en los cajones, no sé a qué pero ahí sigue.
  Ah, por cierto, las mujeres leen mucho más que los hombres.
  Ya puesto comprobé lo que dice el PIAAC (Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de la Población Adulta), vamos el Informe Pisa para adultos. En cuanto a rendimientos medios en lectura en población de 16 a 65 años Finlandia ocupa el primer puesto del mundo, obtuvo 296 puntos. El promedio en la Unión Europea es 259 y España se quedó en 247 puntos. Visto estos datos no llevamos tan bien lo de la lectura.
  Lo siento, más datos. Según la Fundación Gasol los menores pasan una media de cuatro horas diarias frente a las pantallas, fuera del aula. ¿Las pasarán leyendo? Contéstense ustedes mismos.
  El Informe Anual Análisis Audiencia TV 2024 revela que pasamos ante el televisor dos horas y cincuenta y un minutos de media ante la televisión. En el caso de los niños de cuatro a doce años consumen una media que supera las dos horas y media; los de 13 a 24 años se pasan delante del televisor unas tres horas. El informe Pisa nos dice, año tras año, que la compresión lectora de los jóvenes españoles es bastante deficiente.
  Vistos todos estos datos me asaltan muchas dudas sobre el número de lectores en España.
  A lo largo de mis años como bibliotecario vi como el número de lectores disminuía en detrimento de las redes sociales, en todas las edades. No es una suposición.
  Fui testigo de como padres iban a la biblioteca pública a donar libros de sus hijos porque molestaban y cogían mucho polvo. Incluso progenitores que se quejaban de que sus retoños leían mucho, y sí, gastaban mucha luz.
  Con el avance de las redes sociales la mayoría de los ciudadanos acceden por esa vía a la información, que sin contrastar se da por buena. Ya sé que no es nada nuevo. Por medio de la prensa escrita, la radio o la televisión también se manipulaba, pero la inmediatez, y el constante machaque de las redes hace que la reflexión y el contraste de la información no se haga.
  La lectura tuvo una enorme importancia en generaciones anteriores, aún habiendo muchísimos analfabetos, poco dinero para comprar libros y escasas bibliotecas públicas, en la actualidad son muchos los que desprecian a aquellos con elevados conocimientos, adquiridos en buena medida mediante la lectura, y les rebaten lo que sea sin ningún pudor, ahí están las redes sociales para comprobarlo.
  Hemos llegado a un nivel en el que el exceso de información sirve, en muchos casos, para desinformar, aunque parezca una contradicción. Noah Harari hace dos afirmaciones en Nexus que comparto. La primera es: «La idea ingenua cree que la solución a los problemas causados por la información errónea y la desinformación es más información» y la segunda, «La idea ingenua de la información sostiene que la información conduce a la verdad y que conocer la verdad contribuye a que la gente obtenga tanto poder como sabiduría». Creo que ambas son muy clarificadoras.
  A pesar de todo lo anterior, creo que el leer nos hace, o puede hacer, más libres al tiempo que nos dota, o puede dotarnos, de elementos para ser más críticos con el mundo que nos rodea.
  Permítanme un consejo, solo puedo dar este, y va dirigido a los padres: lean delante de sus hijos, sin televisión ni música, lean y tal vez, solo tal vez, sus hijos leerán y estarán invirtiendo en su futuro.
  Hagamos que el Día de Libro sean 365 y no uno.

 

 

                                                                           

 

6 may 2024

Por amor a la lectura

 
  Los programas, escasos, de promoción a la lectura pasan desapercibidos. Se supone que invierten no se cuánto dinero en ellos pero no se ven resultados. Hay, en cambio, otras iniciativas que sin alharacas son muy efectivas. Estoy hablando de los clubes de lectura de las bibliotecas públicas asturianas.
  El pasado sábado, 27 de abril, se celebró en Navia el XII encuentro de clubes de lectura de las bibliotecas públicas de Asturias. La escritora invitada fue Carme Riera.
  El acto congregó a casi seiscientas personas, en su mayoría mujeres. Los allí presentes salimos muy contentos con la organización del acto, a cargo de los bibliotecarios de Navia, Carmen Luisa y Ángel, y con una Carme Riera amena, en momentos irónica y muy cercana. Allí estuvieron presentes, durante toda la jornada, comida incluida, la alcaldesa de Navia, Ana Isabel Fernández y la concejala de Cultura, Patricia Rodríguez.
  Estos encuentros son fruto del interés de las bibliotecarias, mayoría en la profesión, también de los bibliotecarios, por extender el amor por la lectura. No me duele prendas decirlo así, el amor por la lectura.
  Al frente de la iniciativa siempre ha estado Cristina Jerez, bibliotecaria de Pravia, acompañada por un entusiasta grupo de compañeras, y un compañero, que realizan una excelente labor: Carmen  - hay dos- Chelo, Carmela, Susana, Isabel, Manoli, Gustavo, Ana – tres- y Teresa, creo que no dejo a nadie. A ellos se suman el resto de las bibliotecas públicas municipales. Cada una organiza y coordina su club de lectura y en muchos casos son las propias bibliotecarias quienes se encargan de dirigirlos.
  Cualquiera que haya tenido que organizar un evento sabe que mover a seiscientas personas, en ocasiones más, no es cosa fácil. Año tras año, y ya van doce, los encuentros salen bien, los percances son menores.
  El trabajo de las bibliotecarias, no excluyo a los bibliotecarios, de la red de bibliotecas públicas es ingente. Ellas crean estos clubes, los organizan, los dirigen. No son obligatorios, pero ahí están. Son «extras» que realizan por amor a su profesión – reitero lo de amor- a la lectura y su difusión. Tienen un arraigado sentido de servicio público.
  El personal bibliotecario es el patito feo de los ayuntamientos. Tienen unos horarios que casi ningún otro trabajador municipal tiene. La coordinación de estos encuentros, y otro tipo de actividades similares, los realizan fuera de su jornada laboral, no reciben remuneración alguna por ello y para más inri se pagan la comida que se celebra con posterioridad. ¿Quién da más por menos?
  A cambio de su trabajo y esta entrega son muchas las bibliotecarias que tienen unos salarios indignos ya que los ayuntamientos convocaron las plazas en unos grupos salariales muy bajos, a pesar de que la mayoría está en posesión de una titulación media o superior. Eso sí, los ediles muestran con orgullo su biblioteca pero se olvidan de lo más importante, las bibliotecarias y bibliotecarios.
  Estos encuentros han adquirido tanta relevancia que la Fundación Princesa de Asturias también los realiza con los galardonados con el premio de las Letras. Las bibliotecas públicas asturianas colaboran de forma activa y son las encargadas de organizar los diversos clubes que reúnen a más de mil lectores. Por si alguien tiene dudas, las bibliotecas realizan esa labor de forma altruista.
  La red de bibliotecas públicas de Asturias recibe una escasa atención por parte del gobierno autonómico que destina un presupuesto ridículo para dotarlas de los materiales necesarios, incluidos libros. Las bibliotecas de Tineo y Navelgas recibieron 1700 euros en 2023. Hay ayuntamientos que destinan partidas presupuestarias pero también con cifras vergonzosas, con honrosas excepciones.
  Hay un detalle, no menor como decía aquel, que demuestra lo poco que importan las bibliotecas a los gobernantes, Asturias es la única comunidad de España que no tiene Ley de bibliotecas. Vergonzoso.
  A pesar de los pesares ahí seguirán las bibliotecarias, y bibliotecarios, difundiendo el amor por la lectura. En ellas tienen los libros unas apologetas laicas que no sucumben ante la inación de las administraciones que se han olvidado que las bibliotecas públicas son un pilar básico de la cultura y la democracia.

 

 

                                                                                                        

 

 

 

23 oct 2023

Espacios que dan vida

 


 

 Habrá quienes piensen que las bibliotecas son algo trasnochado, sin sentido. Y tendrán razón. Tenemos internet en nuestra mano y ninguna biblioteca puede competir en información y entretenimiento con él. Nuevamente tengo que darles la razón. ¿Las cerramos entonces? Pues… va a ser que no.
  Las bibliotecas dan vida. Así de rotundo. Ese espacio de estanterías repletas de libros ordenados, que llevan un papelito blanco (tejuelo) con números y letras en mayúsculas y minúsculas (Clasificación Decimal Universal) ininteligibles para la mayoría de los lectores transmite paz y la sensación de traspasar un umbral, no diré sacro, pero sí de respeto.
  Los libros son mágicos. Así de categórico. Cuando un lector abre las páginas de un libro y lee surge la magia. Esa sensación de entrar en otro mundo es inigualable. Ni la fotografía, ni el cine producen, al menos en mí, ese impacto emocional. Lo leído me transporta a tantos mundos conocidos, desconocidos e inimaginados que me sobrecoge. Y ahí están las bibliotecas públicas donde nos podemos acercar a esos tesoros que esperan pacientemente a que un lector los tome en sus manos y hoja a hoja devore su contenido.
  No, las bibliotecas públicas no son un almacén, ni una tienda ni nada por el estilo. Son la máxima expresión del amor por el conocimiento, por la vida. Las bibliotecas públicas ponen al alcance de los ciudadanos el saber acumulado de la humanidad y las obras de las mentes más imaginativas. En ellas unas personas, casi anónimas en un mundo de egos exacerbados, asesoran, si así se lo requieren, con un afán de satisfacer las demandas de los lectores. En las bibliotecas no hay favoritismos, intereses o egoísmos de cualquier tipo, solo inteligencia, sabiduría y ocio.
  Hoy, cuando vemos como se recortan muchas libertades en el mundo, las bibliotecas públicas siguen siendo ese espacio abierto a todos. Ese espacio que nos da acceso a la libertad absoluta, la de pensar e imaginar a través de los libros. Nada es igualable.
  Podemos engañarnos y decir que hoy se lee más que nunca gracias a móviles, tabletas u ordenadores, pero no se menciona la falta de concreción, tiempo para pensar y asimilar lo leído. Tampoco se menciona que vía internet, en muchas ocasiones,  el «lector» se queda con los primeros resultados que se le ofrecen y de ahí a tragar bulos y mentiras hay un pequeño paso.
  Quienes acceden a las bibliotecas públicas o van buscando un libro, un autor concreto, o a la «caza» de sorpresas. El acto de recorrer las estanterías, hojear uno y varios libros, leer trocitos, acelera el pulso, exige concentración y muestra el interés de la persona por la lectura.
  Ya, me podrán decir que eso mismo sucede con las librerías, es verdad, pero solo en cierta medida. La diferencia es que en unas, las librerías, el factor negocio es fundamental, en las bibliotecas públicas solo hay una prioridad, el lector y la lectura.
  Fui bibliotecario, siempre lo seré, soy lector, lo seré hasta el último momento. Las bibliotecas públicas han sido parte importantísima de mi vida, por favor, háganles un hueco en la suya y verán la vida de otra manera.

 

 

 

                                                                                        

 

 

                                                                                                 

 

 

 

 


2 dic 2022

Una plaza con nombre de bibliotecaria

 

 


  He visto una cosa que no creerán, una plaza interior lleva el nombre de una bibliotecaria. Se encuentra en la zona de La Florida, en Oviedo. La bibliotecaria se llama Carmen Prieto Álvarez-Valdés.
  Imagino que a la mayoría de las personas les parecerá algo intrascendente, pero para muchos bibliotecarios no lo es. No digo yo que no haya otras calles o plazas dedicadas a gentes del sector, pero es raro por infrecuente.
  La propuesta de esa concesión honorífica partió de Carmen Ruiz-Tilve, Cronista Oficial de Oviedo. La cosa se llevó tan en secreto que Carmen Prieto no se enteró hasta tiempo más tarde, y además de forma casual. En esa plaza, hace años, se envenenaron a seis perros con matarratas y los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia. Una de sus hijas leyó la información y así se enteró de que dicho lugar llevaba el nombre de su madre. Sí la hija se sorprendió no menos lo hizo la madre. Desde el consistorio en ningún momento le comentaron tal buena nueva, lo cual deja patente la irrelevancia social de la profesión bibliotecaria. Tampoco es nada nuevo.
  Pues así y todo, a los bibliotecarios que conocemos a Carmen nos hizo mucha ilusión. No es para menos.
  Fue coordinadora de la Sección de Bibliotecas de Asturias y directora de la Biblioteca de Asturias. Retirada hace unos años, fue la profesional, la persona, en la que nos apoyábamos los bibliotecarios municipales. Siempre nos atendía con amabilidad y, yo al menos así lo sentía, con cariño. Junto con el resto del personal del Servicio de Coordinación era nuestro soporte técnico, pero también quién nos escuchaba y aconsejaba en nuestras cuitas profesionales. Esto puede parecer poca cosa, pero para los bibliotecarios municipales, muchos trabajábamos solos, era una figura muy importante.
  A partir de los años 80, del siglo pasado, se produjo un cambio sustancial en las bibliotecas públicas asturianas. Era consejero de Educación, Cultura y Deportes Manuel Fernández de la Cera. Se construyeron nuevos edificios, casas de cultura y bibliotecas en un solo inmueble, y se dotaron de personal cualificado. Tras esa puesta a punto se fueron dando los pasos para crear una verdadera red de bibliotecas públicas. Ahí estaba Carmen Prieto.
  Aunque hoy parezca imposible, a comienzos de los 90 dio comienzo la informatización de la red con criterios comunes a todas las bibliotecas. Esto que parece sencillo no lo fue tanto. Asturias fue pionera y llegó a tener la mejor red de España. ¡Incluso había dinero para la adquisición de libros y otros materiales! Carmen Prieto, al frente del Servicio de Coordinación Bibliotecaria, impulsó ese proceso tan ilusionante y necesario.
  Aquellos tiempos pasaron, hoy la realidad es bien distinta y mucho más triste. Los presupuestos destinados a la red son ridículos.
  Una red no se puede crear sin el acuerdo e interés de las partes. La soledad, en la mayoría de los casos, de los bibliotecarios municipales hacia más difícil que fraguase el proyecto, pero con mucho trabajo e ilusión se logró. Con ese fin se crearon unas jornadas bibliotecarias que tuvieron como escenario Perlora, la ciudad de vacaciones, e incluso se desplazaron por varios concejos. Durante varios años esos encuentros cohesionaron al personal bibliotecario y sirvieron para establecer unos vínculos profesionales y personales que redundaron en la mejora de la red -ya sí lo era - de bibliotecas públicas de Asturias. Por razones que no vienen a cuento esos encuentros  se acabaron.
  Sí, también estaba Carmen Prieto.
  Seguramente habrá quienes no den importancia a las bibliotecas públicas, lo siento, cometerán un error. Son uno de los pilares de las democracias. El acceso a la información y el conocimiento es lo primero que controlan las dictaduras, por algo será. La existencia de bibliotecas públicas, y su número, determina la calidad democrática de un país.
  Carmen Prieto estuvo en el proceso de modernización de las bibliotecas asturianas y para los bibliotecarios municipales fue nuestra referencia y apoyo. No tengo dudas de que se merece que una plaza lleve su nombre. Los que fuimos sus compañeros, y amigos, nos parece un gran acierto, aunque el ayuntamiento de Oviedo ni se enterase.

Publicado en La Nueva España el 2 de diciembre de 2022

23 oct 2022

 ¿Cementerios de emociones y conocimiento?


 Publicado en La Nueva España el 22 de octubre de 2022

  Oigo mis pasos. Silencio. Sillas vacías. Mesas impolutas. Libros ordenados en sus estanterías. Nadie. Vacía. En estos momentos es un cementerio de papel. ¡Qué tristeza!
  Un libro no leído es un escritor muerto. Una biblioteca sin lectores no es nada. Al entrar se me pone piel de gallina. Recuerdos y emociones me asaltan, es un poco de nostalgia. He vivido en ellas, vivo en los libros.
  El descubrimiento de las bibliotecas fue para mí algo parecido a lo de Aureliano Buendía y el hielo. No exagero. Fue un auténtico flechazo que llega hasta hoy, muchos años después.
  Las conocí - a las bibliotecas, claro - cuando eran algo oscuro, con olor y color rancio. Las de los pueblos y las más pequeñas estaban guardadas por mujeres, la mayoría de las veces, que se habían ido apergaminando con el mobiliario y los añejos volúmenes de las estanterías. Las grandes, las importantes, ya tenían un personal cualificado, pero eran las menos. Mi listado las reduce a las de Gijón y Oviedo.
  Llegaron los años de la luz, a partir de la década de los ochenta, del siglo pasado – vértigo me produce – y se convirtieron en uno de los puntos de encuentro de los ciudadanos. Pero no hay bien que cien años dure. Poco a poco los presupuestos se fueron reduciendo, hasta los edificios se resintieron. Todo parecía ir en su contra.
  Y llegó Internet. El conocimiento y entretenimiento al alcance de un clic. A principios de los noventa – sí, del siglo pasado – pocos, en este país, sabían de su existencia. Se extendió como una plaga bíblica. Hoy son millones de personas las que viven en ese mundo virtual. En él podemos encontrar todo lo que podamos pensar. ¡Y cómo éramos pocos, ahí están las redes sociales!
  Digan lo que digan el nivel de lectura no ha mejorado demasiado. Las tablets, móviles,  u ordenadores conectados a internet no han logrado aquella anhelada extensión de la cultura al mundo mundial. Lo virtual ha otorgado un espacio infinito a un sinfín de grupos «curiosos», léase antivacunas, terraplanistas… Las redes son una herramienta política muy eficaz. Me viene a la cabeza, como no, Trump.
  Millones de personas tienen como referencia esas redes sociales atestadas de bulos o directamente de mentiras. Los medios de comunicación tradicionales están en clara desventaja ante el poder de penetración, y convicción, de las redes. A ese inmenso poder se une la falta de contraste sobre las informaciones que provienen por esa vía y la rapidez con la que fluyen las «noticias».
  Los libros, por su parte, son de lectura sosegada. El lector recapacita sobre lo que está leyendo e incluso, si es necesario, retrocede a las páginas anteriores, cosa que el lector digital hace en menos ocasiones, y lo digo especialmente por mí. El lector en papel incluso consulta referencias vía internet y cuando se da cuenta está sumergido en esa espiral inacabable de enlaces que le aleja de la búsqueda inicial – también lo digo por mí -. Internet es una maravilla, pero también es un agujero negro.
  A los nueve años entré por primera vez en una biblioteca, no las he abandonado. Como en mí caso tiene que haber, hay, muchas personas a las que esos espacios públicos les ayudaron a cambiar su vida. Creo en el poder «curativo» de la lectura y las bibliotecas son ese recinto de paz y libertad que acerca a los ciudadanos esos medicamentos que son los libros. Es una ingenuidad, lo sé, pero soy «creyente».
  Me acerco al mostrador. Me sellan dos libros. Me voy escuchando mis pasos, dentro de unos días volveré. Me estarán esperando. Les soy fiel, me son fieles. Mis queridas bibliotecas, mis queridos libros.

 

 

                                                                                

 

 

 

 

 

31 mar 2021

Presupuesto de miseria para la Red de Bibliotecas Públicas de Asturias


Una de las salas de la biblioteca pública de Tinéu

  Un año más asistimos al desprecio del Gobierno asturiano con la Red de Bibliotecas Públicas del Principado de Asturias. Fíjense bien que el propio Gobierno autonómico las denomina red de bibliotecas de Asturias.
  Para que no les queden dudas desde el rincipio les informo que para el año 2021 van a destinar 75000 euros y otros tantos para 2022. 150000 euros para unas 130 bibliotecas. Esa es la cuantía que se recoge en la Resolución de 10 de febrero de 2021, de la Consejería de Cultura, Política Lingüística y Turismo y publicada en el BOPA (Boletín Oficial del Principado de Asturias) del 26 de febrero de 2021. Se trata de la primera modificación parcial del Plan Estratégico de subvenciones para el ejercicio 2020-2022.
  Vale, pero la primera en los dientes.
  No me paré a buscar lo que van a aportar para incrementar los fondos de eBiblio Asturias. Da igual. Ese dinero destinado a subvenciones a las entidades locales para la adquisición de libros con destino a las bibliotecas públicas significa o bien ese desprecio o desconocimiento, lo cual no es otra cosa que desprecio.
  No es novedad. Año tras año destinan exiguas cantidades al incremento de los fondos de las bibliotecas públicas. La carencia de novedades, o su escasez, provoca un daño muy profundo a estos servicios públicos. Desde luego prestar libros no es su única función, pero sí una muy importante de cara a los sectores de población más desfavorecidos que no los pueden adquirir por su cuenta.
  Al gobierno regional se le olvida que se trata de una cuestión de equidad. Las bibliotecas públicas son los servicios básicos más democráticos que tiene nuestra sociedad para el acceso al conocimiento y el entretenimiento. No debiera ni mencionarlo. Tendrían que tenerlo grabado a fuego.
  Lo más triste de esta situación – repito que no es nueva – es que la consejera de Cultura, Política Llingüística y Turismo de Asturias es Berta Piñán. Por sí alguien no recuerda quien es les diré que es profesora de Lengua Castellana y Literatura y poetisa. Escribe en asturiano. Esta puntualización no es baladí.
  Cuando se habla de agravios o en este caso desprecios, y por si no fuera suficiente con la cifra dada – se la recuerdo, 150000 euros para dos años – voy a comparar. A los más sensibles les informo que no pretendo que le quiten nada a ningún sector, sencillamente informo y comparo. A ello voy.
  En este mismo tiempo, año 2021 y 2022, la consejería de Cultura destinará al asturiano 1460320 euros.  En esta cifra se engloban subvenciones para la promoción del libro en asturiano o gallego-asturiano – a partir de ahora me referiré al asturiano pero engloba también al gallego-asturiano - a los medios de comunicación para la normalización social del asturiano, subvenciones a las entidades locales para la normalización social del asturiano, a diversos premios literarios en asturiano, a la Mancomunidad de la Sidra, a la de Cabo Peñas, a la Fundación Parque Histórico de Navia, a la Fundación Valdés Salas. También conceden 19400 euros a doce ayuntamientos, 19400 a cada uno,  para sufragar los gastos del funcionamiento de sus servicios de normalización lingüística. Lo hacen directamente, no vía subvención. Asimismo, la consejería de Cultura sufraga los gastos de la Universidad para la normalización lingüística y la subvención financia los gastos de personal de dicho servicio y sus actividades. No consta el presupuesto que destinan.
  Insisto, comparar da una idea de la equidad y la valoración que tiene el Gobierno asturiano de los distintos servicios públicos.
  Las bibliotecas públicas necesitan presupuesto para seguir cumpliendo su función social, pero necesitan, urgentemente, adaptarse a la realidad. La expansión, o mejor dicho, la colonización de internet supone tener al alcance de un teléfono móvil toda la información y eso es inabarcable. Si hasta hace poco tiempo los bibliotecarios se encargaban de acercar la información y el conocimiento a todas aquellas personas que se lo demandaban, con rigor y sin ningún tipo de interés – salvo el de cubrir las expectativas de los usuarios – su papel en estos momentos es aún más importante.
  Las bibliotecas públicas como servicios públicos abiertos a toda la población, sin ningún tipo de requisito o restricción, y con unos objetivos claros de potenciación de los recursos culturales  y dinamización de la comunidad tienen un amplio campo de trabajo por delante. Pero sin dinero y compromiso político con ellas están abocadas a la desaparición.
  Lamentablemente el Gobierno asturiano les está dando la espalda, al igual que Berta Piñán, consejera de Cultura, y los ayuntamientos. Para muestra ahí están los dineros que van a destinarles.
  ¡Qué tristeza!

 

 

 

 

 

 

25 ene 2021

El viejo lector del diccionario de inglés

 

Sin motivo aparente, me vino a la cabeza el recuerdo de aquel viejo lector del diccionario de inglés. El paso de los años, demasiados, han borrado los detalles.

Muchas tardes, cuando llegábamos a la biblioteca, allí estaba él. Digo llegábamos pues mi amigo Pedro y yo éramos de los habituales. Las primeras veces, desde la distancia, nos parecía una situación peculiar. Era el único viejo de la sala de consulta, el resto de los inquilinos éramos jóvenes universitarios.

El primer día no fuimos capaces de descubrir qué voluminoso libro estaba consultando. Más adelante comprobamos que era un diccionario de inglés. Siempre el mismo. El hombre, con persistencia, fijaba la mirada en las páginas. De vez en cuando levantaba la vista y observaba todo lo que sucedía a su alrededor. Cuando se topaba varias veces con los ojos del jovenzuelo de turno, sentado frente a él o a sus lados,  iniciaba la fase de acercamiento. Inicialmente era una explicación sobre su fijación con el diccionario. No soy capaz a rememorar los detalles, luego ya pasaba a cualquier tema.

Ahí comenzaba una lucha titánica entre el viejo por mantener la conversación y el joven por rehuirla y continuar a lo suyo. Nosotros también caímos en su celada. En los primeros minutos le seguíamos la charleta, pero ante su perseverancia intentábamos rehuirle. No era fácil, él tenía experiencia y había librado muchas batallas.

Tras un par días de escaramuzas buscábamos un sitio fuera de su alcance. No éramos los únicos. Desde el puesto alejado contemplábamos, partiéndonos de risa, como unos tras otros iban cayendo en las redes de aquel viejo los tiernos universitarios.

Aquel hombre formaba parte de la sala de estudio.

Pasado un tiempo, lo empezamos a echar de menos. Nunca más lo volvimos a ver. Si la memoria no me engaña, creo que nos dijeron que había fallecido.

Lo recuerdo con ese cariño que da el tiempo pasado. Nunca nadie le faltó al respeto, o al menos no lo vimos. Tal vez era un viejo que necesitaba el calor de aquella sala y el de aquellos jóvenes que éramos. Nunca supimos nada de su vida, sólo era un viejo que leía un diccionario de inglés en la biblioteca pública Jovellanos de Gijón.

24 oct 2020

¿Bibliotecas públicas al borde de la extinción?

  Según dicen, lo cual no deja de ser poco o nada riguroso, durante el confinamiento el número de lectores se incrementó en España. Es más, algunos incluso afirman que aumentó la venta de libros. Y será verdad, no digo yo que no. 
  En todo ese tiempo las bibliotecas públicas estuvieron cerradas. No podía ser de otra manera. Ofrecieron, las que pudieron, servicios telemáticos. Llegó la desescalada y las bibliotecas siguieron cerradas. Se terminaron las restricciones y las bibliotecas… pues sí, cerradas. Algunas aún ofrecen unas prestaciones mínimas. Tendrá que ser así, no digo yo que no. 
 Mientras, los locales de apuestas, discotecas, bares de copas o puticlubs, por ejemplo, estuvieron ofreciendo sus servicios para mayor goce y disfrute del personal. 
 Entiendo que las bibliotecas tengan ese tratamiento diferenciado. Al igual que en los conciertos o en los partidos de fútbol, en ellas el personal se restriega unos contra otros, intercambian fluidos e ingieren ingentes cantidades de alcohol. Y eso no puede ser. 
 En las bibliotecas, al igual que en los supermercados, la gente manosea y soba los productos. Son, claramente, un foco de expansión del coronavirus. 
  Los criterios han estado claros ¿verdad?   Esta situación coyuntural acabará y las bibliotecas ahí seguirán, esperemos. Vaya, derrocho optimismo.
 Las bibliotecas públicas tienen que competir con internet y las redes sociales. Bueno, no es del todo cierto. Internet es una herramienta impresionante de información, comunicación y ocio, otra cosa es el uso que se hace de esa inabarcable biblioteca alejandrina. Lo de las redes sociales es harina de otro costal.
 Otro competidor, este parece que insalvable, es el de la indiferencia política. La mayoría de los representantes políticos no se acuerdan de las bibliotecas para nada, y eso incluye el dotarlas económicamente. 
 Los años pasan y el estrangulamiento económico está convirtiendo a las bibliotecas públicas en almacenes de libros.   Hubo un director general de cultura asturiano que dijo que con leer trescientos libros clásicos lo teníamos arreglado. Ese es el nivel. 
  Su función no es únicamente el préstamo de libros pero sí que es imprescindible que sus fondos se actualicen. Uno de los fundamentos de las bibliotecas públicas es poner al alcance de los ciudadanos el conocimiento y la información de forma libre, máxime en estos tiempos en los que la pobreza y las desigualdades están aumentando. 
 En Asturias de los presupuestos para adquisición de libros y otros materiales no se sabe nada. Los ayuntamientos siguen en su línea, tirando a peor, y de la Consejería de Cultura, Política Lingüística y Turismo hace mucho que no esperamos nada. 
 Los ayuntamientos, en general, les conceden unos presupuestos irrisorios. La subvención de la consejería de Cultura era su salvación. Pero no hay bien que mucho dure. Los dineros se fueron recortando año tras año y las penurias aumentaron de forma proporcional. 
 En los presupuestos para Asturias no consta, en este año, ninguna partida específica para la adquisición de libros a la que pudiesen acogerse los ayuntamientos. Y no es que lo diga yo, el propio Presidente, Adrián Barbón, así lo reconoció. En su cuenta de Facebook respondió al tema presupuestario de la siguiente manera: “La dotación de libros a las bibliotecas municipales están incorporadas en el Fondo de Cooperación Municipal. Es decir, son los Ayuntamientos quiénes deciden a qué destinar ese fondo”. Más claro agua. 
  Sí, ya sé que son tiempos complicados. Los muertos duelen. Tras la aflicción por la desaparición de los seres queridos, en este caso miles de forma inesperada, la pérdida de las señas de identidad de una sociedad es un fracaso colectivo que la hace más vulnerable. En una democracia una de esas señas son las bibliotecas públicas. 
 La pasión lectora es un sentimiento individual, las bibliotecas públicas muestran el respeto por el conocimiento, también el ocio creativo, de una sociedad. No parece que las tengamos en mucha estima. ¿Estarán las bibliotecas al borde de la extinción? No lo sé. Necesitan una renovación en su forma de relacionarse con la sociedad y presupuestos.   Siguen siendo necesarias, son el espacio público más democrático que tenemos. 

25 oct 2019

Placer al alcance de la mano

Publicado en La Nueva España el 22 de octubre de 2019

Entro. Silencio. Miro a un lado, al otro, estoy solo. Siento calor en el estómago.  Avanzo. Resuenan mis pisadas. Me meto en el estrecho pasillo. No siento ningún temor. La escena se repite. No, no son iguales. Mis ojos los recorren con avidez. No puedo resistir la tentación, comienzo  a pasar mis dedos sobre ellos. Una pequeña descarga me sacude. Cojo uno, lo miro, lo vuelvo a dejar. Mi mano tantea el siguiente y, sin embargo, los ojos van más allá. Pasos, oigo pasos. Alguien se acerca. Nos miramos. No nos decimos nada. Se va al otro pasillo. Escucho. Le oigo pasar las hojas. Un golpetazo atruena en la sala casi vacía. Perdón. Sonrío. No pasa nada. En un susurro ¿encuentras algo? No, todavía no. A un lado y a otro sacamos, abrimos, cerramos los libros, los volvemos a colocar. Parece que estamos en una competición. Me llega un suspiro. Acaba de encontrar lo que necesita. Siento envidia. Prosigo mi búsqueda. No tengo prisa. No es necesaria la prisa. Me paro en seco. Fijo la mirada. Lo cojo, leo un poco, paso unas páginas, vuelvo a leer, lo acepto. Estoy seguro, este es. Salgo de la biblioteca excitado, quiero llegar a casa y empezar a leerlo. 
El placer al alcance de la mano. El placer está en las bibliotecas públicas.

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24 ago 2018

El desamparo de las bibliotecas públicas

Publicado en La Nueva España el 18 de agosto de 2018

En este mundo tan tecnológico puede parecer una incongruencia hablar de bibliotecas públicas e incluso hay quienes argumentan que están obsoletas. Se trata de una posverdad más.

No voy a justificar su existencia, su importancia social. Quienes no la vean es que poco las han utilizado en su vida o no las han necesitado por tener suficientes recursos económicos. Las bibliotecas públicas son mucho más que depósitos de libros. Ofrecen un servicio público de información-formación integral a los ciudadanos sin otro objetivo que atender sus demandas.

Todo esto viene a cuento de que el 8 de agosto se publicó en el BOPA (Boletín Oficial del Principado de Asturias) la resolución por la que se concedían subvenciones para la adquisición de libros destinados a las bibliotecas municipales de la Red de Bibliotecas Públicas de Asturias. Y un año más me avergoncé. No es novedad pero al ver lo exiguas que son las cantidades es para sonrojarse.

El 14 de mayo anunciaron la convocatoria y casi tres meses más tarde tenemos la resolución. Hay bibliotecas que no han comprado una sola novedad desde que comenzó el año.
En aquella convocatoria se decía que había 65.000 euros para todas las bibliotecas, en esta lista no entraban los concejos de más de 75.000 habitantes, es decir, Avilés, Gijón y Oviedo no entran en el reparto. Pues bien, en la resolución nos dicen que han concedido subvenciones por un importe de 59.648,02 euros. Las cantidades varían. Van desde los 450 euros concedidos a Bimenes a los 2007,88 euros de Siero. Todas ellas ridículas.

¿Cómo se puede hablar de Red de Bibliotecas Públicas de Asturias? Es una broma de mal gusto. La red existe a nivel técnico, nada más. Con esa dotación económica es imposible mantener esos servicios públicos de forma adecuada. Es inalcanzable una cartera de servicios básica y común para toda Asturias.

El Gobierno de Asturias no puede escudarse en que son bibliotecas municipales. Hay unos convenios, muy anticuados por cierto, entre la administración autonómica y los ayuntamientos que establecen una colaboración económica al igual que asistencia técnica.

Las bibliotecas públicas asturianas son tratadas con desdén por la administración. No han merecido una sola palabra del actual consejero de Educación y Cultura en lo que va de legislatura. Los parlamentarios pasan también olímpicamente. Cuando estudian el presupuesto deben saltarse el apartado de Cultura.

Los ayuntamientos tienen una responsabilidad más directa. Algunos consistorios no dedican ni un euro, o solo unas migajas, a la adquisición de libros, de otros materiales no hablamos. Sencillamente es inaceptable. Pero hay que ser claros, tampoco hay protestas de los ciudadanos. La excepción, que yo sepa, ha sido Gijón, dónde los lectores sí que se han quejado.

Les voy a poner el ejemplo de las bibliotecas de Tineo, dónde el Ayuntamiento sí que tiene un presupuesto para adquisiciones: 4000 euros. Dentro de la panorámica general no está mal del todo. La consejería de Cultura les ha concedido una subvención de 1163,19 euros.

Esto es un deja vu. Un año y otro me repito, creo que hasta en términos similares, pero es que la situación cada vez es peor. La mejor forma de acabar con las bibliotecas, con los servicios públicos, ya se sabe que es estrangulándolas económicamente. Hay que reconocer que lo están haciendo muy bien. Frente a la desidia administrativa tienen el trabajo, mal pagado, del personal de las bibliotecas públicas.

Algunos dicen que los bibliotecarios son una “especie” a extinguir y yo digo que sí ese día llega la sociedad democrática habrá perdido uno de sus pilares: las bibliotecas públicas. El acceso a la cultura, la información, el conocimiento y el ocio de forma libre y directa se habrá terminado y  pasarán a convertirse en otros productos mercantiles más, será casi imposible encontrar un espacio público libre de manipulación. Tal vez sea eso lo que quieren más de uno.

Para que no queden dudas, soy una persona a la que le gusta internet y uso redes sociales. Y no de ahora, utilizo internet desde 1995. Las herramientas tecnológicas, informáticas, tienen que estar presentes en las bibliotecas públicas.

En Asturias disponemos de eBiblio, una plataforma que hace posible la lectura de libros electrónicos a través de internet. Hay comunidades que ya ofrecen por esta vía películas, Asturias no está entre ellas.

La lectura digital no desbanca a la de papel. No hay dinero para libros en papel. No se invierte, por norma general, en actividades, a no ser las que realizan los bibliotecarios por su cuenta. Las infraestructuras bibliotecarias no se modernizan. Tendrían que ofrecer servicios tecnológicos y acceso a internet todas ellas. Es necesario que se actualicen las reglas de colaboración entre las administraciones y que se definan las obligaciones de las partes. El Parlamento asturiano tendría que acordar una dotación presupuestaria no sometida a los vaivenes políticos. Habría que realizar una planificación general. Es imprescindible desarrollar políticas de fomento de la lectura en Asturias teniendo como base a las bibliotecas públicas. Después ya podríamos empezar a hablar de una red de bibliotecas públicas asturianas.

De momento todas tienen algo en común: las administraciones pasan de ellas. Da igual que las bibliotecas públicas asturianas contabilizasen el año pasado 2.863.949 visitas y realizarán 1.153.057 préstamos, están desamparadas.

¡Ah! Asturias sigue sin Ley de Bibliotecas.

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29 jul 2018

Las bibliotecas no necesitan justificarse

Recuerdo aquellos años en los que casi todo eran nuevo para mí. El lugar me impresionaba. Silencio acogedor. Veía a otras personas que se desenvolvían en aquel ambiente con una soltura que yo envidiaba. Aquellos objetos inertes me atraían con más fuerza que un imán. Tantos y tan diversos me asustaban un poco. No, no era eso. Me daba miedo equivocarme, decepcionarme, no saber elegir.

Se me metieron en el cuerpo, y quien sabe sí en el alma en que no creo. Les hablo de las bibliotecas.

Tras muchos años y horas vividas en ellas me siguen emocionando. Pueden reírse o mirarme con desdén, no me importa. Hoy las veo, inicialmente, con otros ojos, luego me dejo llevar por la pasión de recorrer las estanterías en busca del libro concreto o esperando sentir el flechazo.

Esa emoción de vagar, de abrir un libro sin fijarme ni en título ni autor, leer por cualquier página, leer una línea o dos de aquí y de allí y notar un cosquilleo en el estómago. Ese, ese es el libro que quiero leer ahora y no otro. En muchas ocasiones descubrí lo ignorado y oculto para mí, en otras eran viejos conocidos.

Escudriñar, descubrir en una estantería lo que siempre estuvo allí y no supe ver me estremece. Con algunos libros la relación fue compleja, difícil. Me tentaban pero faltaba algo, hasta que un día, quien sabe si de tanto perseverar, se venía conmigo. De ahí surgieron relaciones pasionales y también sufrí desengaños. Algunos libros se convirtieron en amores eternos y otros me generaron antipatía.

Casi nunca forcé una relación. Si la magia no surge no tengo piedad y, sin arrepentimiento, provocó una ruptura. Pepe Carvalho no dudaba en condenar a la hoguera a cualquier libro, yo no soy tan atrevido y lo devuelvo con la esperanza de que encuentre su pareja lectora.

Las bibliotecas me han ofrecido emoción, magia, pasión, información. No he necesitado más. Albergan nuestra memoria colectiva, el mayor tesoro de la humanidad. Los parques de atracciones están en otros lugares.

En ese mundo de silencio, no espectral, pero sí respetuoso con los demás, entró Internet y bienvenido fue. Esa ventana espectacular al mundo no tiene por qué desterrar a ese objeto casi perfecto que es el libro en papel. Son compatibles, solo cambia el formato. Lo digital “engancha” y puede llevarnos a la dispersión. Un ordenador, una conexión y todo lo tenemos al alcance de unos clic. Me gusta. Lo utilizo mucho pero no me apasiona. El recorrido digital puede llegar a estresarme, el deambular entre las estanterías de una biblioteca me sosiega y reconforta. La biblioteca me da la libertad de elegir. No hay cookies. En ellas nadie me vende nada.

No es lo mismo el frío teclado que la calidez del papel. Lo digital conlleva casi siempre una lectura rápida, el libro en papel permite una lectura más sosegada, más reflexiva. La lectura digital, en mi caso, es un gran complemento al libro en papel. No hay conflicto.

Las bibliotecas no pueden obviar la realidad social pero tampoco podemos olvidarnos de su objetivo final que sigue siendo el mismo: acercar a los ciudadanos la lectura, el conocimiento, desde la libertad, la pluralidad, la democracia y la “gratuidad”. Las tecnologías, las redes sociales, etc. son un medio ¿Dónde queda la lectura? Me gustaría una sociedad de lectores que utilizasen herramientas digitales, no ciudadanos monitorizados lastrados por la incomprensión lectora y la falta de criterio.

Las bibliotecas no necesitan justificarse.

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30 ene 2018

¿Leemos más?

Publicado en La Nueva España el 30 de enero de 2018

Los españoles no somos grandes lectores. Lo dice el informe PISA, los libreros, los bibliotecarios. Los editores nos cuentan otra cosa. Anunciaron, hace unos días, que los índices de lectura en España han mejorado. Y no es una afirmación gratuita.

La Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se basa en el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2017. Realizaron 5.000 entrevistas en toda España y los resultados les indican que el número de lectores se incrementa. Me alegro.

Alguna aclaración tengo que hacer. Consideran lectores frecuentes a las personas que leen por los menos alguna vez a la semana y si a estos se suman los que declaran leer al menos una vez al mes tendremos los lectores habituales. Pues  no me parece mucha lectura, la verdad.

Según este barómetro – será mi fuente de datos – el 65,8 % de la población española lee libros, un 59,7 % por ocio en su tiempo libre y un 28,1% por trabajo o estudios. Los lectores leen una media de trece libros al año.

Me parecen unas cifras discretas.

Los lectores frecuentes (les recuerdo que son aquellos que leen al menos semanalmente) son un 47,7%.

Este dato me parece aún más discreto, muy discreto.

Lo más relevante es que un 40 % de la población continúa sin leer libros. Y esta cifra sí que no es nada discreta. Quienes no leen es por falta de tiempo, al menos así lo afirman.

En este momento no está de más recordar que el borrador del informe anual de Barlovento Comunicación sobre el “Análisis Televisivo” nos informa que el consumo de televisión por persona es de cuatro horas diarias.

Cada uno ocupa su tiempo como le da la gana. Faltaría más.

Todo lo anterior se refiere al libro en papel, la lectura en soportes digitales tiene su apartado.

El incremento de “lectura digital” no se traduce en un incremento de la lectura total, lo que puede indicar un trasvase desde la lectura en papel.  Aumentó el número personas que leen en formato digital libros, periódicos, blogs, etc. Me imagino que todos los que vamos por la calle mirando el móvil es que estamos enfrascados leyendo un libro.

Indican los editores que el 80 % de los libros digitales leídos se obtienen de forma gratuita. ¿Será que muchos lectores consideran elevados los precios en versión digital? Me parece a mí que va a ser que sí. Aunque no se puede desechar que está muy extendida la idea de que todo lo digital tiene que ser “gratis”.

Las compras de libros a través de internet siguen creciendo y paralelamente disminuyen en librerías y hasta en los grandes almacenes.

Un cariñoso recuerdo para la librería Ojanguren de Oviedo.

Y en esto de la lectura ¿cómo les fue a las bibliotecas públicas? Pues ni bien ni mal, sino todo lo contrario.

El 31,9 % de los entrevistados acudió el año pasado a una biblioteca. No es para dar saltos de alegría. Y eso que los ciudadanos otorgan una nota media alta a ese servicio público. Las bibliotecas asturianas son de las mejor valoradas. Muchas gracias.

Mientras la valoración de las bibliotecas aumenta, disminuye el uso del servicio de préstamo. Y por si esto fuera poco también se reduce el número de usuarios frecuentes. Para rematar han observado como a partir de los catorce años se hace un menor uso de las bibliotecas públicas y también se produce un descenso en la participación en actividades escolares relacionadas con la lectura.

No es un panorama muy alentador.

La competencia de lo digital está ahí y ese no es el problema. La cuestión es que a pesar del uso de soportes digitales tampoco se incrementa, de manera notable, el número de lectores. Lo importante es leer, lo de menos es el medio.

¿Los libros son caros? ¿Comparado con qué? ¿Leer es importante? Para mí desde luego que sí. ¿Las administraciones contribuyen a fomentar la lectura? Rotundamente no.

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18 sept 2017

¿Tienen futuro las bibliotecas públicas?


Preguntar por el futuro de las bibliotecas públicas es abrir una puerta a la incertidumbre. Otra cosa bien distinta es la necesidad de su existencia.

¿Son necesarias las bibliotecas públicas? Pues depende a quién se pregunte. Para una persona que no lee, que está satisfecha con sus conocimientos o que encuentra formas alternativas de ocio “más gratificantes” seguramente ni se lo han planteado. Cómo tampoco se lo plantean la mayoría de los responsables políticos.

En España no existe planificación bibliotecaria, en general, ni tampoco una promoción seria y continuada de la lectura. El Plan Cultura 2020 es un claro ejemplo de que no existen.

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en ese Plan Cultura 2020 dedica muy poca atención a las bibliotecas. Además de algunas mejoras en infraestructuras habla de impulsar un catálogo único de autores españoles en la Biblioteca Nacional de España y facilitar la reutilización de la información que genera esa biblioteca. Menciona también el impulso al Observatorio de la Lectura y del Libro y la puesta en marcha de un Plan de Fomento de la Lectura. Otra de las medidas propuestas es la creación de clubes de lectura en los colegios, dentro de su oferta de actividades extraescolares, para fomentar la lectura y con esto terminaron.

Sencillamente penoso. Solo tienen que ver lo que se está haciendo, o ya se hizo, en otros países de la Unión Europea. Ni siquiera tienen que inventarse nada.

En Inglaterra, en el año 2000 ¡hace diecisiete años! las bibliotecas públicas recibieron una subvención de 140 millones de euros del Gobierno para crear lo que denominaron una Red de los Ciudadanos. Se instalaron centros de aprendizaje de TIC (Tecnologías de información y comunicación) en las 4.300 bibliotecas públicas existentes. Este proyecto incluyó la instalación de 30.000 ordenadores con conexión de banda ancha en todas las bibliotecas.

Paralelamente se desarrolló un programa para crear recursos y se digitalizaron colecciones que dieron como resultado bases digitales educativas. Actualmente ofrece acceso a unos 150 servicios digitales variados. La inversión inicial fue de 75 millones de euros.

Como pueden comprobar algo muy parecido a lo que se hace en España.

En Japón, que nos queda un poco lejos, nos cuentan que han reinventado las bibliotecas. Me picó la curiosidad y me leí varios artículos al respecto. Entre otras cosas se decía en alguno de ellos que “ya era hora de acabar con la idea de que las bibliotecas son un lugar dónde está prohibido hablar, comer y beber”.

Pues nada, de ahora en adelante que las bibliotecas tengan un servicio de mantelería y cubertería para que los ágapes sean más agradables – léase con ironía -.

El mismo artículo, por cierto repetido en varios medios digitales, nos cuenta que “estos espacios se han reinventado y ahora ofrecen cosas muy diferentes: desde clases de ejercicio hasta espacios para jóvenes donde hablar o jugar a videojuegos”.

No acaba aquí la cosa, estos espacios - ¿bibliotecas? – mezclan, por ejemplo, libros sobre salud con una zona dónde hay aparatos para medir la edad vascular o cerebral, así como una zona de consultas médicas.

Pues bueno. ¿Esto es innovación en las bibliotecas? Dicen que sí. La verdad es que no son solo bibliotecas.

El Musashino Place, ubicado en la ciudad japonesa de Musashino, es una instalación pública abierta en 2011. Funciona no sólo como biblioteca, sino también como un servicio para actividades comunitarias. El edificio cuenta con varias salas para actividades, sala de exposición multiusos y en uno de sus sótanos tiene un estudio de grabación, entre otros.

Eso no es solo una biblioteca ¿verdad?

Me recuerda, a escala más modesta, mucho más modesta, a nuestras casas de cultura. La idea inicial era que estas casas fueran ese centro comunitario que cubriese una amplia gama de necesidades sociales relacionadas con la cultura y el ocio. Esa era la intención. En la práctica el poco interés demostrado por las administraciones han llevado a estas Casas de Cultura a languidecer. Los centros municipales integrados de Gijón son otro ejemplo. Pues ahora vienen los japoneses y hacen algo similar pero a lo grande.

¡Qué tristeza y cuánto tiempo perdido!

Ahora quiero pedirles un favor: comparen la página web de la Biblioteca Nacional de España y la de The British Library.

La página de la British es atractiva, nada encorsetada, adaptada a los gustos actuales y con contenidos variados. La de la BNE es apelmazada, pesada, sosa y monótona.

Si del aspecto pasamos a los contenidos entonces la británica gana por goleada. Les cuento un poco.
La Biblioteca Británica, en su página web, divide la información sobre sus servicios en cuatro grandes apartados. En el primero, que denominan Sobre nosotros, contiene la información más clásica, para entendernos, sobre la biblioteca. En el segundo apartado,  al que llaman Apoyamos, podemos encontrar varias subdivisiones que solo con el título ya nos imaginamos el contenido: Haz una donación, Conviértase en Patrón o Patrocinio corporativo. El tercer bloque es el de Servicios y aquí se obtiene información sobre los servicios de digitalización, imágenes en línea o metadatos de la colección. El cuarto, y último, es lo que llaman Información para. La “potencia” de este servicio es impresionante, a la par que complejo – así me parece -. Está subdivido en: colaboración en la investigación, autores, bibliotecarios, empresarios, periodistas, editores, científicos, ciencias sociales y maestros. Sus contenidos son muy buenos y dan respuestas y ayudas a toda la sociedad.
El apartado dedicado a los empresarios es impensable en estos momentos en España.

Les recomiendo que se den un paseo por la British. No hay problema se puede traducir de forma inmediata.

La sociedad se fundamenta en el conocimiento y las bibliotecas públicas son el servicio público más abierto y directo hacia ese conocimiento. El binomio biblioteca pública-tecnologías de la información y comunicación (TIC) es una necesidad, una obligación, en el mundo de hoy y de mañana.

La digitalización debe formar parte de la existencia de las bibliotecas. La información digital es de obligado cumplimiento. Los ordenadores y conexiones de banda ancha imprescindibles. Todo ello con una planificación seria, rigurosa, de lo que tienen que ser las bibliotecas públicas de hoy y de los años venideros. Son necesarias políticas que tengan muy claro que las bibliotecas son un pilar básico de la información al alcance de todos los ciudadanos.

Dicho de otra forma más directa: necesitamos políticos que se crean eso del acceso democrático a la información, el conocimiento y la cultura. Mientras eso no suceda las bibliotecas públicas españolas se quedarán reducidas a la nada.

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