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25 abr 2025

¿Somos tan lectores cómo decimos?


  Sí preguntamos todo el mundo lee, pero ¿es cierto? Del Informe de Hábitos de lectura y compra de libros en España 2024, de la Federación de Gremios de Editores de España, puede desprenderse la idea de que sí lo somos, pues va a ser que al cocer la cosa mengua.
  El porcentaje de población que dice leer en su tiempo libre es del 65,5% y el porcentaje de lectores frecuentes del 51,2%. En el caso de los jóvenes el 75,3% de la población entre 14 y 24 lee libros en su tiempo libre. Según este informe el 34,5% no lee nunca o casi nunca.
  De esos 51,2% de lectores frecuentes, lee una o dos veces por semana el 18,9%, alguna vez al mes el 7,8% y alguna vez al trimestre el 6,5%. Está claro que entienden eso de lectores frecuentes de una forma muy laxa. Personalmente, lo cual no tiene relevancia, considero lector frecuente a aquella persona que lee a diario, los demás son lectores esporádicos. Esos que leen alguna vez al trimestre no creo que deban entrar en esa categoría.
  Un indicador muy claro, pero malo, es que los que más leen son las personas con estudios más elevados, y entre los menos están los jóvenes con pocos estudios.
  La literatura es la materia que más se lee, con un 77,9%.
  Otro dato llamativo es que el móvil es el dispositivo más utilizado para la lectura digital, un 75,4%, en E-Reader lo hace un 14,4% y en Tablet un 20,6%. Me resulta curioso cuando todos sabemos lo que cansa leer en el móvil. Una cosa es leer un comentario en las redes sociales y otra bien distinta es leer un libro. Tengo la sensación de que muchas personas se dicen lectoras por hacerlo en Facebook, X o Instagram. Las pequeñas lecturas en el baño tampoco cuentan.
  Hago un repaso de las personas de mi entorno y cuento el número de lectores que hay. El resultado es pobre, muy pobre. Los lectores habituales de libros los cuento con los dedos de las manos y puede que me sobre alguno.
  La asistencia a Bibliotecas fue en 2024 un 28,8%. No es para tirar voladores. En las zonas rurales el número de usuarios bajó de forma considerable. A ello contribuye, entre otras cosas, la escasez presupuestaria que padecen.
  Hablando de bibliotecas, Asturias sigue siendo la única comunidad autónoma que no tiene Ley de Bibliotecas. Al parecer hay un borrador, el último de un montón, que espera en los cajones, no sé a qué pero ahí sigue.
  Ah, por cierto, las mujeres leen mucho más que los hombres.
  Ya puesto comprobé lo que dice el PIAAC (Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de la Población Adulta), vamos el Informe Pisa para adultos. En cuanto a rendimientos medios en lectura en población de 16 a 65 años Finlandia ocupa el primer puesto del mundo, obtuvo 296 puntos. El promedio en la Unión Europea es 259 y España se quedó en 247 puntos. Visto estos datos no llevamos tan bien lo de la lectura.
  Lo siento, más datos. Según la Fundación Gasol los menores pasan una media de cuatro horas diarias frente a las pantallas, fuera del aula. ¿Las pasarán leyendo? Contéstense ustedes mismos.
  El Informe Anual Análisis Audiencia TV 2024 revela que pasamos ante el televisor dos horas y cincuenta y un minutos de media ante la televisión. En el caso de los niños de cuatro a doce años consumen una media que supera las dos horas y media; los de 13 a 24 años se pasan delante del televisor unas tres horas. El informe Pisa nos dice, año tras año, que la compresión lectora de los jóvenes españoles es bastante deficiente.
  Vistos todos estos datos me asaltan muchas dudas sobre el número de lectores en España.
  A lo largo de mis años como bibliotecario vi como el número de lectores disminuía en detrimento de las redes sociales, en todas las edades. No es una suposición.
  Fui testigo de como padres iban a la biblioteca pública a donar libros de sus hijos porque molestaban y cogían mucho polvo. Incluso progenitores que se quejaban de que sus retoños leían mucho, y sí, gastaban mucha luz.
  Con el avance de las redes sociales la mayoría de los ciudadanos acceden por esa vía a la información, que sin contrastar se da por buena. Ya sé que no es nada nuevo. Por medio de la prensa escrita, la radio o la televisión también se manipulaba, pero la inmediatez, y el constante machaque de las redes hace que la reflexión y el contraste de la información no se haga.
  La lectura tuvo una enorme importancia en generaciones anteriores, aún habiendo muchísimos analfabetos, poco dinero para comprar libros y escasas bibliotecas públicas, en la actualidad son muchos los que desprecian a aquellos con elevados conocimientos, adquiridos en buena medida mediante la lectura, y les rebaten lo que sea sin ningún pudor, ahí están las redes sociales para comprobarlo.
  Hemos llegado a un nivel en el que el exceso de información sirve, en muchos casos, para desinformar, aunque parezca una contradicción. Noah Harari hace dos afirmaciones en Nexus que comparto. La primera es: «La idea ingenua cree que la solución a los problemas causados por la información errónea y la desinformación es más información» y la segunda, «La idea ingenua de la información sostiene que la información conduce a la verdad y que conocer la verdad contribuye a que la gente obtenga tanto poder como sabiduría». Creo que ambas son muy clarificadoras.
  A pesar de todo lo anterior, creo que el leer nos hace, o puede hacer, más libres al tiempo que nos dota, o puede dotarnos, de elementos para ser más críticos con el mundo que nos rodea.
  Permítanme un consejo, solo puedo dar este, y va dirigido a los padres: lean delante de sus hijos, sin televisión ni música, lean y tal vez, solo tal vez, sus hijos leerán y estarán invirtiendo en su futuro.
  Hagamos que el Día de Libro sean 365 y no uno.

 

 

                                                                           

 

6 may 2024

Por amor a la lectura

 
  Los programas, escasos, de promoción a la lectura pasan desapercibidos. Se supone que invierten no se cuánto dinero en ellos pero no se ven resultados. Hay, en cambio, otras iniciativas que sin alharacas son muy efectivas. Estoy hablando de los clubes de lectura de las bibliotecas públicas asturianas.
  El pasado sábado, 27 de abril, se celebró en Navia el XII encuentro de clubes de lectura de las bibliotecas públicas de Asturias. La escritora invitada fue Carme Riera.
  El acto congregó a casi seiscientas personas, en su mayoría mujeres. Los allí presentes salimos muy contentos con la organización del acto, a cargo de los bibliotecarios de Navia, Carmen Luisa y Ángel, y con una Carme Riera amena, en momentos irónica y muy cercana. Allí estuvieron presentes, durante toda la jornada, comida incluida, la alcaldesa de Navia, Ana Isabel Fernández y la concejala de Cultura, Patricia Rodríguez.
  Estos encuentros son fruto del interés de las bibliotecarias, mayoría en la profesión, también de los bibliotecarios, por extender el amor por la lectura. No me duele prendas decirlo así, el amor por la lectura.
  Al frente de la iniciativa siempre ha estado Cristina Jerez, bibliotecaria de Pravia, acompañada por un entusiasta grupo de compañeras, y un compañero, que realizan una excelente labor: Carmen  - hay dos- Chelo, Carmela, Susana, Isabel, Manoli, Gustavo, Ana – tres- y Teresa, creo que no dejo a nadie. A ellos se suman el resto de las bibliotecas públicas municipales. Cada una organiza y coordina su club de lectura y en muchos casos son las propias bibliotecarias quienes se encargan de dirigirlos.
  Cualquiera que haya tenido que organizar un evento sabe que mover a seiscientas personas, en ocasiones más, no es cosa fácil. Año tras año, y ya van doce, los encuentros salen bien, los percances son menores.
  El trabajo de las bibliotecarias, no excluyo a los bibliotecarios, de la red de bibliotecas públicas es ingente. Ellas crean estos clubes, los organizan, los dirigen. No son obligatorios, pero ahí están. Son «extras» que realizan por amor a su profesión – reitero lo de amor- a la lectura y su difusión. Tienen un arraigado sentido de servicio público.
  El personal bibliotecario es el patito feo de los ayuntamientos. Tienen unos horarios que casi ningún otro trabajador municipal tiene. La coordinación de estos encuentros, y otro tipo de actividades similares, los realizan fuera de su jornada laboral, no reciben remuneración alguna por ello y para más inri se pagan la comida que se celebra con posterioridad. ¿Quién da más por menos?
  A cambio de su trabajo y esta entrega son muchas las bibliotecarias que tienen unos salarios indignos ya que los ayuntamientos convocaron las plazas en unos grupos salariales muy bajos, a pesar de que la mayoría está en posesión de una titulación media o superior. Eso sí, los ediles muestran con orgullo su biblioteca pero se olvidan de lo más importante, las bibliotecarias y bibliotecarios.
  Estos encuentros han adquirido tanta relevancia que la Fundación Princesa de Asturias también los realiza con los galardonados con el premio de las Letras. Las bibliotecas públicas asturianas colaboran de forma activa y son las encargadas de organizar los diversos clubes que reúnen a más de mil lectores. Por si alguien tiene dudas, las bibliotecas realizan esa labor de forma altruista.
  La red de bibliotecas públicas de Asturias recibe una escasa atención por parte del gobierno autonómico que destina un presupuesto ridículo para dotarlas de los materiales necesarios, incluidos libros. Las bibliotecas de Tineo y Navelgas recibieron 1700 euros en 2023. Hay ayuntamientos que destinan partidas presupuestarias pero también con cifras vergonzosas, con honrosas excepciones.
  Hay un detalle, no menor como decía aquel, que demuestra lo poco que importan las bibliotecas a los gobernantes, Asturias es la única comunidad de España que no tiene Ley de bibliotecas. Vergonzoso.
  A pesar de los pesares ahí seguirán las bibliotecarias, y bibliotecarios, difundiendo el amor por la lectura. En ellas tienen los libros unas apologetas laicas que no sucumben ante la inación de las administraciones que se han olvidado que las bibliotecas públicas son un pilar básico de la cultura y la democracia.

 

 

                                                                                                        

 

 

 

23 oct 2022

 ¿Cementerios de emociones y conocimiento?


 Publicado en La Nueva España el 22 de octubre de 2022

  Oigo mis pasos. Silencio. Sillas vacías. Mesas impolutas. Libros ordenados en sus estanterías. Nadie. Vacía. En estos momentos es un cementerio de papel. ¡Qué tristeza!
  Un libro no leído es un escritor muerto. Una biblioteca sin lectores no es nada. Al entrar se me pone piel de gallina. Recuerdos y emociones me asaltan, es un poco de nostalgia. He vivido en ellas, vivo en los libros.
  El descubrimiento de las bibliotecas fue para mí algo parecido a lo de Aureliano Buendía y el hielo. No exagero. Fue un auténtico flechazo que llega hasta hoy, muchos años después.
  Las conocí - a las bibliotecas, claro - cuando eran algo oscuro, con olor y color rancio. Las de los pueblos y las más pequeñas estaban guardadas por mujeres, la mayoría de las veces, que se habían ido apergaminando con el mobiliario y los añejos volúmenes de las estanterías. Las grandes, las importantes, ya tenían un personal cualificado, pero eran las menos. Mi listado las reduce a las de Gijón y Oviedo.
  Llegaron los años de la luz, a partir de la década de los ochenta, del siglo pasado – vértigo me produce – y se convirtieron en uno de los puntos de encuentro de los ciudadanos. Pero no hay bien que cien años dure. Poco a poco los presupuestos se fueron reduciendo, hasta los edificios se resintieron. Todo parecía ir en su contra.
  Y llegó Internet. El conocimiento y entretenimiento al alcance de un clic. A principios de los noventa – sí, del siglo pasado – pocos, en este país, sabían de su existencia. Se extendió como una plaga bíblica. Hoy son millones de personas las que viven en ese mundo virtual. En él podemos encontrar todo lo que podamos pensar. ¡Y cómo éramos pocos, ahí están las redes sociales!
  Digan lo que digan el nivel de lectura no ha mejorado demasiado. Las tablets, móviles,  u ordenadores conectados a internet no han logrado aquella anhelada extensión de la cultura al mundo mundial. Lo virtual ha otorgado un espacio infinito a un sinfín de grupos «curiosos», léase antivacunas, terraplanistas… Las redes son una herramienta política muy eficaz. Me viene a la cabeza, como no, Trump.
  Millones de personas tienen como referencia esas redes sociales atestadas de bulos o directamente de mentiras. Los medios de comunicación tradicionales están en clara desventaja ante el poder de penetración, y convicción, de las redes. A ese inmenso poder se une la falta de contraste sobre las informaciones que provienen por esa vía y la rapidez con la que fluyen las «noticias».
  Los libros, por su parte, son de lectura sosegada. El lector recapacita sobre lo que está leyendo e incluso, si es necesario, retrocede a las páginas anteriores, cosa que el lector digital hace en menos ocasiones, y lo digo especialmente por mí. El lector en papel incluso consulta referencias vía internet y cuando se da cuenta está sumergido en esa espiral inacabable de enlaces que le aleja de la búsqueda inicial – también lo digo por mí -. Internet es una maravilla, pero también es un agujero negro.
  A los nueve años entré por primera vez en una biblioteca, no las he abandonado. Como en mí caso tiene que haber, hay, muchas personas a las que esos espacios públicos les ayudaron a cambiar su vida. Creo en el poder «curativo» de la lectura y las bibliotecas son ese recinto de paz y libertad que acerca a los ciudadanos esos medicamentos que son los libros. Es una ingenuidad, lo sé, pero soy «creyente».
  Me acerco al mostrador. Me sellan dos libros. Me voy escuchando mis pasos, dentro de unos días volveré. Me estarán esperando. Les soy fiel, me son fieles. Mis queridas bibliotecas, mis queridos libros.

 

 

                                                                                

 

 

 

 

 

27 dic 2020

Con nocturnidad y alevosía


 El silencio de la noche arropándome. Calentito. Un libro en las manos. La segunda cosa más placentera que se puede hacer en una cama. Desde niño me di a ese placer y lo mantengo. ¡Cuántas horas de sueño me he ahorrado! Un acto egoísta que ni puedo ni quiero compartir.
 Ese contacto nocturno refuerza la intimidad, llega a ser carnal. Las palabras leídas se convierten en cálidos susurros. Pierdo la consciencia de la lectura, soy un narrador omnisciente que se encarna en cada uno de los personajes.
 Lo confieso, soy relapso y no tengo intención de enmendarme. Estoy condenado, por propia voluntad, a encadenarme hasta el final a la lectura. Lamento lo que no podré leer. Suspiro por los goces perdidos y los que perderé.
  Soy un ser abyecto. Podéis despreciarme, no me importa. Ellos me darán lo que no está al alcance de vuestro corazón.
  Cuántos días ansío la noche. Cómo ávido amante desespero anticipándome al deleite que vendrá.

 

 

24 abr 2020

Día del Libro confinados

Publicado en La Nueva España el 23 de abril de 2020

  Nos creímos que habían llegado los felices veinte y antes de darnos cuenta… crack. Es lo que tiene la realidad, en muchas ocasiones va por dónde le da la gana.

  En muy poco tiempo hemos adquirido nuevas rutinas e incluso aprendido a convivir con nosotros mismos. Algunos siguen en la pelea. Los esfuerzos por asesinar las horas han reactivado hábitos o juegos casi olvidados. Parece que estamos en una Nochevieja permanente, cada día nos planteamos nuevos retos. Idiomas, manualidades, cocina, panadería, la lista es infinita. Se han desempolvado hasta los viejos juegos de mesa. Hay quien se adentró en el mundo de la peluquería. De momento, el papel higiénico sigue utilizándose para lo mismo.

  Oigan, incluso hay gente que ha vuelto a coger un libro. ¡Cómo se lo cuento! Es más, ¡incluso lo han leído! La cuestión ha generado preocupación en más de uno ¿y sí acaba gustándome? Lo comprendo, leer es una actividad, no diré qué peligrosa, pero sí engorrosa.

  Primero hay qué seleccionar uno. ¿Cuál? Hay miles. La elección no es fácil. Este no, tiene muchas páginas. Ese tampoco, letra muy pequeña. ¿Novela? ¿Policíaca? ¿Histórica? ¿Amor? ¿Terror? No, terror no. ¿Y si no me gusta? Tiempo perdido y desánimo. Vale, acerté. Ahora toca leerlo. En la silla al rato duele el culo. En la cama ni hablar, a los dos minutos estoy sopa. En el sofá, sí, en el sofá. Me canso de la postura y de sujetar el libro. Bueno, voy por una cervecita. Media vuelta, algo para picar. Sigo. Bueno, pues no está mal. Me apoyo para el otro lado. Me asalta la tentación de leer el final. Me aguanto. ¡Qué narices, lo hago! Ah, acaba bien. Es casi la hora de comer. Es temprano, sigo otro poco.

  Lo acabó leyendo y le gustó.

  Quién sabe, tal vez sea el principio de una relación amorosa de por vida o quizás el sueño de un 23 de abril de 2020 confinados en casa.

  Yo, un día más reitero mis votos de amor eterno a los libros o hasta que el alzhéimer nos separe.

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27 mar 2020

Leer en tiempos duros

  Hoy no voy a hablarles de ningún libro, sólo les voy a recomendar, si me permiten, que lean. Da igual la temática. Apaguen la radio o el televisor, pónganse cómodos y lean.

  Estamos en unos días en los que nuestras rutinas se han hecho pedazos y hemos tenido que inventarnos otras. Ya sé que les estoy sugiriendo que realicen un acto que para muchos no es habitual, pero lo hago convencido de que leer es una de las actividades más gratificantes que se pueden realizar. Podrán decirme que nunca les ha gustado mucho, pues ahora es un buen momento para volver a intentarlo.

  El acto de leer supone un esfuerzo individual y por ello necesita un tiempo para sacarle todo el jugo y el placer. Sí, el placer.

  Les voy a hacer un pequeño chantaje. Si tienen niños léanles o háganlo al mismo tiempo. Este es un buen momento para inculcarles el amor a los libros. Con el tiempo se lo agradecerán enormemente.

  Ahora me podrán decir que no tienen nada nuevo para leer. No se preocupen, eso tiene solución. La Red de Bibliotecas Públicas de Asturias tiene una plataforma llamada eBiblio Asturias donde pueden acceder a una gran cantidad de libros de forma gratuita. Sólo necesitan un carné de biblioteca, de cualquier biblioteca de Asturias. En caso de que no lo tengan, los bibliotecarios siguen en sus puestos de trabajo, seguro que se lo resuelven vía telefónica o mediante correo electrónico. Su funcionamiento es muy sencillo y en la página web pueden encontrar las normas.

  Ese mismo carné les permite ver películas, de forma también gratuita, en eFilm Asturies.

  En estos momentos complicados somos muchos los que tiramos de Internet. Es un mundo tan amplio que resulta inabarcable. Les voy a proponer un paseo por la web de la Biblioteca Nacional. Lo que denominan colecciones resultan muy interesantes. En ellas encontrarán dibujos, fotografías, geografía y mapas, grabaciones sonoras, grabados, impresos antiguos, partituras de música o periódicos. Igual les sorprende.

  La Biblioteca Nacional puso en marcha otra plataforma llamada Biblioteca Nacional Escolar con contenidos didácticos digitales. Contiene unos 600 documentos distribuidos por edades y temas para profesores y alumnos. Tiene desafíos interactivos o juegos de preguntas. Dense una vuelta por ella.

  Les invito también a que visiten la web del Museo del Prado. Nada más que abren su página se encuentran, en estos días, con un enlace a sus juegos para familias. Contemplarán  las obras de su colección. Podrán leer o escuchar explicaciones sobre las obras y los autores. Tienen, además, muchos multimedias para poder profundizar en los temas.

  Ven, no todo son libros.

  Les voy a recomendar otra página web, la del Archivo de Radio Televisión Española. Es todo un mundo. Los mayores podrán recordar programas, películas, series; los más jóvenes comprobarán como se veía el mundo en blanco y negro.

  Hay infinidad de opciones. Muchas editoriales han puesto libros a disposición de los ciudadanos de forma gratuita. No hay excusa para no leer.

  Les he mencionado estas por ser públicas y por que cuando todo esto termine ahí seguirán. Hay millones de temas en la red, seguro que algunos son de su interés.

  Piensen que hay muchas personas que no pueden acceder a Internet, por la razón que sea, y a pesar de todo llevan el confinamiento con buen humor.

  Un último favor, quedémonos en casa. Muchas gracias y ánimo.


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25 oct 2019

Placer al alcance de la mano

Publicado en La Nueva España el 22 de octubre de 2019

Entro. Silencio. Miro a un lado, al otro, estoy solo. Siento calor en el estómago.  Avanzo. Resuenan mis pisadas. Me meto en el estrecho pasillo. No siento ningún temor. La escena se repite. No, no son iguales. Mis ojos los recorren con avidez. No puedo resistir la tentación, comienzo  a pasar mis dedos sobre ellos. Una pequeña descarga me sacude. Cojo uno, lo miro, lo vuelvo a dejar. Mi mano tantea el siguiente y, sin embargo, los ojos van más allá. Pasos, oigo pasos. Alguien se acerca. Nos miramos. No nos decimos nada. Se va al otro pasillo. Escucho. Le oigo pasar las hojas. Un golpetazo atruena en la sala casi vacía. Perdón. Sonrío. No pasa nada. En un susurro ¿encuentras algo? No, todavía no. A un lado y a otro sacamos, abrimos, cerramos los libros, los volvemos a colocar. Parece que estamos en una competición. Me llega un suspiro. Acaba de encontrar lo que necesita. Siento envidia. Prosigo mi búsqueda. No tengo prisa. No es necesaria la prisa. Me paro en seco. Fijo la mirada. Lo cojo, leo un poco, paso unas páginas, vuelvo a leer, lo acepto. Estoy seguro, este es. Salgo de la biblioteca excitado, quiero llegar a casa y empezar a leerlo. 
El placer al alcance de la mano. El placer está en las bibliotecas públicas.

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24 abr 2019

Los libros son parte de mi vida

Publicado en La Nueva España el 23 de abril de 2019

Los libros son parte esencial de mi vida, sin ellos sería otro bien distinto. No alcanzo a ver un solo día sin lectura.
Puede que esta afirmación resulte cursi a algunas personas, pero no por ello deja de ser mi realidad.

Mi relación con los libros es de amor. Amor profundo, sin límites, sin reproches, sin desengaños – bueno, un poquito sí con los que no me gustan -. Les he sido fiel y sé que mi amor hacia ellos llegará hasta mi último aliento. Solo el maldito Alzheimer podría separarme de ellos.

No es una pasión enfermiza. Remueven mis entrañas. Exaltan mis sentimientos. Me hacen pensar. Me proporcionan una soledad tan gratificante que en ocasiones rehúyo a otras personas para acabar un libro.

Han sido tantas horas, tantos años de tan intensas emociones que no dejan de sorprenderme quienes afirman que no les gusta leer. No lo echan en falta ni piensan que se están perdiendo algo bueno. Están en su derecho y ellos eligen ¡faltaría más! Pues así y todo, lo siento por ellos.

Lo mío es aún más grave: me gusta leer en papel. El tacto con el papel, el peso del libro, el olor, utilizar marcador de páginas, subrayar con lápiz y escribir en los márgenes cuando procede, todo eso le confiere a mis lecturas algo más personal. El mundo digital, que tanto me interesa, no me pone a la hora de leer.

Hoy veo con perplejidad un revisionismo literario que se aleja de la crítica literaria que toda obra necesita y se acerca más a posicionamientos que no comprendo y que rondan la intransigencia. Eso me duele. No es el momento de hablar de esto.

Hoy, Día del Libro, quiero reafirmar públicamente mi profundo amor por ellos. Les sugiero que les hagan un hueco y les den una oportunidad. No hace falta que los compren, acérquense a su biblioteca pública y recorran sus estantes. Ojeen uno, otro, el de más allá y llévense alguno. No tengan prisa, disfrútenlo.

Todos los días de mi vida son el Día del Libro.

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6 feb 2019

Leemos poco

Publicado en La Nueva España el 6 de febrero de 2019

Aunque se quiera ver una mejoría en los índices de lectura en España no dejará de ser un acto de buena voluntad. Un incremento del 1,4 % respecto al año anterior, según el Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros 2018, elaborado por la Federación de Editores de España (FGEE), no es relevante.

Los datos generales de lectura de libros son pobres. El más destacado es que un 38,2 % de los ciudadanos no lee. Otro que hay que tener en consideración es la relación entre el nivel de estudios finalizados y la ratio de lectores. Los universitarios son los que más leen.

Un 67,2 % de la población lee libros. Dicho así parece bastante, pero al cocer mengua. Si vemos el porcentaje de quienes lo hacen por ocio este se queda en un 59,7 %. Un 28,9 % lee por motivos de trabajo o estudio.

Es necesario aportar más cifras.

Para hacernos una idea más cercana a la realidad tenemos que repasar los datos de la frecuencia lectora de libros en tiempo libre. Y así afinando un poco más… los números empeoran. El 49,3 % lee libros en su tiempo libre. Va menguando. El número de lectores que lee todos los días o casi todos se queda en un triste 32,6 %. Quienes leen una o dos veces a la semana son un 16,7 %. Entre los lectores ocasionales, 12,5 %,  leen alguna vez al mes el 7,9 % y un 4,6 % lo hace ocasionalmente al trimestre. No es para tirar voladores.

Esto no significa que los datos sean mejores en lectura de periódicos o revistas, todo lo contrario, han bajado. Suben los lectores de webs, blogs y foros y se mantienen los de redes sociales. El paraíso de los bulos va viento en popa.

¿Razones para no leer? Son muy claras: no les gusta o interesa y, sobre todo, no tienen tiempo.

Vayamos a otro indicador que resulta clarificador. La media de libros leídos el año pasado, entre el 67,2 % que lee, fue de 10,3. No llega a un libro al mes. No parece mucho. Se va confirmando que el número de lectores es bajo y sus lecturas son pocas. Recuerdo que las cifras las ofrecen los editores españoles y están basados en 5004 entrevistas.

Si nos centramos en el número de libros por hogar resulta que la media es de 233. Pues no está mal, aunque pienso en mi entorno y no me cuadra la cifra. Veamos. Un 16,3 % de los hogares españoles tiene menos de veinte libros. El 46,3 % tiene entre veinte y 100 libros y un 37,4 % tiene más de 100 libros. Así me cuadra.
Eso significa, una vez más, que un pequeño porcentaje de ciudadanos destaca: un 8,3 % tiene más de 500.

La lectura en soporte digital sigue aumentando lentamente. Las mujeres leen más que los hombres y entre los jóvenes no es una pasión.

Entre los adolescentes esto de la lectura va bien hasta los catorce años, a partir de esa edad se produce un bajón que se recupera un poco a partir de los dieciocho, pero sin alegrías. El uso de las bibliotecas por parte de los jóvenes está descendiendo, incluido el servicio de préstamo. Argumentan la falta de costumbre y de tiempo.

El barómetro de la FGEE está disponible en Internet y ahí lo pueden ver íntegro. Tendrán que leer.

Esa falta de tiempo o de costumbre para no leer libros son argumentos recurrentes que me crean dudas. Pasamos ante el televisor unas cuatro horas diarias. Los ingresos económicos de los videojuegos están a punto de sobrepasar a los de libros, lo que significa que tiene muchos adeptos que le dedican sus horas.

Siento contradecir al gremio de editores pero la lectura no tiene buena salud en España. El móvil, que tantas alegrías nos da, no se utiliza para leer libros. En los periódicos muchos se quedan en el titular o en la entradilla. Todo lo que suponga leer más de un folio, una sola cara, se considera un rollo.

Para muchas personas la lectura implica un esfuerzo que no están dispuestas a asumir. No perciben ninguna recompensa ni estímulo, a pesar de que reconocen que leer es importante. Curiosa paradoja. Pues deben empezar a planteárselo. Según una investigación de la Universidad de Yale leer libros mejora la esperanza y calidad de vida. ¡Alarga dos años la vida!

Quien sabe, tal vez las desigualdades empiecen por la lectura y continúen por otros caminos que nos conducen  a las graves diferencias sociales y económicas que tenemos. Y lo digo por aquello de que la vía más accesible para adquirir conocimientos es la lectura y el conocimiento nos da seguridad y les quita poder a los demás.

Hace tiempo escuché a Manuel Vicent decir que cultura es aquello que queda tras haber leído dos mil libros. Si él lo dice lo doy por bueno. Me parece que entonces tenemos un serio problema en España.

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29 jul 2018

Las bibliotecas no necesitan justificarse

Recuerdo aquellos años en los que casi todo eran nuevo para mí. El lugar me impresionaba. Silencio acogedor. Veía a otras personas que se desenvolvían en aquel ambiente con una soltura que yo envidiaba. Aquellos objetos inertes me atraían con más fuerza que un imán. Tantos y tan diversos me asustaban un poco. No, no era eso. Me daba miedo equivocarme, decepcionarme, no saber elegir.

Se me metieron en el cuerpo, y quien sabe sí en el alma en que no creo. Les hablo de las bibliotecas.

Tras muchos años y horas vividas en ellas me siguen emocionando. Pueden reírse o mirarme con desdén, no me importa. Hoy las veo, inicialmente, con otros ojos, luego me dejo llevar por la pasión de recorrer las estanterías en busca del libro concreto o esperando sentir el flechazo.

Esa emoción de vagar, de abrir un libro sin fijarme ni en título ni autor, leer por cualquier página, leer una línea o dos de aquí y de allí y notar un cosquilleo en el estómago. Ese, ese es el libro que quiero leer ahora y no otro. En muchas ocasiones descubrí lo ignorado y oculto para mí, en otras eran viejos conocidos.

Escudriñar, descubrir en una estantería lo que siempre estuvo allí y no supe ver me estremece. Con algunos libros la relación fue compleja, difícil. Me tentaban pero faltaba algo, hasta que un día, quien sabe si de tanto perseverar, se venía conmigo. De ahí surgieron relaciones pasionales y también sufrí desengaños. Algunos libros se convirtieron en amores eternos y otros me generaron antipatía.

Casi nunca forcé una relación. Si la magia no surge no tengo piedad y, sin arrepentimiento, provocó una ruptura. Pepe Carvalho no dudaba en condenar a la hoguera a cualquier libro, yo no soy tan atrevido y lo devuelvo con la esperanza de que encuentre su pareja lectora.

Las bibliotecas me han ofrecido emoción, magia, pasión, información. No he necesitado más. Albergan nuestra memoria colectiva, el mayor tesoro de la humanidad. Los parques de atracciones están en otros lugares.

En ese mundo de silencio, no espectral, pero sí respetuoso con los demás, entró Internet y bienvenido fue. Esa ventana espectacular al mundo no tiene por qué desterrar a ese objeto casi perfecto que es el libro en papel. Son compatibles, solo cambia el formato. Lo digital “engancha” y puede llevarnos a la dispersión. Un ordenador, una conexión y todo lo tenemos al alcance de unos clic. Me gusta. Lo utilizo mucho pero no me apasiona. El recorrido digital puede llegar a estresarme, el deambular entre las estanterías de una biblioteca me sosiega y reconforta. La biblioteca me da la libertad de elegir. No hay cookies. En ellas nadie me vende nada.

No es lo mismo el frío teclado que la calidez del papel. Lo digital conlleva casi siempre una lectura rápida, el libro en papel permite una lectura más sosegada, más reflexiva. La lectura digital, en mi caso, es un gran complemento al libro en papel. No hay conflicto.

Las bibliotecas no pueden obviar la realidad social pero tampoco podemos olvidarnos de su objetivo final que sigue siendo el mismo: acercar a los ciudadanos la lectura, el conocimiento, desde la libertad, la pluralidad, la democracia y la “gratuidad”. Las tecnologías, las redes sociales, etc. son un medio ¿Dónde queda la lectura? Me gustaría una sociedad de lectores que utilizasen herramientas digitales, no ciudadanos monitorizados lastrados por la incomprensión lectora y la falta de criterio.

Las bibliotecas no necesitan justificarse.

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20 abr 2018

¿Cómo abrazar un libro?

Publicado en La Nueva España el 20 de abril de 2018

Rodeo con mis brazos a quienes quiero, los estrecho contra mí y se me disparan las endorfinas. El mundo desaparece. Es un acto de cariño, o de amor, al tiempo que egoísta. Sabemos que el amor es un sentimiento acaparador e interesado.

Amo a los libros ¿cómo los abrazo? ¡Qué absurdo! podrán decir. Díganlo pero es así.

Los libros me vienen acompañando desde niño. No recuerdo desde cuando, de siempre. Algunos de los momentos más intensos emocionalmente los he tenido con un libro entre mis manos. ¿Eso es amor? Si no lo es se le parece. Sí, es amor.

Al libro lo abrazo con los ojos mientras mis manos lo acarician. Es más qué algo físico. Hay momentos en los que olvido el título, el autor y comienza la magia. No soy un personaje más, soy todos ellos. Soy libro. Me adentro en una emoción pura que me hace vibrar con una cálida sensación de protección. Sí, protegido o más bien acogido.

Cuando llega la noche, en la cama, la intimidad entre el libro y yo es aún más intensa. La compenetración es perfecta. Siento que soy parte de algo muy exclusivo. El sosiego que me provoca, fruto de la complicidad absoluta, es tan relajante que ni el sueño puede vencer. Leer me absorbe. No quiero compartir con nadie esas sensaciones tan íntimas. Son secretos entre el libro y yo.

Mis lecturas soy yo. Sin libros no soy.

El mundo es como es y como nos lo pintan. Los libros me lo hacer ver de otras maneras. ¿Mejor? ¿Peor? Diferente. Sintiendo los libros percibo las miradas de los otros. Los autores y sus personajes desestabilizan mi egocentrismo y transforman mi unicidad en multiplicidad. 

En los prolegómenos de un mundo digital “mis” libros me siguen conmoviendo y removiendo las entrañas de una manera que la frialdad de una pantalla no logra.

Los días y las noches son libros ¿el resto será un mundo en otra dimensión?

Nunca podré abrazar a los libros, sólo amarlos.

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30 ene 2018

¿Leemos más?

Publicado en La Nueva España el 30 de enero de 2018

Los españoles no somos grandes lectores. Lo dice el informe PISA, los libreros, los bibliotecarios. Los editores nos cuentan otra cosa. Anunciaron, hace unos días, que los índices de lectura en España han mejorado. Y no es una afirmación gratuita.

La Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se basa en el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2017. Realizaron 5.000 entrevistas en toda España y los resultados les indican que el número de lectores se incrementa. Me alegro.

Alguna aclaración tengo que hacer. Consideran lectores frecuentes a las personas que leen por los menos alguna vez a la semana y si a estos se suman los que declaran leer al menos una vez al mes tendremos los lectores habituales. Pues  no me parece mucha lectura, la verdad.

Según este barómetro – será mi fuente de datos – el 65,8 % de la población española lee libros, un 59,7 % por ocio en su tiempo libre y un 28,1% por trabajo o estudios. Los lectores leen una media de trece libros al año.

Me parecen unas cifras discretas.

Los lectores frecuentes (les recuerdo que son aquellos que leen al menos semanalmente) son un 47,7%.

Este dato me parece aún más discreto, muy discreto.

Lo más relevante es que un 40 % de la población continúa sin leer libros. Y esta cifra sí que no es nada discreta. Quienes no leen es por falta de tiempo, al menos así lo afirman.

En este momento no está de más recordar que el borrador del informe anual de Barlovento Comunicación sobre el “Análisis Televisivo” nos informa que el consumo de televisión por persona es de cuatro horas diarias.

Cada uno ocupa su tiempo como le da la gana. Faltaría más.

Todo lo anterior se refiere al libro en papel, la lectura en soportes digitales tiene su apartado.

El incremento de “lectura digital” no se traduce en un incremento de la lectura total, lo que puede indicar un trasvase desde la lectura en papel.  Aumentó el número personas que leen en formato digital libros, periódicos, blogs, etc. Me imagino que todos los que vamos por la calle mirando el móvil es que estamos enfrascados leyendo un libro.

Indican los editores que el 80 % de los libros digitales leídos se obtienen de forma gratuita. ¿Será que muchos lectores consideran elevados los precios en versión digital? Me parece a mí que va a ser que sí. Aunque no se puede desechar que está muy extendida la idea de que todo lo digital tiene que ser “gratis”.

Las compras de libros a través de internet siguen creciendo y paralelamente disminuyen en librerías y hasta en los grandes almacenes.

Un cariñoso recuerdo para la librería Ojanguren de Oviedo.

Y en esto de la lectura ¿cómo les fue a las bibliotecas públicas? Pues ni bien ni mal, sino todo lo contrario.

El 31,9 % de los entrevistados acudió el año pasado a una biblioteca. No es para dar saltos de alegría. Y eso que los ciudadanos otorgan una nota media alta a ese servicio público. Las bibliotecas asturianas son de las mejor valoradas. Muchas gracias.

Mientras la valoración de las bibliotecas aumenta, disminuye el uso del servicio de préstamo. Y por si esto fuera poco también se reduce el número de usuarios frecuentes. Para rematar han observado como a partir de los catorce años se hace un menor uso de las bibliotecas públicas y también se produce un descenso en la participación en actividades escolares relacionadas con la lectura.

No es un panorama muy alentador.

La competencia de lo digital está ahí y ese no es el problema. La cuestión es que a pesar del uso de soportes digitales tampoco se incrementa, de manera notable, el número de lectores. Lo importante es leer, lo de menos es el medio.

¿Los libros son caros? ¿Comparado con qué? ¿Leer es importante? Para mí desde luego que sí. ¿Las administraciones contribuyen a fomentar la lectura? Rotundamente no.

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18 sept 2017

¿Tienen futuro las bibliotecas públicas?


Preguntar por el futuro de las bibliotecas públicas es abrir una puerta a la incertidumbre. Otra cosa bien distinta es la necesidad de su existencia.

¿Son necesarias las bibliotecas públicas? Pues depende a quién se pregunte. Para una persona que no lee, que está satisfecha con sus conocimientos o que encuentra formas alternativas de ocio “más gratificantes” seguramente ni se lo han planteado. Cómo tampoco se lo plantean la mayoría de los responsables políticos.

En España no existe planificación bibliotecaria, en general, ni tampoco una promoción seria y continuada de la lectura. El Plan Cultura 2020 es un claro ejemplo de que no existen.

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en ese Plan Cultura 2020 dedica muy poca atención a las bibliotecas. Además de algunas mejoras en infraestructuras habla de impulsar un catálogo único de autores españoles en la Biblioteca Nacional de España y facilitar la reutilización de la información que genera esa biblioteca. Menciona también el impulso al Observatorio de la Lectura y del Libro y la puesta en marcha de un Plan de Fomento de la Lectura. Otra de las medidas propuestas es la creación de clubes de lectura en los colegios, dentro de su oferta de actividades extraescolares, para fomentar la lectura y con esto terminaron.

Sencillamente penoso. Solo tienen que ver lo que se está haciendo, o ya se hizo, en otros países de la Unión Europea. Ni siquiera tienen que inventarse nada.

En Inglaterra, en el año 2000 ¡hace diecisiete años! las bibliotecas públicas recibieron una subvención de 140 millones de euros del Gobierno para crear lo que denominaron una Red de los Ciudadanos. Se instalaron centros de aprendizaje de TIC (Tecnologías de información y comunicación) en las 4.300 bibliotecas públicas existentes. Este proyecto incluyó la instalación de 30.000 ordenadores con conexión de banda ancha en todas las bibliotecas.

Paralelamente se desarrolló un programa para crear recursos y se digitalizaron colecciones que dieron como resultado bases digitales educativas. Actualmente ofrece acceso a unos 150 servicios digitales variados. La inversión inicial fue de 75 millones de euros.

Como pueden comprobar algo muy parecido a lo que se hace en España.

En Japón, que nos queda un poco lejos, nos cuentan que han reinventado las bibliotecas. Me picó la curiosidad y me leí varios artículos al respecto. Entre otras cosas se decía en alguno de ellos que “ya era hora de acabar con la idea de que las bibliotecas son un lugar dónde está prohibido hablar, comer y beber”.

Pues nada, de ahora en adelante que las bibliotecas tengan un servicio de mantelería y cubertería para que los ágapes sean más agradables – léase con ironía -.

El mismo artículo, por cierto repetido en varios medios digitales, nos cuenta que “estos espacios se han reinventado y ahora ofrecen cosas muy diferentes: desde clases de ejercicio hasta espacios para jóvenes donde hablar o jugar a videojuegos”.

No acaba aquí la cosa, estos espacios - ¿bibliotecas? – mezclan, por ejemplo, libros sobre salud con una zona dónde hay aparatos para medir la edad vascular o cerebral, así como una zona de consultas médicas.

Pues bueno. ¿Esto es innovación en las bibliotecas? Dicen que sí. La verdad es que no son solo bibliotecas.

El Musashino Place, ubicado en la ciudad japonesa de Musashino, es una instalación pública abierta en 2011. Funciona no sólo como biblioteca, sino también como un servicio para actividades comunitarias. El edificio cuenta con varias salas para actividades, sala de exposición multiusos y en uno de sus sótanos tiene un estudio de grabación, entre otros.

Eso no es solo una biblioteca ¿verdad?

Me recuerda, a escala más modesta, mucho más modesta, a nuestras casas de cultura. La idea inicial era que estas casas fueran ese centro comunitario que cubriese una amplia gama de necesidades sociales relacionadas con la cultura y el ocio. Esa era la intención. En la práctica el poco interés demostrado por las administraciones han llevado a estas Casas de Cultura a languidecer. Los centros municipales integrados de Gijón son otro ejemplo. Pues ahora vienen los japoneses y hacen algo similar pero a lo grande.

¡Qué tristeza y cuánto tiempo perdido!

Ahora quiero pedirles un favor: comparen la página web de la Biblioteca Nacional de España y la de The British Library.

La página de la British es atractiva, nada encorsetada, adaptada a los gustos actuales y con contenidos variados. La de la BNE es apelmazada, pesada, sosa y monótona.

Si del aspecto pasamos a los contenidos entonces la británica gana por goleada. Les cuento un poco.
La Biblioteca Británica, en su página web, divide la información sobre sus servicios en cuatro grandes apartados. En el primero, que denominan Sobre nosotros, contiene la información más clásica, para entendernos, sobre la biblioteca. En el segundo apartado,  al que llaman Apoyamos, podemos encontrar varias subdivisiones que solo con el título ya nos imaginamos el contenido: Haz una donación, Conviértase en Patrón o Patrocinio corporativo. El tercer bloque es el de Servicios y aquí se obtiene información sobre los servicios de digitalización, imágenes en línea o metadatos de la colección. El cuarto, y último, es lo que llaman Información para. La “potencia” de este servicio es impresionante, a la par que complejo – así me parece -. Está subdivido en: colaboración en la investigación, autores, bibliotecarios, empresarios, periodistas, editores, científicos, ciencias sociales y maestros. Sus contenidos son muy buenos y dan respuestas y ayudas a toda la sociedad.
El apartado dedicado a los empresarios es impensable en estos momentos en España.

Les recomiendo que se den un paseo por la British. No hay problema se puede traducir de forma inmediata.

La sociedad se fundamenta en el conocimiento y las bibliotecas públicas son el servicio público más abierto y directo hacia ese conocimiento. El binomio biblioteca pública-tecnologías de la información y comunicación (TIC) es una necesidad, una obligación, en el mundo de hoy y de mañana.

La digitalización debe formar parte de la existencia de las bibliotecas. La información digital es de obligado cumplimiento. Los ordenadores y conexiones de banda ancha imprescindibles. Todo ello con una planificación seria, rigurosa, de lo que tienen que ser las bibliotecas públicas de hoy y de los años venideros. Son necesarias políticas que tengan muy claro que las bibliotecas son un pilar básico de la información al alcance de todos los ciudadanos.

Dicho de otra forma más directa: necesitamos políticos que se crean eso del acceso democrático a la información, el conocimiento y la cultura. Mientras eso no suceda las bibliotecas públicas españolas se quedarán reducidas a la nada.

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2 ago 2017

¿Qué les pasa con las bibliotecas públicas?


Publicado en La Nueva España el 2 de agosto de 2017

No es una pregunta retórica: ¿qué les pasa con las bibliotecas públicas? Tampoco es una pregunta sin destinatario. Va dirigida al consejero de Educación y Cultura, a los parlamentarios asturianos y a los alcaldes. Podrán contestarme – no lo tienen que hacer, gracias – que no les pasa nada. Claro, que sí les pasa, no se acuerdan de ellas.

Permítanme unos datos. En 2016 el número de visitantes en las bibliotecas públicas asturianas fue de 2.915.381 y se prestaron 1.211.035 documentos.

Creo que son unas cifras importantes y ello a pesar de que las administraciones pasan de ellas. No se ofendan aquellos ayuntamientos que sí les prestan atención y destinan recursos. Eso sí, no nos engañemos, no es lo habitual y en muchos casos se racanea con ellas.

La mayoría de las bibliotecas públicas asturianas son de titularidad municipal y siempre han contado con un presupuesto del gobierno autonómico. En los últimos años ese presupuesto se ha ido reduciendo de forma notable.

Este año la Consejería de Educación y Cultura informó, vía BOPA (Boletín Oficial del Principado de Asturias), que la entrega de ese presupuesto sería mediante subvenciones a cada Ayuntamiento. Nada que objetar. Si tiene que ser así, sea.

El problema radica en que estamos a finales de julio y no sabemos nada de dicha subvención. Primero hay que publicarla en el BOPA, a continuación dejar un plazo para admitir solicitudes – serán unos veinte días – y más tarde tienen que resolver las peticiones y en su caso realizar aclaraciones. Al final dos meses  no nos los quita nadie. Es decir, en el mejor de los casos para octubre las bibliotecas públicas dispondrán de un presupuesto del gobierno asturiano.

¿Se atreverán a decirnos que sí les importan las bibliotecas públicas? Pues va a ser que no.

Al consejero no le hemos escuchado una sola palabra sobre las bibliotecas, a los parlamentarios asturianos tampoco.

Las bibliotecas tienen la aceptación que tienen gracias al trabajo del personal bibliotecario. En muchos casos, demasiados, las convicciones profesionales son las que hacen posible que las bibliotecas sean uno de los servicios públicos más utilizados y valorados por los ciudadanos.

Resulta muy difícil trabajar cuando no hay un presupuesto mínimo. No les hablo de grandes cifras. La mayoría de las bibliotecas reciben del gobierno asturiano una cantidad que de media no creo que alcance los 1.500 euros. No hace falta que les recuerde el precio de los libros ¿verdad?

A uno y a los otros se les olvida el papel que desempeñan las bibliotecas públicas en una sociedad democrática. Les aseguro que con su desidia y dejadez están perjudicando a los ciudadanos y a la calidad democrática en la que deberíamos desenvolvernos.

Está claro que las bibliotecas públicas no les interesan ni les importan.

Gracias por nada.

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