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7 ene 2026

Trump amenaza la paz mundial

 

  Trump amenaza la paz mundial. No es una exageración. Habrá quienes afirmen, al calor del secuestro de Maduro, que hizo lo necesario para derrocar a un dictador. Vale, lo dejo para más adelante.
  Donald Trump anhelaba el premio Nobel de la Paz con rabieta infantil, no fue y espero que no sea, aunque visto el papelón del presidente de la FIFA (Fédération Internationale de Football Association), Gianni Infantino, que creo un Premio de la Paz de la FIFA ex profeso para él puede pasar cualquier cosa. No sé porqué me extraño, se lo dieron a María Corina Machado, de extrema derecha que no veía con malos ojos la invasión de EEUU de Venezuela. Pues ya lo consiguió. ¿Qué méritos tiene para aspirar al Nobel de la Paz? Veamos.
  En este primer año de mandato mandó bombardear, en marzo, a los rebeldes hutíes en Yemen. En junio atacaron instalaciones nucleares iraníes. En septiembre atacaron a 34 botes en aguas internacionales que se suponía que iban cargadas con drogas. En noviembre Trump ordenó ataques aéreos contra terroristas de ISIS en Somalia. En diciembre realizaron bombardeos en Siria y en Nigeria, este último lo justificó acusando a IS (Estado Islámico) de perseguir y asesinar a cristianos.
  Desde su llegada a la presidencia estuvo apoyando a Putin en la invasión de Ucrania. Aparentemente se está alejando de un Putin que les está toreando. No es extraño, los negociadores estadounidenses en este y otros conflictos, oriente próximo especialmente, son Steven Witkoff, empresario inmobiliario, amigo y compañero de gol de Donald Trump. El otro negociador es Jared Kushner, su yerno. Está todo dicho.
  Trump entiende la política como un negocio personal, de sus amiguetes y de quienes le apoyan hasta que dejan de hacerlo.
  Ah, no puedo pasar de largo por las implicaciones de Trump en el caso Esptein. Por mucho que tachen en los informes no lograrán borrar de la cabeza de los ciudadanos al presidente estadounidense con chicas muy jóvenes.
  El primer mandato de Donald Trump fue bastante agresivo, pero nada comparado con sus políticas de ahora. Tras perder las elecciones presidenciales con Baiden alentó el asalto al Congreso estadounidense el 6 de enero de 2021 y se fue de rositas. Las causas contra Trump se fueron amontonando en los juzgados. Fue declarado culpable de 34 cargos de falsificación de registros comerciales. Fue acusado de pagar a una actriz porno para silenciar sus relaciones. Su abogado personal, Michael Cohen, pagó a Stormy Daniels, la actriz porno, 130 000 dólares. La lista sigue. Acusado por un jurado investigador federal en Miami por tener documentos clasificados de defensa nacional que no quería devolver. Se le acusó de conspirar para anular las elecciones de 2020 que perdió contra Biden. Tiene más por ahí. A millones de estadounidenses no les importó y lo alzaron a la presidencia. Llegó resabiado y con ganas de pasar facturas.
  A grandes rasgos, estas son las «virtudes» de Donald Trump para gobernar EEUU.
  Y llegó el turno a Venezuela. Muchos creíamos que se iba a producir algún tipo de actuación contra el gobierno de Maduro, así que tampoco es una gran novedad. Por cierto, les aclaro que para mí Maduro es un dictador y que en las últimas elecciones hubo pucherazo. Dicho esto, el ataque a instalaciones militares venezolanas y el secuestro de Maduro es una agresión injustificable. Trump despreció, una vez más, el derecho internacional así como las leyes de su país. La injerencia estadounidense es inaceptable desde cualquier punto de vista legal y democrático. A esos efectos no importa que Maduro fuese un dictador, Estados Unidos no puede violentar de forma unilateral ni a Venezuela ni a ningún país del mundo. Sí, ya sé que no es la primera vez, pero en esta ocasión las formas y las explicaciones del presidente estadounidense resultan más groseras, burdas y repulsivas.
  Escuchar las explicaciones y justificaciones que dio para el ataque a Venezuela fue un acto de soberbia, egocentrismo y desprecio a la inteligencia. Él mismo dejo claro que su interés es por el petróleo no por la democracia, de la que no habló en un solo momento. No se cortó al dejar de lado a Corina Machado y, de momento, dejar a la que hasta ahora era la vicepresindenta venezolana Delcy Rodríguez. No, no era por el narcotráfico. No, no era por la democracia. Era por el petróleo así como el oro, la bauxita y otros minerales.
  Trump sacó pecho diciendo que había sido una operación militar impresionante, nunca vista, pues me parece que al cocer menguó. Por lo que se va sabiendo contaron con ayuda interior. No hubo defensa antiaérea, no hubo nada de nada, situación impensable si no estuviese pactado. Que además se quede al frente del gobierno venezolano, de momento, la vicepresidenta de Maduro, es muy clarificador.
  Trump, menos lobos caperucito.
  Venezuela va a ser gestionada desde Washington con un gobierno marioneta, eso dice Trump. Pues no va a ser así. En todo caso serán los directivos de las grandes empresas petroleras quienes gestionarán el país desde la sombra. Trump pone al ejército para que nadie se mueva.
  El precedente es terrorífico. No ha sido la primera vez que USA interfiere en los asuntos del continente americano, Chile, Panamá, Argentina, Granada… en esta ocasión Trump desempolvó la Doctrina Monroe y lo que eso supone. La Doctrina Monroe, denominada así por el Presidente estadounidense James Monroe, de 1823, dice que los Estados Unidos garantizan la independencia no solo de su país, si no de todo el continente americano. Hay que ponerla en el contexto de los avances de la descolonización. Desde luego tenía trampa. No se trataba de proteger al resto de los embrionarios estados americanos, si no de protegerse a sí mismo y ejercer como policía en la zona. Ya estaban dejando claras sus aspiraciones de dominación. Más adelante el presidente Roosevelt ampliará esa Doctrina Monroe con un corolario, denominado corolario Roosevelt, en el que se manifiesta que Estados Unidos tiene prioridad o primacía sobre los demás. Trump, faltaría más, también lanzó al mundo su corolario, el Corolario Trump. No tuvo empacho en decir que desde que accedió al cargo de presidente ha llevado adelante una política agresiva y aboga por la paz mediante la fuerza. La prioridad es Estados Unidos. Las medidas económicas mediante aranceles van en ese sentido, como también lo hace la lucha contra el tráfico de drogas, aunque sea por medios ilegales y sin demostrar nada, como está sucediendo.
  No hay que olvidar que en el origen de Estados Unidos tuvieron un papel muy relevante las sectas religiosas, que hoy mantienen un gran poder y son uno de los pilares sobre los que se apoya Trump. De ahí surgen ideas tan peligrosas como la «Doctrina del destino manifiesto» que sirve de base ideológica, que no jurídica, para justificar las injerencias estadounidenses por todo el mundo, especialmente en lo que denominan «el patio trasero de EEUU» que no es otro que América Latina.
  Trump ha puesto encima de la mesa estas «doctrinas» de forma descarada, lo cual no quiere decir que los anteriores presidentes, republicanos y demócratas, las hubieran olvidado. En septiembre de 2002, el gobierno de Estados Unidos hizo pública su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), también denominada «Doctrina de Bush». Esa estrategia sirvió para realizar ataques preventivos para neutralizar las supuestas amenazas a la seguridad de Estados Unidos. Desde luego tiene su vertiente económica y a todo eso se le rodeo de ideas más digeribles como expandir la democracia, el libre mercado, la lucha contra la corrupción y defender los derechos humanos.
  Hasta no hace mucho considerábamos que EEUU era el guardián del mundo, hoy parece más un peligro que otra cosa.
  Donald Trump dejó atrás las promesas y lanzó a su ejército a la acción. El ataque a Venezuela, con el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro y su mujer, fue un golpe de Estado en toda regla. Le importó un comino la legislación internacional y la de su propio país. Se veía venir, los ataques a las lanchas de supuestos narcotraficantes así como la presencia del mayor portaviones de USA en aguas cercanas a Venezuela no auguraban nada bueno, pero al final nos sorprendió a todos.
  La oposición venezolana, los partidos de derechas y extrema derecha del mundo, o casi, aplaudieron la caída del dictador, que no fue tal caída si no un secuestro. Todos se las daban muy felices, pero habló Trump y quedó claro, lo repitió un montón de veces, que lo importante era y es el petróleo, eso de la democracia y elecciones ya veremos para cuando.
  Trump realizó un discurso triunfalista, un auto panegírico insufrible que descolocó a quienes le habían apoyado en el primer momento, como es el caso del Partido Popular español. Feijóo, Ayuso y demás hooligans hicieron, una vez más, un ridículo estrepitoso. No fueron los únicos, votantes y militantes del PP apoyaron la injerencia estadounidense sin pensar en sus consecuencias. Hasta los venezolanos emigrados a España y que viven en Madrid mostraron su alegría al grito de «Pedro Sánchez hijo puta». Sin comentarios. Curiosamente, Marine Le Pen se mostró en contra de la decisión de Trump de forma clara. Curioso. Las extremas derechas españolas andan siempre fuera de juego.
  A todas estas, la Unión Europea se calla de forma vergonzosa. No pinta nada en el escenario mundial, a su frente, al igual que en la OTAN, hay unos peleles timoratos que solo saben arrodillarse ante ese ser repulsivo y perverso que es Trump.
  Vistos los resultados de su ataque a Venezuela ahora se lanza por Groenlandia y la UE callada. Inicialmente hablan de comprar Groenlandia, pero y ¿si la ocupan militarmente?, ya tienen una base allí, ¿qué hará la OTAN y la UE? ¿Después atacará Colombia, Canadá…?
  Todo indica que se está produciendo una reestructuración de los equilibrios mundiales. Trump parece que está dispuesto a repartirse el mundo con Rusia y China, el resto de los países meras comparsas y suministradores de bienes y dependientes de esos países-imperios.
  Me cuesta mucho trabajo comprender a quienes aplauden la barbaridades de Trump. Es un matón ignorante, sin vergüenza ni pudor al que los más obtusos aplauden sus salidas de tono y malas formas.
  No tengo dudas de que Donald Trump amenaza la paz del mundo. Veremos si los estadounidenses son capaces de pararlo en las urnas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11 nov 2024

El mundo es hoy mucho peor


  Quienes creían que los fundamentos de la democracia eran inamovibles estaban muy equivocados. Nuestro mundo occidental, de libre mercado y democracia liberal, está sucumbiendo a la ola ultraconservadora que lo azota lo que supone una merma de derechos que considerábamos firmes y de consenso. Pues no, no es así.
  Las elecciones presidenciales en EEUU nos han deparado – siempre afectan al resto del mundo - un resultado que muchos no deseábamos. La creencia extendida de que ese país es el paradigma de democracia hace mucho que quedó demostrado que no es cierto. El ejemplo más evidente fue el asalto al Congreso, orquestado por Donald Trump, en 2021. Ya antes tuvimos otro aviso clamoroso que mostraba al mundo el cambio radical que se estaba produciendo en Estados Unidos, y no fue otro que la elección de Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia del país en 2008, con el candidato John McCain. Palin estaba respaldada por el Tea Party y las sectas religiosas ultra conservadoras.
  Los cuatro años de mandato de Trump supusieron un frenazo, seguido de un recorte de derechos, que hizo retroceder las libertades logradas al tiempo que dividía mucho más al país. Un ejemplo de ello fue la decisión del Tribunal Supremo de anular la protección del derecho al aborto vigente desde 1973. Aunque ya no gobernaba Donald Trump, su herencia estaba muy presente.
  No es extraño, Trump nombró al 33 % de los jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos y al 30 % de los jueces en las cortes de apelación federales, por supuesto jueces muy conservadores. Estos nombramientos tienen una enorme relevancia ya que esos puestos son vitalicios.
  Donald Trump inició la retirada de la tropas estadounidenses de Afganistán, continuada posteriormente por Biden, creyéndose los cuentos de los talibanes. Los resultados de esa salida ya la conocemos.
  Si la presidencia de Trump fue convulsa no menos lo fue su salida cuando se vio sometido a varias investigaciones judiciales. Fue acusado de retener documentos clasificados de defensa nacional después de dejar el cargo y de resistencia a devolverlos, así como de intentar anular las elecciones de 2020 y se le declaró culpable de treinta y cuatro cargos de falsificación de registros comerciales.
  Nada de esto importó a los millones de votantes que le apoyaron. No les molestó toda la sarta de barbaridades y mentiras que suelta de forma continuada, en esta ocasión, además, tuvo el ferviente apoyo de otro tipo de igual ralea, Elon Musk.
  Donald Trump anunció que va a rebajar los impuestos, pero como siempre quienes más se beneficiarán de ello serán los más ricos. Ahora quiere dejar el impuesto de sociedades en el 15 %, eso sí, para determinadas empresas – imagino que las suyas estarán entre ellas -.
  Otra de las grandes mentiras trumpistas es la imagen que da de empresario de éxito, pues para nada, en seis ocasiones declaró en bancarrota alguno de sus negocios. Su fortuna fue heredada y no ha sabido gestionarla.
  Habla de cerrar las fronteras y expulsar a millones de emigrantes. Impondrá aranceles, sobre todo a los productos chinos, con lo cual la guerra comercial será más cruenta. ¿Quienes pagarán esta decisión? Los trabajadores ya que los precios subirán.
  Del cambio climático y las medidas que tomará ni hablemos.
  No deben ser datos finales, pero Kamala Harris obtuvo 71251977 votos (47,9%); Donald Trump 74830663 (50,4%). Visto el reparto de electores, 226 para Kamala y 312 para Trump, parece que la diferencia en voto popular fue mayor, pero no.
  Trump aumentó el número de votantes entre hombres latinos, negros y jóvenes. El género, la edad y el nivel de estudios determinaron el ganador. Hombres maduros y con menos estudios fueron el núcleo principal del voto trumpista. Quienes lo deseen comprobar es muy fácil el acceso a la información a través de internet.
  Kamala Harris se centró en temas que no importaban a la mayoría. Trump, con sus salidas de tono y mentiras, habló de economía, a su forma pero lo hizo en mayor medida que su adversaria, para él enemiga. El lenguaje simplón del candidato y los chistes chabacanos calaron más que los de la candidata. Kamala es vista como una representante de las élites – cómo si Trump no lo fuera, por mucho que un día se ponga un mandil para servir una hamburguesa – que en una sociedad tan conservadora como la estadounidense no admiten a una mujer como presidenta y para más inri, negra. Mucho de una vez para ellos.
  Los demócratas están fuera de onda. Se centraron en temas que no importan a la mayoría de los ciudadanos, como el aborto y otros temas sociales, para ellos siempre es la economía. Se les olvidó aquello de The economy, stupid (La economía, estúpido) que puso de moda Bill Clinton en 1992 contra George Bush, padre, luego vendría el hijo que se ajustaba muy bien al adjetivo.
  Es duro decirlo, y pensarlo, pero la realidad es esa. El dinero importa más que cualquier otra cosa, allí y en toda tierra de garbanzos.
  Los demócratas, al igual que la socialdemocracia europea, se viene centrando en los últimos años en los derechos de grupos minoritarios, al tiempo que han dejado de lado los intereses de la clase trabajadora y media pensando que iban a continuar con su apoyo. Craso error, a la vista está allí y aquí.
  Trump está embalado y resentido lo que le hace aún más peligroso. Anuló al Partido Republicano y lo sustituyó por el apoyo ciudadano individualizado entorno a una idea, MAGA (Make America Great Again) que traducen por «Haz a los Estados Unidos grande otra vez».
  Con los antecedentes que tiene nada bueno nos depara el futuro próximo. La guerra en Ucrania y en Palestina se verán afectadas y no para bien. Las tensiones entre China y Taiwán se incrementarán y ya veremos como termina. El comercio mundial tampoco saldrá bien parado. La expansión de los postulados de la extrema derecha ganarán terreno y adeptos. La manipulación informativa campeará a sus anchas y las redes sociales se convertirán en lugares aun más infectos.
  No son buenos tiempos para el mundo para desgracia de todos, el tiempo lo dirá, pero será tarde. Trump no va a sentar bien al mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

24 ene 2017

El trumpazo de Donald

Los deseos enturbian la razón y luego llegan los desengaños. Este básico razonamiento lo dejamos de lado cuando hablamos de política – no estaría mal que solo fuese en esas ocasiones -. Pues eso mismo nos ha sucedido con Donald Trump, presidente del imperio. La señora Hillary no es que fuese la panacea.

Da igual lo que se diga ahora. Somos tan demócratas que aceptamos los resultados en Estados Unidos.

Joder, claro que los aceptamos: no nos queda otro remedio. Además fueron los estadounidenses quienes votaron, no nosotros. También podrían decir que cada país es soberano y no nos competen sus decisiones. Pues miren, no. Allí deciden, aquí se acata. El imperio es el imperio y como tal solo puede existir uno. En las ocasiones que hubo dos ya se sabe como acabaron.

El hombre del tupé ya es todo poderoso. Sobre todo, y también, por ser el comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo mundial. Lo de los coreanos del norte, iraníes, rusos, chinos y demás no les llegan entre todos ellos ni a la suela de los zapatos en eso de armamento y tecnología militar.
Para abreviar, como Donald apriete el botón rojo – según dice – se acabaron los problemas.

Se decía que iba a templar tras ganar las elecciones. ¡Y una leche! Cada declaración, cada tuit fue una carga de profundidad. Y llegó la toma de posesión. Nuevas esperanzas. Hará un discurso de Estado, dijeron. ¡Y una mierda! Fue retrógrado, populista, demagógico, amenazador, nacionalista, proteccionista. ¡Acojonadito me dejó!

Aunque tampoco nada nuevo. Más descarnado pero en la línea del imperio.

No hizo otra cosa que reverdecer la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Así, para abreviar.

Hubo más lindezas. Toda la perorata fue antológica.

Recurrió a otro de los pilares del expansionismo de EEUU: la doctrina del Destino Manifiesto. Aquello de las virtudes del país y sus ciudadanos, del mundo a su imagen y la protección divina.

Me remito al discurso del presidente Trump: “No buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie, sino hacerlo brillar como un ejemplo –nosotros brillaremos- para que todo el mundo lo siga”.

Esperen que hay más: “No debe haber temor. Estamos protegidos y siempre estaremos protegidos. Estaremos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestro Ejército y las fuerzas del orden. Y, lo que es más importante, estaremos protegidos por Dios”.

Ole, ole y ole. Nada nuevo.

Las apelaciones al proteccionismo, mezcladas con un populismo barato y mentiroso fueron constantes: “Durante muchas décadas, hemos enriquecido la industria extranjera a expensas de la estadounidense, subvencionando los ejércitos de otros países mientras permitíamos el muy triste deterioro de nuestro Ejército. Hemos defendido las fronteras de otras naciones mientras nos negábamos a defender las nuestras y gastado miles de millones de dólares en el exterior mientras las infraestructuras en Estados Unidos han decaído”.

Demagogia, mentiras, populismo y belicismo juntos.

Estas parrafadas son muy curiosas, sobre todo teniendo en cuenta lo que dijo al poco de iniciar su discurso: “Juntos vamos a decidir el curso de Estados Unidos y del mundo para los próximos años”.
Miedo, mucho miedo me da. Ninguna novedad, pero dicho así, a cara perro, asusta más.

“Juntos haremos a Estados Unidos fuerte de nuevo. Haremos a Estados Unidos rico de nuevo. Haremos a Estados Unidos orgulloso de nuevo. Haremos a Estados Unidos seguro de nuevo. Y sí, juntos haremos a Estados Unidos grande de nuevo”.

Profundo, muy profundo. Ni por casualidad introduce un mensaje racional y prudente.

“Sacaremos a nuestro pueblo de las prestaciones sociales y lo pondremos a trabajar de nuevo, reconstruyendo nuestro país con manos estadounidenses y trabajo estadounidense”.

Les recuerdo que no estaba en campaña, lo dijo en su discurso de investidura como presidente.

Su primera medida ejecutiva fue animar y permitir que los estados eliminen los aspectos que consideren más costosos de la aplicación de la reforma sanitaria de Obama. Y aprovechando la ocasión decretó el 20 de enero como Día Nacional del Patriotismo.
Ven, no engañó a nadie.

Siguiendo por esa senda de cumplimientos va a sacar a EEUU del tratado de libre comercio con México y Canadá. Los trabajadores de esos países lo van a agradecer. No sé si las empresas yanquis lo harán.

Otro tanto piensa hacer con el Acuerdo Transpacífico. Los chinos, japoneses y demás países asiáticos se estarán frotando las manos.

En el interior ya anunció rebajas de impuestos a empresas y particulares y, por si esto fuera poco, la supresión de hasta un 75 por ciento de la normativa reguladora.
Los de la Asociación Nacional del Rifle deben estar encantados. Ahora, más que nunca, sus problemas los van a solucionar a tiros.

Al Presidente Trump le sobra la OTAN, no necesita a Europa ni al resto del mundo. Hasta ahora tenía como disculpa para sus correrías bélicas a la NATO, Trump quiere cabalgar en solitario.
Pues bien.

Llenará EEUU de obras, gastará más en armas, se hará más rico y dejará un déficit público exagerado. Tranquilos, ya nos colocarán otros productos financieros tóxicos.

El mundo está jodido, ya lo estaba antes de llegar él, ahora lo estará aún más. No es una exageración. Ya hemos visto como los líderes de la ultraderecha europea se ha reunido en Coblenza (Alemania). Allí el ultra holandés Geert Wilders dijo: "Ayer, una nueva América; hoy, Coblenza, y mañana, una nueva Europa". Más claro imposible.

Meten miedo.

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El trumpazo de Donald by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.